▲ La Superliga de las Aldeas recupera identidad, orgullo, gozo, pertenencia y honor, que es la esencia del juego.Foto Emir Olivares Alonso
▲ El fenómeno futbolístico surgió de un programa oficial contra la pobreza. La imagen, en el estadio de Rongjiang.Foto Emir Olivares Alonso
Emir Olivares Alonso
Enviado
Periódico La Jornada
Lunes 8 de junio de 2026, p. 10
Guizhou. En China, donde es difícil la adopción inmediata y permanente de algunos deportes, un torneo de futbol de barrio se ha convertido en todo un fenómeno social, cultural y deportivo en Rongjiang, un pequeño condado con menos de 400 mil habitantes pertenecientes a una de las minorías étnicas de este inmenso país: los dong, en la provincia de Guizhou.
En el corazón de las montañas del suroeste del gigante asiático, los sueños de muchos futbolistas amateurs toman forma: sus nombres y sus habilidades en el campo son vitoreados por miles de fanáticos que se dan cita en los partidos y millones que los siguen en línea.
Apenas en 2023 se lanzó la Superliga de las Aldeas (Cunchao, en idioma local), que en relativamente poco tiempo –por su integración con el patrimonio local– se ha hecho viral en China y allende sus fronteras.
De acuerdo con datos oficiales, en estos cuatro años se reportan más de 130 mil millones de reproducciones en distintas plataformas de Internet en temas relacionados con el torneo, principalmente la transmisión de los juegos en vivo.
La cifra rebasa por mucho los 10 videos más vistos en YouTube, que según el sitio Marketing-Ecommerce suman 80 mil millones de vistas en la historia de esa popular plataforma en Occidente.
En su corto periodo, la liga ha atraído a Rongjiang a 26 millones de personas, convirtiéndose en un motor del desarrollo económico y social de la región, con una derrama de más de 29.6 mil millones de yuanes (aproximadamente 4 mil 375 millones de dólares).
El fenómeno futbolístico tuvo su origen en un proyecto oficial contra la pobreza para estas comunidades, que entre sus líneas incluyó la instalación en 2021 de un Parque Industrial de Nuevos Medios en el condado, el cual ha formado a más de 40 mil “talentos” de creación de contenidos para redes sociales.
Aun cuando a escala nacional es más popular el baloncesto, los influencers formados en ese centro transformaron el torneo en un movimiento cultural gracias al uso de redes sociales que operan en Chin, como Weibo, similar a X; Douyin, versión china de TikTok, y Rednote, una especie de Instagram. Como parte de la estrategia se creó ademas un museo para exponer exclusivamente la historia de la liga.
La Cunchao ha alcanzado tal popularidad que ex estrellas de este deporte, como los campeones del mundo Kaká (Brasil) y Fabio Cannavaro (Italia), o el crack italiano Roberto Baggio, han viajado hasta este lejano punto –a más de 2 mil kilómetros de Pekín– para cascarear con los pobladores. El ganador del Balón de Oro 2001, el inglés Michael Owen, envió en 2024 un video de apoyo al proyecto y a sus participantes.
Zhou Jing es un joven de bachillerato que sueña con convertirse en futbolista profesional. Es uno de los jugadores más buscados. Tras terminar el encuentro, donde su equipo, Dangjiao Village, empató a uno, se da tiempo de atender varias entrevistas tanto para medios locales como para canales en línea.
En charla con La Jornada, el joven delantero dijo admirar a Messi. “Es mi ídolo, me gusta mucho Argentina”, señaló, y destacó el orgullo que siente por representar a su comunidad en el torneo.
Al llegar a Rongjiang se siente la pasión futbolera: sus calles, restaurantes, hoteles y comercios están llenos de alusiones al balompié y a la liga, cuyo estandarte es la cabeza de un buey, animal sagrado para los grupos minoritarios de esta zona de China, ya que creen que puede hablar con los dioses.
En la temporada 2026 –que empezó hace unos meses– participan 137 equipos en diferentes categorías y están inscritos más de mil 600 jugadores, provenientes de las distintas aldeas de la región y que en su día a día son estudiantes, trabajadores, agricultores, operadores de autobuses o comerciantes.
Detrás de la enorme fama de la Superliga de las Aldeas se esconde una historia más profunda. Cada partido es una fiesta en la que conviven la cohesión social, la identidad y el arraigo a sus raíces culturales.
Como en cualquier llano donde se práctica el futbol, la liga de este condado recupera la esencia del juego: identidad, orgullo, gozo, pertenencia y honor por defender los colores.
Valores que se distancian de la visión mercantilista que en los últimos tiempos la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) ha dado a este deporte, anteponiendo el negocio, la exagerada publicidad, la explotación y la sobrexposición de los jugadores y del futbol en sí.
Es un acto de resistencia de una comunidad, recuperando un juego que “los hombres de la FIFA” han intentado arrebatar a millones de fanáticos en el mundo. Aquí no se compite por grandes sumas económicas ni por fama, se hace por el gusto de patear la pelota. Los premios no son copas lujosas, sino artesanías (pañuelos teñidos con la milenaria técnica de batik) o animales vivos que serán sacrificados para los festines de la victoria (gallinas o corderos).
Yang Zhi es un férreo defensa central del equipo Gaodong Village. Al verlo en la cancha su estilo evoca un insigne dicho de los veteranos del futbol: “o pasa el balón o pasa el rival, pero no ambos”.
“Crecimos aquí, tenemos esa vibra y la llevamos al campo. Tenemos que estar felices, primero por jugar al futbol, y más importante, por traer gloria a nuestras aldeas. Nos sentimos enaltecidos por llevar honor a nuestro pueblo”, señaló.
Aun cuando China no es una nación futbolera (sólo ha clasificado a una Copa del Mundo, la de 2002, en Corea-Japón, y ocupa la posición 94 en el ranking de la FIFA), desde su lanzamiento, la Cunchao ha ganado simpatías. La asistencia más alta a un partido superó los 60 mil espectadores.
Lo que hace única esta liga es su integración con el patrimonio local: durante el medio tiempo los espectadores disfrutan de actuaciones de cantos dong, danzas de tambores miao y ópera folklórica bouyei, tres de las 55 etnias minoritarias reconocidas oficialmente por el gobierno chino, y espectáculos de pirotecnia.
Los aficionados son parte del espectáculo
Las animadoras visten trajes bordados tradicionales y grandes coronas de plata –característicos de estos grupos étnicos–, con lo que se han convertido en embajadoras de la cultura tradicional viva de la región, que es catalogada por la Unesco como patrimonio cultural inmaterial.
Otra clave del éxito es que los espectadores forman parte del espectáculo: pueden sentarse en las tribunas del pequeño estadio o bien bajar para observar el partido desde la banda. Casi a un lado de las bancas algunos trasmutan a directores técnicos: gritan, dan indicaciones y reclaman las decisiones arbitrales.
Dos grandes pantallas proyectan la transmisión del juego, mientras en lo alto de la tribuna principal, dos narradores comentan los cotejos y gritan las anotaciones, como si se tratara de un título mundial.
En declaraciones para el Diario del Pueblo –periódico oficial en China–, Cui Haiyang, vicepresidente de la Universidad Guizhou Minzu y miembro del 14 Comité Nacional de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, el principal órgano asesor político del país, señaló que la globalización de la Cunchao desafía los estereotipos de la comunidad internacional.
“La liga es pionera de un nuevo paradigma para la diplomacia de pueblo a pueblo. Su éxito aborda el ‘efecto sifón de la urbanización’, proporcionando un ejemplo para los países en desarrollo en materia de revitalización rural.”
Desde la perspectiva de Yang, el defensa central del Gaodong Village, es una fiesta que deleita a los espectadores principalmente, “porque encarna el amor de la gente de Rongjiang por el futbol. Ahora es muy popular y eso ha ayudado a mostrar nuestra nación y cultura al mundo”.
Tomado de https://www.jornada.com.mx/



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