La geneticización de la personalidad

“Si usted es empático, es sociable, es responsable con lo que hace o dice, lo es por su genética”. Esta es una de las afirmaciones que en los últimos días hemos podido leer a propósito de un trabajo publicado recientemente en Nature.

Se trata de un estudio en el que se han identificado en torno a mil doscientas variantes genéticas asociadas a cinco rasgos de la personalidad: extraversión, amabilidad, responsabilidad, neuroticismo y apertura a la experiencia. Una contribución que, como se puede leer en el texto original, permitiría explicar entre un 4,8% y un 9,3% de la variación observada en estos rasgos entre los individuos de la población estudiada.

Unas cifras que han llevado a algunos medios de comunicación a concluir, a brocha gorda, que “somos lo que somos por nuestro ADN”.

El interés por conocer los factores que determinan el desarrollo de rasgos complejos como la inteligencia o la personalidad no es nuevo. Tras el nacimiento de la genética a principios del siglo XX, muchos asumieron su carácter hereditario y monogénico.

Cada rasgo estaría controlado por un solo gen, las entidades hipotéticas ideadas para nombrar los factores hereditarios postulados por Mendel y que pronto adquirirían, gracias al desarrollo de la genética, materialidad. El mismo desarrollo que fue mostrando las limitaciones de la idea de que un único gen pudiera explicar nuestros rasgos complejos, abriendo paso a una concepción poligénica de los mismos: muchos genes, cada uno con un pequeño efecto, influirían en su desarrollo.

Del mismo modo, el ambiente, que fue apartado por determinadas corrientes, recobró un papel que desde siempre había sido considerado fundamental. De ahí el interés por identificar, no ya el gen responsable, sino el conjunto de genes cuyos efectos sumados permitieran comprender la contribución de la variación genética frente a la variación ambiental.

Un interés que ha venido acompañado del desarrollo de tecnologías que han permitido en los últimos años el estudio del genoma de miles o, en algunos casos, millones de personas, en un intento de identificar las regiones concretas del ADN implicadas en toda una diversidad de rasgos y comportamientos como la capacidad intelectual, la propensión a desarrollar autismo o esquizofrenia, la habilidad lectora o la amabilidad.

Estudios que en su mayoría han puesto de manifiesto, precisamente, que la contribución de la variación genética a la variación de los distintos rasgos analizados es menor de lo que se pensaba. Y que, en todos ellos, otros factores no genéticos o ambientales tienen también un papel esencial.

Sin embargo, a pesar de ello, la frecuente falta de rigurosidad y cuidado en la interpretación y difusión de estos trabajos, en ocasiones por parte de la propia comunidad científica, y en muchas otras por los diversos medios de divulgación, ha contribuido a alimentar el proceso de geneticización.

El término introducido por la epidemióloga canadiense Abby Lippman en los años noventa del siglo pasado en referencia “al proceso continuo mediante el cual las diferencias entre los individuos se reducen a sus códigos de ADN, definiéndose la mayoría de los trastornos, los comportamientos y las variaciones fisiológicas, al menos en parte, como de origen genético”.

Un proceso que, según la autora, tendría como consecuencia que “la biología humana se equipare erróneamente con la genética humana, implicando que esta última actúa por sí sola para convertirnos en quienes somos”.

Lippman planteó que la incorporación de tecnologías genéticas a la práctica sanitaria contribuía al proceso de geneticización y advirtió que “esta tendencia corría el riesgo de reforzar el determinismo y el reduccionismo genéticos, de modo que la identidad individual y los resultados en salud pasen a interpretarse principalmente a través del prisma de la constitución genética, silenciando potencialmente explicaciones alternativas, no genéticas, de la enfermedad y el bienestar”.

Temores que encuentran un ejemplo, como acabamos de comprobar, en este caso, en la incorporación de las nuevas tecnologías genómicas para el estudio no ya de enfermedades, sino de rasgos y condiciones no patológicas como los rasgos de la personalidad.

Un análisis reciente revela en este sentido que, a pesar del cambio desde planteamientos deterministas hacia formas de comprensión más complejas que ponen de relieve la capacidad de los individuos para interpretar la información genética, el riesgo de reduccionismo genético en ámbitos como la raza, la educación, la reproducción y la identidad persiste.

En este sentido se ha destacado que, aunque son múltiples los elementos que pueden explicarlo –entre ellos, las tecnologías, las prácticas clínicas, las instituciones, los pacientes, las expectativas y las regulaciones–, la forma en que el conocimiento genético se difunde juega un papel esencial.

Por ello, creo que no está de más señalar que si algo pone de relieve el trabajo publicado recientemente sobre la genética de la personalidad es que, en realidad, todos nuestros rasgos y caracteres son consecuencia de complejos procesos de desarrollo en los que intervienen numerosos factores, tanto genéticos como no genéticos, ninguno de los cuales posee un poder formativo especial ni es, por sí mismo, determinante.

Ningún rasgo de nivel superior, mucho menos uno conductual, está de ninguna manera ni contenido ni codificado en el genoma. Si los genes contienen alguna información es para la síntesis de otras moléculas y no de rasgos.

Y, aunque todos deseamos saber qué es lo que nos hace ser como somos y cómo podemos incrementar nuestro potencial, conviene tener presente que los seres humanos somos seres complejos y que son numerosos los elementos que influyen en cada momento en nuestro comportamiento y personalidad. La historia de la genética, y de sus errores de comprensión, nos obliga también a recordar el riesgo de pensar que es el ADN que heredamos lo que determina lo que somos.


Nota original publicada en el portal de letraslibres.com el 6 de octubre de 2026: https://letraslibres.com/ciencia-y-tecnologia/la-geneticizacion-de-la-personalidad/06/10/2026/.

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