La ambición y la necesidad de defender a Ucrania han llevado a que el sueño de Taras (nombre ficticio para proteger su identidad) se haya hecho realidad en los últimos días. Nada más levantarse, ha disfrutado al constatar que algunas de las zonas más protegidas de Rusia estaban en llamas. “Es, quizás, la mejor sensación. Comprobar ese resultado, es mi principal recompensa”, afirma durante una entrevista en Kiev. Taras, responsable de una empresa local de defensa, lleva meses junto a sus compañeros desarrollando y poniendo en práctica una de las armas que estos días está siendo empleada para golpear bastiones rusos altamente resguardados como Moscú (la capital) o San Petersburgo.
Se trata del Bars, un misil-dron nacido en 2025 que se ha convertido en una de las estrellas del armamento ofensivo de Ucrania, cuyas tropas castigan también el frente meridional. Allí, otra lluvia de drones pone en peligro la estabilidad de la península de Crimea, ocupada por Rusia desde 2014.
Otras fuentes consultadas estos días en la capital ucrania, una exviceministra de Defensa y un analista militar, entienden que esta ofensiva con serios impactos en puntos estratégicos en el norte, en Rusia, y en el sur, para aislar Crimea, está consiguiendo objetivos nunca logrados antes. Golpear dentro de Rusia instalaciones críticas, especialmente las energéticas, forma parte de la estrategia ucrania desde hace un año. Por otro lado, la táctica de estrangular la península anexionada ilegalmente con ataques muy seguidos y localizados sobre carreteras, puentes, vías de tren y hasta ferris es más reciente. Este miércoles, Ucrania ha conseguido dejar sin suministro eléctrico una ciudad como Sebastopol, de unos 350.000 habitantes, tras bombardear la principal estación.
Se trata, consideran los consultados, de victorias parciales en ambos casos, pero, al mismo tiempo, apuntan a una tendencia inédita desde que en febrero de 2022 el presidente ruso, Vladímir Putin, ordenara la gran invasión. Entonces, un desafío como el actual contra las fuerzas del Kremlin era impensable. Han transcurrido 52 meses, con cientos de miles de víctimas en ambos bandos, y Putin no solo se encuentra muy lejos de sus objetivos, sino que hasta ha mostrado su enfado esta misma semana.
Pero ¿cómo es posible que, en cierta manera, se hayan revertido los roles que habían marcado hasta ahora a cada bando desde 2022? Gracias a la rápida evolución de la carrera armamentística, “los ataques contra San Petersburgo y Moscú son los más complejos y sofisticados llevados a cabo por las fuerzas ucranias”, afirma Vadim Kushnikov, director de la revista de defensa Militarny.
Este especialista destaca la mejora de los sistemas de navegación y comunicación, así como el mayor alcance de los proyectiles. Hay, sin embargo, otro aspecto complementario para entender por qué se consigue sortear las defensas rusas en algunos de los puntos más protegidos de ese enorme país. “Las tropas rusas se enfrentan a una escasez de misiles tierra-aire, y esta es una de las razones por las que los drones y misiles ucranios alcanzan objetivos dentro del territorio ruso”, explica el responsable de Militarny. En todo caso, subraya que, sin la modernización del arsenal ucranio, tampoco sería posible.
“En primer lugar, Ucrania, obviamente, ha aumentado su capacidad de producción de [armas de] ataque de largo y medio alcance. En segundo lugar, ha logrado ganar la guerra tecnológica, aunque eso no significa que vaya a durar para siempre”, valora Alina Frolova, exviceministra de Defensa de Ucrania y vicepresidenta del Centro de Estrategias de Defensa, un instituto de investigación de Kiev. Para completar su explicación, agrega que, en paralelo, “Rusia sufre escasez de personal, de tecnología y de dinero, a lo que también se suman las sanciones”.
Además, Ucrania, a diferencia de Rusia, “tiene ahora una estrategia” que “está funcionando”, comenta la antigua viceministra. Lo hace, según ella, bajo el liderazgo del nuevo ministro de Defensa, Mijailo Fedorov, nombrado el pasado enero y que hasta entonces ocupaba la cartera de Transformación Digital. No es extraño, por tanto, que el ejército se centre mucho más ahora en el desarrollo tecnológico y que las Fuerzas Armadas tengan al frente a muchas caras nuevas.
Ucrania “está debilitando persistentemente el potencial militar del enemigo, interrumpiendo la logística y atacando objetivos críticamente importantes en lo más profundo de sus líneas. Los drones ahora representan más del 90% de las bajas enemigas”, señaló Fedorov el lunes en sus redes sociales. Desde comienzos de 2026, asegura que han atacado más de 800.000 objetivos rusos entre sistemas de defensa aérea, artillería, sistemas de lanzamiento de misiles, drones, vehículos logísticos, cuarteles, almacenes o sistemas de guerra electrónica.
Objetivo, “liberar Crimea”
“A ojos de los expertos, comenta Frolova, desocupar Crimea es más sencillo que, por ejemplo, desocupar Donbás [la convulsa zona oriental de Ucrania también ansiada por Putin] por las características geográficas” de esa región oriental fronteriza con Rusia frente a la península. Lo que se está buscando en Crimea y en el sur es “una operación de aislamiento”, una operación que no puede entenderse en el corto plazo, pero que, si Rusia pierde este territorio, “será un desastre para Putin”, vaticina.
Sin suministros, combustible, agua o electricidad, “¿qué harás con Crimea? No puedes mantener tropas allí con normalidad y te diría que la mayoría de las autoridades ocupantes intentarán huir”, sostiene consciente de que el plan está solo en una primera fase camino del gran objetivo, “liberar Crimea”. Lo próximo, según ella, debería ser acabar de inutilizar el gran puente que cruza el estrecho de Kerch hacia Rusia, codiciada pieza golpeada ya varias veces en estos años.
Para Vadim Kushnikov, la atención está puesta en “aislar la península de Crimea para imposibilitar que los rusos utilicen este territorio tan extenso contra Ucrania”, pues se trata de “uno de los mayores centros militares y logísticos que dan apoyo directo a las tropas rusas”. En la península ocupada, los rusos parecen más vulnerables, aunque lleven 12 años asentados.
Además, lograr atacar dos veces en una semana la mayor refinería de Moscú tiene detrás muchos meses de “duro trabajo”, destaca Taras sin querer ofrecer detalles. El Bars, ese misil-dron que fabrica su empresa, puede llegar a golpear objetivos ubicados a 1.000 kilómetros (la distancia en línea recta de Kiev a Moscú es de unos 750). Alcanza una velocidad de hasta 700 kilómetros por hora y puede volar desde los 50 a los 5.000 metros de altura durante más de dos horas y media.
Este artefacto tiene unas dimensiones de 2,6 metros de largo y 2,4 de ancho y, según los modelos, un peso máximo al despegar de 160 kilos y una cabeza con hasta 60 de kilos de explosivo. Va equipado con sistema de conexión a internet Starlink (empresa del estadounidense Elon Musk), une tecnología innovadora y posibilidad de producción nacional en serie a precios asequibles, otra de las claves de la industria. El sistema de navegación, además, le permite detectar aparatos enemigos distinguiéndolos de los ucranios.
Sin embargo, el Bars es solo una de las armas desarrolladas por los ucranios en estos años de vertiginosa carrera por la supervivencia. Para golpear Rusia, detalla Kushnikov, se emplean también el misil Flamingo y los drones el FP2 y FP1, los tres de la compañía Fire Point; el dron kamikaze Liutyi y el Morok, entre otros que se producen a nivel nacional.
El efectivo y costoso misil estadounidense Tomahawk, que tantas veces ha reclamado el presidente Volodímir Zelenski a Washington, no forma parte del arsenal de Kiev. “Precisamente, por eso, Ucrania ha optado por desarrollar sus propias capacidades”, detalla el director de Militarny. Entiende, pese a todo, que hay “dos vías paralelas” como alternativa. “La primera es la vía diplomática: negociaciones con Estados Unidos sobre el suministro de misiles de crucero. La segunda es la implementación de un programa de misiles con nuestros propios esfuerzos y con la participación de socios europeos”, sostiene. Alina Frolova remarca lo que no siempre es tan evidente en estos casos: “Como dicen los militares, la esperanza no puede formar parte de la estrategia”.
Tomado de https://feeds.elpais.com/



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