El primer acto de los emperadores Naruhito y Masako de Japón en su reciente viaje de Estado a los Países Bajos no estaba en la agenda. El domingo 14 de junio, tres días antes de que empezara el calendario oficial de su visita, los emperadores nipones fueron invitados por los reyes Guillermo y Máxima a ver el partido de fútbol que enfrentó a sus dos selecciones en la fase de grupos del Mundial. Una foto distribuida por la casa real holandesa en sus redes sociales muestra a las dos parejas en palacio, posando sonrientes con los colores de sus respectivos equipos, como si el partido (que finalmente empataron a dos) fuera un hito más en los 426 años de relaciones bilaterales entre Japón y los Países Bajos. “Quizás se estaba intentando potenciar un sentido de reconocimiento mutuo, de reciprocidad, de generar confianza; el deporte sirve para eso también”, dice al otro lado del teléfono Ernesto de la Cruz, catedrático de la Facultad de Ciencias del Deporte en la Universidad de Murcia. Para De la Cruz, miembro además del grupo de investigación en Salud Pública y Epidemiología en la Facultad de Medicina, el deporte, “a diferencia de otro tipo de entretenimiento, consigue aunar a las personas con un sentido de pertenencia, identidad compartida, emoción colectiva”. Y los datos le respaldan.
En diciembre de 2024, tres investigadores chinos publicaron un estudio que titularon ¿Cómo contribuye el hecho de ver eventos deportivos a mejorar el bienestar de las personas? En sus conclusiones [spoiler: contribuye positivamente] destacaron que la experiencia emocional y, más aún, la interacción social influyen en que nos guste ver un partido acompañados. “En salud pública hay un concepto muy importante que se llama capital social. Con eso nos referimos a redes de confianza, apoyo, la reciprocidad que existe en nuestro grupo de personas, en una comunidad. Eso es fundamental para mantener la salud”, comenta De la Cruz.
Asistir a eventos deportivos en directo predice el bienestar subjetivo y reduce la soledad, ir al campo con más gente es un medio “escalable, accesible y eficaz” para sentirse bien y menos solo, compatible incluso (aunque a menor escala) con factores demográficos como tener un empleo. De nuevo, el capital social.
Entonces, ¿estamos contribuyendo a nuestra salud cuando nos juntamos para ver los partidos del Mundial de fútbol? ¿Es una especie de terapia ver a la selección española con nuestros amigos? “Quedar para ver el fútbol, aunque nos parezca una cosa sin mucha importancia, sirve para mantener esas redes, esos pequeños encuentros repetidos, esas relaciones. Y es muy importante, porque esas rutinas influyen mucho en nuestra salud”, sostiene De la Cruz. Y continúa: “La conversación, la emoción común, lo que hacen es potenciar ese sentimiento de pertenencia”. Un sentimiento que no siempre podemos dar por sentado: “Hasta ahora, sobre todo en los países mediterráneos, siempre hemos tenido un apoyo social que nos ayudaba en los momentos difíciles, no solo en los económicos, sino también a nivel emocional”. Eso, avisa el experto, “se está perdiendo”. Y en su opinión, “el fútbol, el deporte, promueve que se mantenga”.
Entendido como un producto que se consume, el fútbol también se enfrenta a su propio destino. David Moscoso, catedrático de Sociología del Deporte de la Universidad de Córdoba, lo resume bien en conversación telefónica. Según el experto, el deporte, al convertirse en “deporte espectáculo” y entrar a competir en la liga del ocio para masas —como podrían serlo un gran concierto o una producción cinematográfica—, se enfrenta ahora a una competencia feroz: “Javier Tebas está hablando permanentemente de la industria del fútbol: ‘El fútbol es ocio, el fútbol es industria’, dice; y claro, si tú estás repitiendo todo el día eso, la gente lo deja de ver como un deporte”, reflexiona Moscoso, que añade: “Si haces del fútbol un reclamo de consumo, tienes que entender que al disociarlo del deporte estás entrando en otro espacio en el cual puede perder atractivo; porque a lo mejor la gente prefiere las plataformas digitales, donde la oferta es mucho más variada y pueden acceder a cualquier liga doméstica de cualquier país”.
Moscoso aporta datos claros (sacados de estadísticas oficiales del Estado que maneja), como que en el año 1995 la asistencia presencial a espectáculos deportivos en España ocupaba el 51% de la población española; es decir, poco más de la mitad iba a espectáculos deportivos. En el año 2022 este porcentaje disminuyó hasta el 32%. También que en el año 2000, el 58% de los españoles asistió de manera presencial a ver en algún momento un partido de fútbol en un estadio. Una cifra que, de nuevo, ha bajado, siendo ahora de un 21%.
Preguntado por este retroceso, el catedrático avisa: “La realidad social es que la gente tiene mogollón de espacios de ocio, ya no necesita el fútbol para eso”. Sobre todo, añade, teniendo en cuenta los precios actuales de los partidos, que lo están convirtiendo “en un deporte de ricos”. Y apunta además a un “cambio cultural generacional”: “La población más joven —ya sean millennials, generación Z y alfa— ha nacido en una época en la que no existen ataduras con ciertos vínculos culturales tradicionales». Sobre estas generaciones, recuerda que la oferta que encuentran en las plataformas digitales es tan diversa y a la carta, que “¿por qué van a quedarse solo con el fútbol?”.
No es baladí este punto. Si, como afirma Moscoso, los jóvenes ya no ven partidos de forma lineal y pican allí o allá, cambiando el foco de su interés cada poco tiempo, puede que algún día se pierda el enfoque social del deporte. Y sin él, que acabemos notándolo también en nuestra salud y calidad de vida. De la Cruz menciona que hay algo que se suele pasar por alto cuando se habla de las llamadas zonas azules, aquellas con poblaciones que viven bien y muchos años: entre las características que comparten estas comunidades, reivindica que cuentan con “una red de soporte social muy importante”.
Si ver el fútbol con los demás promueve eso, ¿no sería interesante mantenerlo? Como explica el experto en salud pública: “El partido dura 90 minutos, pero el vínculo puede durar mucho más, porque el Mundial entero funciona como una agenda social compartida: nos da fecha, excusa y el relato común, y a partir de ahí se elaboran otras cosas muy interesantes”. Y termina: “Mañana se comentará el resultado de hoy, el partido dará conversación antes, durante y mucho después; muchas relaciones se mantienen precisamente gracias a momentos cotidianos de convivencia”.
Tomado de https://feeds.elpais.com/



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