Hace falta revisar que el Día de Muertos no se convierta sólo en una marca comercial, alejarla de la desinformación y revisar su inscripción en la lista representativa de la Unesco, dice a Excélsior el etnohistoriador Juan Pablo García Urióstegui, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
Respecto a la declaratoria, hay mucha problemática: ¿qué le da la declaratoria a los portadores de la tradición?, porque al ser inmaterial tú declaras en función de portadores y prácticas… Les da la facilidad de fracking (cultural) y de robo de identidad. Eso es lo que da”, lamenta el investigador.Sin embargo, reconoce que es un tema complejo. “La inscripción se da en 2003 y cinco años después se da la declaratoria, que es clara: refiere la festividad indígena dedicada a los muertos”, apunta.
Esto significa que lo que hacemos en las ciudades no está declarado, advierte, “eso es una mentira de la que se han agarrado a partir del marketing; lo que está protegido es la actividad indígena dedicada a los muertos y eso es claro, aunque la declaratoria sólo incluye 42 de los 68 grupos indígenas, así que los otros 16… no están contemplados”, asegura.
García Urióstegui también señala que la declaratoria protege algo que se está perdiendo, “pero dicha festividad no se estaba perdiendo”, comenta.

A esto suma el hecho de que la declaratoria consideró su origen en el México prehispánico, lo cual no es del todo cierto, porque esta celebración nació en el siglo XIX.
Otro aspecto cuestionable en la declaratoria, señala el especialista, está en que ésta describe una cosmovisión mexica del posclásico tardío (1200–1521 d. C.), “aunque la declaratoria protege a grupos mayenses, huaves, mixtecos y zapotecos que no llevan esa misma cosmovisión.
La declaratoria tendría que haber buscado el apoyo hacia ciertos grupos y hacia ciertas prácticas y brindar un apoyo económico a esas personas, lo cual las instituciones no capitalizaron al generar publicaciones sin rigor académico”, expone.El impacto turístico y la afectación a los pueblos indígenasY añade: “Desconozco quiénes hicieron esa declaratoria, pero realmente no consultaron a los especialistas de la muerte ni a quienes habían estudiado el fenómeno durante años, es decir, antropólogos, sociólogos e historiadores”.
El INAH restaurará tres inmuebles históricos que fueron vandalizados en GuadalajaraRecupera INAH cerámica de diversas culturas durante obras del tren México-QuerétaroHallan 13 depósitos con 180 piezas arqueológicas de antiguos rituales zoques en ChiapasEl Códice Azcatitlan vuelve a México tras 186 años; buscan su repatriaciónFototeca Nacional del INAH cumple medio siglo en medio de expectativa por nueva sedeAdemás, el investigador considera que un efecto adverso y visible de dicha declaratoria se puede apreciar en lo que actualmente ocurre en Michoacán.
La isla de Janitzio cerró sus puertas al turismo, porque no puede vivir su ritualidad, su duelo, su pérdida, sus representaciones ni sus tradiciones, ya que llegan a tener alrededor de 20 personas viéndolos y a millones con el flash en la mano, mientras les están tomando fotografías.Así que la privacidad y la ritualidad de los pueblos indígenas son la parte que ha sido agredida.

Por tanto, (la declaratoria) sólo les favorece desde el turismo, pero está generando una problemática”, advierte.La necesidad de dialogar con los portadores de la tradiciónEsto ha propiciado que muchas comunidades lleven a cabo sus rituales en privado o en otras fechas y, entonces, el 1 y el 2 de noviembre, ya sólo los dedican a generar lo turístico y lo que se quiere vender.
En respuesta a esto, comenta, las autoridades generan otro tipo de festividades, por lo que esa declaratoria lo único que está favoreciendo es la derrama económica, pero no para los portadores de la tradición, sino para las instituciones o particulares que lucran con la idea de la muerte”.
¿Qué queda pendiente de hacer?, se le pregunta a García Urióstegui. “Falta entrarle bien al tema para discutirlo y dialogarlo, no sólo desde las academias, sino desde los mismos portadores de las tradiciones: saber qué es lo que realmente la gente quiere y qué es lo que están viviendo.
Por el lado económico sí van a decir que les conviene, pero también por el lado de vivir sus ritualidades no es benéfico.
Afortunadamente, en los últimos años todos los movimientos que han surgido desde el gobierno, desde las mismas comunidades y poblaciones han dado respuesta a ese tipo de cosas.Lo que se necesita es replantearse otra vez qué ha sido bueno, qué ha sido malo y hacia dónde se está llevando esta ritualidad, porque ya nada más se usa como elemento e idea desde el centro de México, que llega a todas partes y, entonces, vemos calaveras en donde no las había, como ocurre en la península de Yucatán u otras latitudes y eso está generado problemáticas”, asegura.El investigador también habla del origen colonial de la ofrenda, de los elementos prehispánicos retomados, como la flor de cempasúchil y los tamales, y el desarrollo del pan de muerto y las calaveras de azúcar que sirvieron para acercar la idea de la muerte a las infancias.
Nota original publicada en el portal de excelsior.com.mx el 2 de noviembre de 2026: https://www.excelsior.com.mx/cultura/ritualidad-dia-muertos-riesgo-incremento-turismo-masivo.
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