Algunos cafés italianos y sus asociaciones

En cierto momento de la lectura de Algunos cafés italianos, de Patrick Mauriès, me he acordado de Jorge Lozano, que fue profesor mío, mi preferido, en la facultad de Ciencias de la Información de la Complutense. Lo recuerdo ahora en el aula, hilando con su hipnótica prosodia la defensa de Gorgias (¡pero si era un sofista!) con los recuerdos, siempre al caso, de rincones de Bolonia o Roma, donde había vivido aventuras de toda índole que lo irían convirtiendo en el mayor semiótico de España.

Todo sonaba paradójico, bello y estimulante. Me doy cuenta con pena de que se me han ido olvidando algunos giros característicos suyos, su manera de contar cosas chocantes sin cambiar de expresión, aunque por otro lado aún me hace reír un chiste zafio que le había contado Umberto Eco.

Me permito seguir con la remembranza de las cosas pasadas para contar la manera en que abordé su examen de Semiótica de la Comunicación de Masas, que me pareció entonces muy ingeniosa y porque si no no sabría dónde ponerlo: llevé conmigo bolígrafos de tres colores diferentes, y a cada respuesta le iba añadiendo apostillas en los distintos colores, que correspondían a estratos diferentes de un texto que se ramificaba. ¿Habría merecido una matrícula o un suspenso?

Lo cierto es que Lozano aprobaba a todo el mundo, y eso era solo la menor porción de su generosidad.

El libro, traducido por Ernesto Hernández Busto, es un repaso de Patrick Mauriès a lo que avisa el título, a algunos cafés italianos, y en el diamantino epílogo que le ha escrito Albert Serra me entero de que el autor fue secretario de Roland Barthes, lo que explica en cierto modo la aparición de Jorge Lozano durante la lectura (cuánta gente).

Me parece que Mauriès enfoca el texto desde su condición de no italiano, francés en concreto, lo que al principio parece que va a convertirlo en una descripción de Italia vista a través de sus cafés. Pero no es un libro de viajes ni un análisis de costumbres, aunque sí arma un sistema de asociaciones que alumbra una parte de la cultura europea de modo tanto más eficaz cuanto que la conclusión no es ninguna.

La virtud del semiótico reside en saber cuándo parar.

El café aparece aquí como lugar de paso, territorio intermedio entre la intimidad de lo doméstico y la gruesa contundencia de lo público, que suponemos el trabajo, y ese ambiente híbrido favorece las indeterminaciones, el pastiche, lo fragmentario y en definitiva un popurrí donde todo puede señalarnos el primer peldaño de la escalera que nos conduzca a otras estancias.

Esas son características de los cafés, de las escenas que propicia, de las ensoñaciones que inspira y hasta de su decoración y de las vidas de sus habituales (“congela a sus personajes en sujetos de ópera, solo conoce formas puras y gratuitas de biografía”, “el sensible deseo de un adolescente de estar a la moda”, “conjunto fantasmal de personajes que tienen en común el hecho de haber volcado su genio en sus vidas”), pero también del propio texto, que sigue esa lógica curiosa y fugitiva, como del que se entretiene en un aforismo.

Por eso, la construcción de la idea funciona a menudo por acumulación (“la estereofonía habitual del café: el temblor hipnótico del sonido de fondo, los estallidos de voces, los ecos de las conversaciones, las palabras sorprendidas a medias”, o “epifanía de una civilidad tan exquisita como oscura entre espías, risas ahogadas, roces y carantoñas”, o “los famosos licores de las Islas de la Viuda Amphoux: crema de canela, bálsamo humano, mirobolenti, crema criolla, madera de la India, café, apio, menta[…] crema de macaron, ratafía de Louvres, briolet de Alsacia, agua bendita de Saint-Pierre-sur-Dives, agua estomacal del elector, crema de azahar tostada con vino de Champaña” −me lo pediría todo−), y dentro de los límites de los dos capítulos (Una enciclopedia de la ocasión y El portafolio del café) se entrega a cuantos movimientos le es posible, desde las anécdotas como la del perro Tabacchino −siempre en el Café Al Ponte dell’Angelo y al que se le escribió un obituario− o la llegada del café a Venecia en 1580, a la descripción de los interiores o de los temperamentos de los camareros.

A propósito de esto de los movimientos del autor, me ha interesado este apunte: “el café […] requiere una circulación, un pasaje basado, en resumen, en el antiguo modelo del salón, que debía ser desordenado −las sillas y sillones desplazados de las paredes donde estaban alineados−”. A esa distribución hay que ajustarse.

Es bonito que el libro lo haya escrito en las mesas de algunos de los cafés que menciona, atrayendo el caudal de imágenes que se condensan hasta meterse en la taza de café, como por ejemplo “en este pub de Devon’s Road, Londres, donde un marinero añade ritualmente cada Viernes Santo un brioche a los doscientos anteriores”, o cuando escribe durante “esta clara mañana de diciembre, en el Gilli de Florencia, donde grandes rayos de luz atraviesan la sala, donde la hoja de papel se vuelve transparente, el rayo de sol alcanza las palmeras…”.

Este libro, que tiene fotos en las que vemos la terraza del Florian o el Quadri en Venecia, la plaza del Duomo en Florencia, el Greco de Roma, el Cova en Milán, el Pedrocchi de Padua o el bar Cristallo, en Bolonia, se publicó en Francia originalmente en 2001, que es más o menos la época en que yo asistía a las clases de Lozano. No diría que es exactamente un libro nostálgico, a pesar de la cantidad de fantasmas que convoca.

Sin embargo, el cuarto de siglo que ha pasado inspira, al leerlo ahora, una nostalgia adicional, creo que no tengo que decir por qué.

Serra informa en su epílogo de que el café Greco de Roma ha cerrado hace menos de un año porque su alquiler ha pasado de 17.000 euros al mes a 120.000, lo cual es francamente demencial y una sinvergonzonería, y si bien siempre ha habido en este mundo magnificencia y desmesura, y hasta injusticia, una cosa son los jardines colgantes de Babilonia y otra muy diferente la horterada en la que nos vemos inmersos.


Nota original publicada en el portal de letraslibres.com el 15 de septiembre de 2026: https://letraslibres.com/literatura/algunos-cafes-italianos-y-sus-asociaciones/15/09/2026/.

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