La historia del uso del fuego esté a punto de reescribirse. En la cueva de Wonderwerk, situada en el desierto del Kalahari, en Sudáfrica, se han descubierto fósiles de huesos quemados que constituyen una nueva evidencia de que los primeros humanos utilizaban el fuego hace entre 1.79 y 1.07 millones de años.
En esta misma cueva ya se habían hallado indicios de que los primeros humanos usaban el fuego hace aproximadamente un millón de años. Sin embargo, el nuevo hallazgo podría retrasar de forma significativa el origen de esta práctica y obligar a revisar la cronología de uno de los hitos más importantes de la evolución humana.
Los primeros humanos llevaban el fuego al interior de las cuevas
La cueva Wonderwork es un yacimiento arqueológico que conserva fósiles y registros arqueológicos que revelan una historia de ocupación humana de aproximadamente dos millones de años. Lo que la distingue de otros yacimientos de humanos primitivos en Sudáfrica es la ausencia de evidencia de que los fósiles y las herramientas de piedra fueran transportados y depositados por corrientes de agua u otros medios; en cambio, los estratos se han formado y conservado en su orden cronológico original. Esto hace más plausible la relación de que la antigüedad de los restos aumenta con la profundidad.
Las muestras analizadas en este estudio proceden de las capas 10 y 11 de los siete estratos del Paleolítico Inferior (capas 6 a 12) que aún se conservan en un sector conocido como «Área de Excavación 1». La capa 11, la más profunda, se formó hace entre 1.79 y 1.07 millones de años. Los investigadores estiman que, cuando se depositó esa capa, el lugar donde se hallaron los fósiles de huesos quemados se encontraba a unos 30 metros hacia el interior de la cueva desde la entrada. Esa distancia es demasiado grande para que el fuego originado por un fenómeno natural, como la caída de un rayo o un incendio forestal en el exterior, pudiera alcanzar ese punto.
Además, en los estratos analizados no se hallaron rastros de depósitos de excrementos de murciélago. Se sabe que estos depósitos pueden incendiarse de forma espontánea debido a la fermentación y otros procesos, pero el estudio también descartó esa posibilidad.
Asimismo, los fósiles de huesos calcinados aparecieron concentrados en un punto concreto del área excavada. Esto sugiere que no fueron el resultado de un incendio propagado de manera fortuita, sino de fuegos mantenidos deliberadamente en repetidas ocasiones. Con base en estas evidencias, el equipo de investigación concluyó que los primeros humanos transportaban el fuego desde el exterior y lo conservaban de forma intencional.
Examinando el fuego antiguo mediante «técnicas forenses»
En los huesos que quedan en los yacimientos arqueológicos, a menudo se encuentran rastros del uso del fuego. Los huesos son originalmente de color blanco, pero se vuelven negros al carbonizarse por la combustión, y luego blancos o grises cuando la combustión avanza y se convierten en cenizas. Sin embargo, no es tan sencillo concluir que los huesos descoloridos sean el resultado de la combustión.
De hecho, los métodos tradicionales se han basado en los cambios de color en huesos y sedimentos para estimar la presencia o ausencia de combustión. Sin embargo, dado que durante el proceso de fosilización se producen reacciones químicas que causan decoloración a negro o blanco, muy similares a las de la combustión, resulta difícil determinar su presencia o ausencia mediante la simple inspección visual. Si bien es posible determinarlo utilizando microscopios electrónicos, es complicado llevar equipos de gran tamaño al trabajo de campo, y existían limitaciones físicas para procesar grandes cantidades de muestras fósiles.
Tomado de https://es.wired.com/



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