Era cuestión de tiempo. La presidenta Claudia Sheinbaum sabía desde hace por lo menos ocho meses que Guadalupe Taddei estaba sentada en un tambo repleto de dinamita. El reporte llegó a Palacio Nacional. Entre lo delicado estaba la noticia, desconocida hasta ahora, que uno de los hijos de la consejera presidenta del INE vivía en una casa en la zona del Pedregal, al sur de la Ciudad de México. El dueño era José Alfredo Hernández Casillas, el proveedor amigo y miembro del escándalo, el que puso París a los pies del chamaquito.
Los informes también le indicaban a la presidenta Sheinbaum que Taddei y los suyos estaban desatados en las licitaciones. En las grandes de año electoral, pero también en las más sencillas sobre preparación de cursos y estrategias de comunicación o limpieza, por ejemplo.
La presidenta Sheinbaum supo que Guadalupe Taddei se estaba dejando apapachar por esos proveedores amigos beneficiados. Fiestas en su honor, gusto por las joyas, la ropa fina y los viajes.
Como suele suceder en este régimen, apostaron equivocadamente porque el escándalo no se supiera o por lo menos no antes de la elección del 2027. Ya después resolverían. Pero otra vez aparecieron las filtraciones y el periodismo de escritorio.
La conclusión fue que Palacio no debía sudar calenturas ajenas. Que la voracidad y el ridículo no eran esta vez cortesía de la casa, sino de Tlalpan y que por lo tanto Taddei debía responsabilizarse. En el contexto nacional, avalarla o respaldarla estaba de sobra. Sería un error de cálculo que además impactaba directo en Morena. Ese partido, aunque ahora lo quieran olvidar, la llevó al poder que terminó por consumirla.
Otro punto sumó al abandono de Taddei: el temor a que Estados Unidos, molesto como está en otros ámbitos como la narcopolítica, empezara a reparar en que el árbitro electoral mexicano estaba manoseado y sin control. Mejor ahí ni moverle.
Para rematar, aunque era lo que menos preocupaba, solapar a Taddei era darle argumentos a la oposición. Así, la decisión estuvo tomada.
Hay otra preocupación en el gobierno federal. Dicen que es inminente la llegada de sanciones de Estados Unidos en contra de las firmas del empresario Jack Landsmanas, el de los contratos por 28 mil millones de pesos, el que surtía despensas para Nicolás Maduro, el amigo de Luz Elena González, la secretaria de Energía. El castigo limitará los márgenes de maniobra.
Nota original publicada en el portal de El Universal el 25 de octubre de 2026: https://www.eluniversal.com.mx/opinion/claudio-ochoa-huerta/la-presidenta-siempre-supo-del-cochinero-de-taddei/.
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