La muerte de Gonzalo Suárez (Oviedo, 1934-Madrid, 2026) nos ha pillado un poco de sorpresa, y eso que tenía 92 años de edad biológica. Su vitalidad era arrolladora, su sentido del humor y su inteligencia, inagotables.
Lo recordaba Fernando Trueba: “Podía convertir una ceremonia solemne en un vodevil o en una escena de los hermanos Marx. Sobre cualquier tema podía hacer reflexiones, divagar y siempre llegar a hallazgos, y también a carcajadas”.
Su capacidad para llegar a un sitio, desbaratarlo con elegancia y simpatía e irse como si nada, es decir, su gamberrismo innato, nos habían engañado sobre su edad y pensábamos, ilusos, que de igual manera engañarían a la muerte.
Aunque él sabía que no, lo escribió en un texto con ocasión de la reedición de La suela de mis zapatos (un re-rescate que apareció en 2025, esta vez en Random House, manteniendo el prólogo de Eduardo Mendoza para la reedición de Seix Barral de 2006): “Dicen que, a veces, vivimos casi cien años. No es verdad.
Vivimos solo un instante. Siempre nuevo.
Sin antes ni después. Lo demás no es vida.
Es solo recuerdo. A mis primeros noventa y un años, los recuerdos mueren a menudo en la memoria.
O los matamos. Pero el pasado nunca pasa dos veces”.
En La suela de mis zapatos se reúnen las crónicas que firmó como Martin Girard, por prurito: debutó con una entrevista a Helenio Herrera, pareja de su madre.
Ahí nació uno de sus pseudónimos que firmó piezas de todo tipo, crónicas de partidos que acabaron en persecución del árbitro, aventurillas propiciadas por encargos que recibe del Inter de Milán, como buscar un padre para un futbolista y lograr la nacionalización del jugador por la vía de la adopción, la mítica entrevista robada a Buñuel o el encuentro con Batista en plena crisis de los misiles mientras espera a Alberto Closas en el hall del hotel.
Como no tengo el libro aquí conmigo no puedo copiar más frases de las que ya copié, pero el libro está lleno de lecciones involuntarias para articulistas y escritores en general y también de momentos y frases descacharrantes.
Un par de años antes, 2023, Gonzalo Suárez publicó el libro de relatos El cementerio azul, que fue uno de mis libros favoritos de ese año. Me impresionó un libro tan vivo, que daba tantas ganas de escribir y de leer y de perderse en la imaginación y de dejarse llevar en alguien de quien se podría pensar que ya tenía la carrera hecha.
Abría el libro “Un invierno en Lisboa”, recuerdos del rodaje de El detective y la muerte y también semillero del libro y donde explica como sin querer la relación entre la ficción y la realidad, viene a decir que lo vivido y lo imaginado tienen la misma entidad: “la luz transforma en un sueño la ciudad entera.
Como si el tiempo fugitivo esculpiera la luz con la mirada y nos revelara el instante como única realidad, fáustica propuesta que confiere secreto sentido al cine más allá de las películas, del tema y de la anécdota, de sus intérpretes y de la puesta en escena o del presunto autor. El castillo derrumbado siempre seguirá reflejándose en el agua”.
El escritor Javier Cercas hizo su tesis doctoral sobre él, ahora se edita una versión libro en Taurus. Para la ocasión, ha escrito un prólogo que se ha publicado como adelanto.
Dice Cercas que Suárez fue el primer escritor posmoderno español. Sigue: “Tal vez extrañe que la obra de Suárez no ocupe el lugar de privilegio que le corresponde en el canon literario de nuestro país (no digamos de nuestra lengua).
En parte, la culpa es de Suárez, quien a lo largo de su vida se ha negado en redondo a ocupar lugar alguno, ni en el canon literario ni en ninguna parte”. Suárez, como ha escrito Trueba, “No tenía fecha.
No era de ninguna época, de ninguna moda, de ningún grupo, de ninguna tendencia, de ningún partido. Era de siempre o de nunca.”
En el epílogo de La suela… escribe que “nadie debe ser definido por la profesión o cargo que ejerce sino, si acaso, por sus actos y estilo. El estilo deriva de la actitud y en la actitud radica eso que hemos dado en llamar ‘personalidad’”. Cuenta el propio Suárez en una charla con el periodista Antonio San José, cuando lo hicieron patrono de la Biblioteca Nacional que, después de la primera reunión, vio que bajo su nombre solo ponía “cineasta”. Aprovechó la ausencia de “escritor” para quejarse y no volver a aparecer por ahí. No descarto que lo de su muerte sea una broma para disponer de su tiempo.
Foto: Gonzalo Suárez y Jorge Sanz. (Miguel Gómez, 2016)
Nota original publicada en el portal de letraslibres.com el 2 de octubre de 2026: https://letraslibres.com/literatura/gonzalo-suarez-actos-y-estilo/02/10/2026/.
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