La papisa nos ha traicionado

Llega a librerías Famesick (Unas memorias), de Lena Dunham, la creadora de Girls. Lena Dunham es una estrella de la cultura occidental que, coyunturalmente, publica libros, antes de estas memorias que llegan ahora a España, publicó otro libro, No soy ese tipo de chica (Espasa, 2014), un libro bastante flojo del que apenas recuerdo nada salvo la decepción que me dejó: yo esperaba un libro, no un objeto más de merchandising.

El lanzamiento de Famesick (Debate) en España ha coincidido con el anuncio de Lena Dunham de su maternidad por gestación subrogada. Cosa que, nos parezca bien, mal o regular, es legal en su país.

Y ella se puede permitir. Del mismo modo que compartió las molestias que le causaba su endometriosis crónica y la histerectomía, Lena Dunham compartió la llegada del bebé a su vida.

A mí, personalmente, me cuesta mucho no ver la gestación subrogada como un alquiler de un útero, una cosa un poco perversa. Ni siquiera me parece bien comprar cachorros de animales, imagina lo que pienso sobre cómo hacerte con un bebé humano. Aunque puestos a hacerlo, me parece un poco menos terrible si está legislado y controlado y no necesitas ir a una especie de granja humana donde una mujer que ni siquiera habla tu idioma pare un bebé que luego te llevas para criarlo en un barrio pijo de Madrid. Pero no es de eso de lo que quiero hablar. Sino de las (sobre)reacciones que han llenado las redes sociales, ese infierno.

Ha sido la espectacularización de la decepción lo que mostraban algunas escritoras y periodistas en sus perfiles: cómo Lena Dunham, a la que habían erigido como papisa del feminismo, las había traicionado así. Todas parecían desoladas. Es el sino de nuestro tiempo: encumbramos ídolos y primero proyectamos sobre ellos nuestros ideales de moralidad y comportamiento exquisito y, después, les penalizamos cuando no los cumplen.

Me interesa lo que esa reacción exagerada, calculadamente expuesta, señala. El revuelo coincide con el lanzamiento en español de las memorias de Lena Dunham, ya lo hemos dicho, y resulta que, como suele ser habitual, la fajilla del libro viene con blurbs de algunas escritoras animando a la lectura –y compra– del libro.

Algunas ya se han arrepentido, no sin antes señalar su estatus un poco más alto siempre que el de los demás: habían recibido las galeradas, y ahora se arrepienten de que su frase esté ahí apoyando el producto de la traidora: ojalá se pudieran desimprimir las fajas –la formulación la copio de una frase que le he escuchado a Jimina Sabadú sobre la imposibilidad de volver hacia atrás en el tiempo y en los actos sexuales, “ojalá se pudieran deschupar poll…”–.

Por supuesto que todo este partirse la camisita que tengo es narcisismo, del tamaño de la Basílica del Pilar, concretamente. No puede medirse en campos de fútbol, hay que recurrir a la dimensión continental.

Seguro que hay mucho escrito sobre lo que tiene de ejercicio narcisista la invención de dioses. Pero me surge una pregunta: ¿en qué cambia el libro, digamos literariamente, que Lena Dunham sea una “mala feminista”?

¿O es que la virtud del libro era que la autora es feminista, o percibida como feminista?

Lo que yo creo es que lo que motiva el irrefrenable deseo de gritar al viento que no sabían lo que hacía con los úteros ajenos cuando leyeron el libro es el miedo. El verdadero motor de la puesta en escena de esas rasgaduras es el deseo de apartarse de la traidora.

Porque la decepción privada la entendemos todos. Incluso la crítica.

Hablo de ese ejercicio de repudia pública en mayúsculas y en las redes sociales. Lo que hay ahí es miedo: a que alguien vaya a pensar que apoyan a una capitalista inhumana.

Bueno, cualquiera, no: algún miembro del séquito que era también séquito de Lena Dunham y que ha pasado del entusiasmo ante cualquiera de las chorradas de Dunham en IG al repudio, sin solución de continuidad. El miedo es real: ese es el mecanismo de la idolatría en las redes sociales, por eso hay que apartarse de ellas.

Y sospecho que fue también esa una de las motivaciones para el intercambio de manifiestos y apoyos y desapoyos en el asunto Cultura-Ahl de Granada: el festival invitó a Ariana Harwicz y la desinvitó tras las protestas de la Red Universitaria por Palestina de Granada, la escritora habló de censura, otras invitadas –heroicamente, decía una coyuntural– celebraron la desinvitación, hubo un primer manifiesto contra las cancelaciones, etc., y un segundo a favor de las cancelaciones, etc.

Mis colegas son como la izquierda: no hay manera de aclararse. Lo más sorprendente ha sido que las dos directoras del festival que invitó y desinvitó firmaron el segundo manifiesto.

Por otro lado, ¿cómo no iban a mostrarse a favor de la cancelación si era lo que acababan de hacer?, y al mismo tiempo, ¿no podrían haberse ahorrado todo este lío?

La tendencia maniquea a reducirlo todo a dos opciones enfrentadas y de suma cero se debe, como explica Zadie Smith, a que estamos contaminados del pensamiento de las máquinas, unos y ceros. Pero nosotros, dice ella, sabemos que no es así, que las cosas no son blancas o negras, deberíamos ser capaces de aplicarlo. Mientras tanto, quizá la resistencia esté en negarse a entrar en el juego de o eres antisemita o eres negacionista.

Pero volviendo al asunto que de verdad me interesa de todo este embrollo, me parece francamente difícil escribir de manera independiente y libre estando tan pendiente de la opinión de los demás. Van a acabar como agua con azúcar, decía Jean-Claude Carriere sobre los escritores con miedo.


Nota original publicada en el portal de letraslibres.com el 29 de septiembre de 2026: https://letraslibres.com/literatura/la-papisa-nos-ha-traicionado/29/09/2026/.

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