No todos envejecemos de la misma manera, o mejor dicho, a la misma velocidad. Esto también se aplica a los distintos órganos de nuestro cuerpo. Así lo pone de manifiesto un nuevo estudio realizado por un equipo de investigación coordinado por la Universidad de Stanford, que acaba de desarrollar un análisis de sangre, aún en fase experimental, capaz de estimar la edad biológica de distintos órganos, entre ellos el cerebro, el corazón, los pulmones y los riñones, así como de los distintos tipos de células que los componen, y que en el futuro podría ser una herramienta útil para predecir con años de antelación el riesgo de desarrollar enfermedades como el Alzheimer. La herramienta, que según sus creadores podría llegar al mercado en un plazo de tres años, se ha presentado en un estudio publicado en Nature Medicine.
Los órganos y su edad biológica
Para desarrollar la nueva prueba de sangre, los investigadores analizaron en primer lugar los datos de casi 45,000 participantes en el proyecto UK Biobank, centrándose especialmente en 3,000 proteínas presentes en la sangre, muchas de las cuales son producidas principalmente por órganos específicos. A continuación, utilizando algoritmos de inteligencia artificial, compararon la firma proteica de cada participante con la media de las personas de la misma edad cronológica. De los análisis surgió así una especie de “documento de identidad biológico” para 11 órganos diferentes: cerebro, músculos, corazón, pulmones, arterias, hígado, riñones, páncreas, sistema inmunitario, intestino y tejido adiposo. “Hemos desarrollado un indicador basado en la sangre que nos permite medirla edad biológica de cada órgano”, precisó el autor Tony Wyss-Coray. “Podemos evaluar el estado de un órgano hoy y predecir la probabilidad de que una persona desarrolle una enfermedad relacionada incluso diez años después”.
El cerebro y la longevidad
De hecho, los resultados revelaron que aproximadamente un tercio de los participantes tenía al menos un órgano con una edad biológica mucho mayor o mucho menor que su edad cronológica, mientras que uno de cada cuatro presentaba incluso más de un órgano con un envejecimiento más rápido o, por el contrario, más lento. Sin embargo, el dato más interesante se refería al cerebro: su edad biológica resultó ser el mejor indicador tanto del riesgo de desarrollar enfermedades neurodegenerativas como de la probabilidad de supervivencia a largo plazo. “El cerebro es el guardián de la longevidad”, comentó Wyss-Coray. “Quien tiene un cerebro biológicamente viejo tiene más probabilidades de morir prematuramente. Por el contrario, un cerebro biológicamente joven se asocia a una vida más larga”.
El riesgo de enfermedades
Además, el estudio demostró que quienes tenían un corazón con una edad biológica más avanzada presentaba un riesgo significativamente mayor de desarrollar insuficiencia cardíaca o fibrilación auricular. Y aún más: los pulmones “viejos” se asociaban a una mayor probabilidad de padecer enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), al igual que los riñones y el hígado se asociaban a un mayor riesgo de padecer sus respectivas patologías. En cuanto al cerebro, cuando la edad biológica era mucho más avanzada, la probabilidad de recibir un diagnóstico de Alzheimer en comparación con quienes tenían un cerebro normal era tres veces mayor. Todos estos resultados podrían permitirnos en el futuro identificar de forma precoz los órganos que están envejeciendo demasiado rápido y actuar antes de que aparezcan los síntomas. “Estamos intentando pasar del tratamiento de la enfermedad al cuidado de la salud, interviniendo antes de que se desarrollen patologías específicas de un órgano”, concluyó el autor.
Artículo originalmente publicado en WIRED. Adaptado por Mauricio Serfatty Godoy.
Tomado de https://es.wired.com/



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