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egún el informe anual La Inversión Extranjera Directa (IED) en América Latina y el Caribe 2026 de la CEPAL, las entradas mundiales de IED –inversiones transfronterizas en empresas productivas nuevas, en ampliaciones, o en la adquisición de empresas ya existentes– ascendieron en 2025 a 1.6 billones de dólares, 14% más que en 2024, y se concentraron en las economías avanzadas. De este total, América Latina y C captaron 194 mil 233 millones de dólares, concentrados a su vez en Brasil 77,676 mdd (el 40%) y México 43,221 (22.3) (gráfico 1).
En la década 2016-2025 el acumulado de IED en América Latina es de 1.690 billones de dólares, de los cuales 39.4% fue a Brasil y 21.6 a México. Asimismo, con gran similitud, el acervo total acumulado de IED en ALyC ascendió en 2025 a 3.603 billones dd, de los cuales Brasil tiene 1.356 b el 37.6% y México 881 mil millones el 24.5% (gráficos 1 y 2). Con esta relativamente baja inversión, el capital extranjero es no obstante predominante en las economías receptoras; tal es el caso de México donde la IED domina el sector financiero, la industria en todas sus ramas, los agroalimentos, el comercio exterior y los pincipales servicios. Una subordinación externa que nos impide crecimiento y desarrollo, que hace unas décadas era inaceptable y que ahora parece anhelo suicida sancionado en el TMEC y el TLCUEM.
Por origen, de la IED recibida por México en la última década (366 mil millones de dólares) 37.7 por ciento provino de Estados Unidos, 9.0 de Canadá, 8.5 por ciento de España, 6.0 de Japón, 2.0 de Países Bajos, 1.8 de Australia, y 1.6% de Suiza (gráfico 3 y 4).
Por destino, en la década la IED se ubicó en México primordialmente en los servicios (44.0%), seguidos por las manufacturas (42.7), y los recursos naturales (11.9%).
Por componentes, de la IED “recibida” en la década, 49.9% fue reinversión de utilidades, esto es, recursos aquí generados por las empresas extranjeras que ni siquiera son ingresos de divisas, pero sí dan cuenta de las altas utilidades que aquí logran; sólo 28.7% fueron aportes reales de capital; y 21.4% corresponde a esa absurda clasificación de “préstamos entre empresas”, un sinsentido ya que los préstamos implican devolución de capital (con o sin intereses) y por ello no corresponden al concepto de IED (inversión de riesgo directa y definitiva al capital de las empresas).
En sentido inverso, el sector privado de América Latina ha realizado inversiones en otros países por 429 mil millones de dólares en la década, de los cuales 44.0% corresponden a Brasil, 18.1% a Chile y 18.0% a México (gráfico 5). Aquí la pregunta es ¿qué beneficio reciben estos países?
En síntesis, la IED libre si reglas ni límites (y la importación sin cortapisas) son nocivos para las economías rezagadas cuyas empresas no pueden competir sin normas protectoras que impidan esta concentración de los mercados, anulen la competencia desigual, y frenen la compra o desplazamiento de las empresas nacionales (todo ello aceptado en el TMEC y el TLCUEM), el Plan México, la reindustrialización del país, la autosuficiencia alimentaria, la autogestión económica, la generación masiva de empleos productivos… el desarrollo en una palabra, sólo serán wishful thinking, ilusiones vanas.
Tomado de https://www.jornada.com.mx/



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