¿Sabes?, yo no voy a tener hijos porque quiero ser bióloga marina y, si tengo hijos, ya no tendré tiempo de cuidarlos”, Mafer, 9 años.
A las niñas se les enseña a jugar con muñecas o a la cocinita, es cierto, pero también identifican las dificultades a las que se enfrentan las personas que maternan para conciliar sus proyectos de vida con su trabajo de cuidados. No es sólo una decisión individual sobre tener o no hijas o hijos, sino analizar cómo están organizados los cuidados en nuestra sociedad.
En México, el trabajo de cuidados sigue sosteniendo los hogares, a las comunidades y la economía, pero lo siguen realizado principalmente familias, en específico las mujeres. Por ello, el tiempo de quienes maternan también se dividirse en estudiar, realizar trabajo remunerado, labores de cuidados y descansar. Existe una tensión entre ¿qué actividades realizar primero?, ¿cuánto tiempo dedicarle? y ¿qué actividades postergar?
El pasado 22 de septiembre de 2026, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía publicó los resultados de la Encuesta Intercensal 2025. Entre los datos presentados, uno causó diversas reacciones, como la disminución de la tasa global de fecundidad, indicador que estima el número de hijas o hijos que tendría una mujer durante su vida reproductiva. En México, esta tasa pasó de 1.9 en 2019 a 1.2 en 2024.
Las primeras respuestas a este descenso en el indicador apuntaron a responsabilizar a las mujeres: “Ellas ya no quieren tener hijos”, “es lo que se gana con el derecho al aborto”. Sin embargo, este dato no tiene el alcance para explicar por sí solo por qué desciende la fecundidad. Responsabilizar a ellas y juzgarlas es la vía más fácil, pero nos aleja de las causas reales.
Las decisiones reproductivas responden a múltiples factores: preferencias personales, ingresos económicos, vivienda, condiciones laborales, posibilidades de cuidar y redes de apoyo. No se trata sólo de desear o no maternar, sino de los obstáculos que se enfrentan y las condiciones en las que se materna.
Por ejemplo, se suele hablar de la escolaridad de las mujeres que maternan, sin preguntarse ¿qué facilidades u obstáculos enfrentan si estudian? Cuando deciden hacerlo, su trabajo de cuidados no disminuye ni desaparece, por el contrario las responsabilidades académicas se suman.
Lo mismo sucede cuando las mujeres que maternan deciden incorporarse a un trabajo remunerado: deben buscar uno que les permita conciliar sus jornadas laborales con el trabajo de cuidados, aunque esto implique aceptar empleos precarios, sin prestaciones ni seguridad social y, por tanto, sin acceso a Centros de Educación y Cuidado Infantil (CECI), lo que limita sus posibilidades de distribuir las responsabilidades de cuidado.
Por otro lado, Ciudad de México es donde se observó la tasa de fecundidad más baja (0.8). Pareciera paradójico, dado que es la entidad que concentra el mayor número de servicios de salud y escolares. Sin embargo, hay que cuestionar la calidad de estos servicios, lo caótica que es la movilidad y el hecho de que la mayoría de sus habitantes tardan horas en trasladarse de un punto a otro dentro de la misma ciudad. Bajo estas condiciones, el tiempo disponible se ve aún más reducido.
Con esto no quiero decir que lo que se necesitan son más CECI o extender los horarios de la educación básica para que empate con una jornada laboral de tiempo completo, lo que estoy intentando esbozar con estos ejemplos es que el tiempo para maternar no empata con las jornadas laborales, ni con las carreras profesionales. Claro que éstos no son los únicos factores, habría que considerar también la percepción de la violencia en el país, el agotamiento de los recursos naturales, un futuro incierto…
La disminución de la tasa de fecundidad es la visibilización de que las mujeres tenemos autonomía física, estamos decidiendo sobre nuestros cuerpos; no sólo somos cuerpos que sirven para reproducirse, también tenemos aspiraciones, sueños y metas. Sin embargo, estamos decidiendo con restricciones materiales y sin un sistema integral de cuidados: pocos servicios públicos con acceso limitado y de mala calidad, con empleos precarizados, licencias de maternidad y paternidad con temporalidades insuficientes, con participación corresponsable de muy pocos hombres y sin protección social para quienes cuidan.
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Nota original publicada en el portal de gaceta.unam.mx el 29 de octubre de 2026: https://www.gaceta.unam.mx/menos-nacimientos-las-mismas-responsabilidades/.
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