– Autor, Jessica ParkerTítulo del autor, Corresponsal de la BBC, Berlín
– Fecha de publicación 3 horas
– Tiempo de lectura: 12 min
– Autor, Jessica Parker
– Título del autor, Corresponsal de la BBC, Berlín
Jan-Niklas Hustedt recuerda ir a fiestas tecno en la cafetería abandonada de una vieja fábrica de compresores que se había reducido drásticamente después de la reunificación alemana, en su ciudad natal de Oschersleben.
Nació en Alemania Oriental en 1989, solo unas semanas antes de la caída del Muro de Berlín. Él se describe a sí mismo como un «wendekind»; un hijo de la coyuntura.
Ahora, a los 36 años, hace memoria de cómo esa época cambió su comunidad.
Muchas empresas en el este comunista tuvieron dificultades o simplemente colapsaron cuando se vieron metidas en el afán de lucro y alta competitividad de la economía global.
«Escuchas todas estas historias», cuenta Jan-Niklas. «Muchas personas se fueron por las oportunidades que había en occidente».
En los 35 años después de la reunificación, la población general del país creció en 3,8 millones, un aumento de 5%, impulsado por la inmigración.
Pero en los cinco estados que eran parte de la oriental República Democrática de Alemania (RDA), la población ha caído 16% (esta cifra no incluye Berlín Oriental).
El estado de Alta Sajonia, donde queda Oschersleben, registró el declive más dramático de 26%, según las estadísticas oficiales publicadas el año pasado.
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Ahora, a través de grandes áreas del este más rural, se esperan más caídas poblacionales a medida que se combina la «fuga de cerebros» del este post- reunificación con una tendencia nacional: bajas tasas de natalidad.
Echemos una mirada al mapa de los demógrafos del gobierno; las áreas en azul oscuro -donde se prevén los declives más agudos- están principalmente concentradas en las partes menos urbanizadas del este.
Solo el estado de Brandemburgo, que rodea a Berlín y recibe el excedente de la ciudad capital, registra una tendencia contraria.
A largo plazo, a medida que la población de Alemania envejece, la oficina de estadísticas federales del país afirma que «con toda probabilidad» habrá menos personas para 2070. Para los estados orientales afuera de Berlín, se proyecta que ese será el caso «bajo todos los escenarios».
Estas proyecciones están basadas en ciertas suposiciones y no son definitivas. Pero este cambio demográfico podría estar impulsando el apoyo de Alternativa para Alemania (AfD), el partido político clasificado por la inteligencia interna como de extrema derecha, dentro de Alta Sajonia.
Pero es dentro de este estado que el AfD podría alcanzar el poder en las elecciones de más tarde en este año. Sería potencialmente un momento sísmico para Alemania.
Las imágenes de los noticieros de 1989 muestran las escenas eufóricas de personas pasando en oleadas por lo que, durante décadas, había sido la extremadamente vigilada tierra de nadie del Muro de Berlín.
Los que iban a pie atravesaron en multitudes, mientras que el repentino influjo de los humeantes autos Trabant de Alemania Oriental generaron en el oeste quejas sobre la contaminación.
Pero también se convertiría con el tiempo en un enorme sentido de pérdida para las personas del este que vieron cómo su sociedad socialista quedó absorbida, casi de la noche a la mañana, por el occidente capitalista.
Como estado satélite de la Unión Soviética, la República Democrática de Alemania (RDA) -nombre oficial de Alemania Oriental- era una economía estatal, planificada centralmente.
El régimen dependía de unos medios estrictamente censurados y de la Stasi, la enorme y temida fuerza de policía secreta, para mantener a raya a la ciudadanía.
Fuente de la imagen, Gamma-Rapho via Getty Images
También había severas restricciones al movimiento de personas, ya que las autoridades intentaban evitar que huyeran a occidente, como muchas lo habían hecho durante décadas.
Los alemanes del este, sin embargo, recibían subsidio de vivienda, una generosa asistencia para el cuidado de los niños y tenían el empleo garantizado.
Pero eso estaba fundamentado en una economía cada vez mas ineficiente y endeudada, lo que significó que el rápido proceso de privatización, cuando llegó, fue brutal y generó desempleo masivo.
Los gráficos muestran cómo las tasas de fertilidad en el este se desplomaron cuando ocurrió el enorme éxodo a occidente, que se dio en dos olas principales. La primera empezó inmediatamente después de la caída del muro, mientras que la segunda alcanzó su auge en los primeros años de este siglo.
La segunda ola fue «más pequeña en escala, más no menos significativa porque fue altamente selectiva», expresa la doctora Katja Salomo, una socióloga en la Universidad de Kassel que se crio en una zona rural del este de Alemania.
«La juventud, personas altamente educadas y mujeres en especial, tenían mayor probabilidad de irse».
Una de las razones para que las mujeres se fueran es que la fuerza laboral femenina en el este fue abordada como una «ocurrencia de última hora» durante el proceso de reunificación, sostiene Katja Salomo.
«Así que se fueron a Alemania Occidental y obtuvieron empleo allá».
Menos mujeres significaron naturalmente menos hijos. Y aunque el gran éxodo terminó hace años, el este todavía tiene una escasez más pronunciada de gente joven y trabajadores capacitados que occidente. Así como jardines infantiles que se están quedando vacíos.
Este es un fenómeno creciente en el este de Alemania: «Kitasterben». Se traduce literalmente a «muerte de la guardería».
Está impulsada por las bajas tasas de natalidad dentro de lo que ya es una población mermada en las regiones que, durante la época comunista, había desarrollado una red extensa de centros cuidado infantil.
«Ahora hay artículos (en los diarios) en los que las guarderías dicen necesitar niños, lo que es una locura», comenta Jan-Niklas.
Dice que en la guardería donde va su hija le preguntaron si él y su esposa conocían a otras familias que necesitaran un cupo.
Me reuní con Jan-Niklas en el centro de su ciudad natal, Oschersleben. Tiene una población de unas 19.000 personas, incluyendo las aldeas aledañas.
Es un miércoles a la hora de almuerzo. El centro no está necesariamente desierto, pero tampoco está muy ocupado.
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No toma mucho tiempo encontrar una fachada de tienda vacía, o algunas del creciente número de personas mayores en la zona.
Actualmente, Jan-Niklas, que considera la reunificación como una «historia de éxito» en general, tiene la misión de atraer de vuelta a las personas más jóvenes y sus familias.
Es «mi hogar», expresa. «Me gusta la gente. Creo que merecen que les vaya bien».
Él se fue en su adolescencia tardía, para regresar después haber desarrollado una carrera como seleccionador de personal de un importante banco alemán. Su regreso a casa fue reportado en las noticias locales.
«De regreso a Oschersleben tras 13 años», leía el titular en el Volkstimme (La Voz del Pueblo). «Regresado hace un llamado para encontrar maneras de combatir la escasez de trabajadores capacitados».
Ese es solo uno de los problemas con el declive de la población: llenar plazas vacantes, incluyendo los cargos cruciales de cuidados sociales y de salud para apoyar a la creciente población de ancianos.
Menos personas también producen menos servicios, como tiendas, pabellones de maternidad y escuelas.
Mientras que un gran número de migrantes o refugiados han llegad a Alemania de países que incluyen a Ucrania, Siria y Turquía -así como de otras naciones de la Unión Europea- esos inmigrantes se han ido principalmente a las ciudades grandes, como Berlín, y al occidente más urbanizado.
Y aun teniendo en cuenta estas personas, Alemania tiene una población que envejece a medida que la generación del «baby boom» se retira y la tasa de natalidad nacional se mantiene obstinadamente baja.
Eso significa que una fuerza laboral disminuida está teniendo problemas sosteniendo el costo de un creciente número de jubilados.
Las tasas de natalidad empezaron a bajar a finales de los 60, después de la introducción de la píldora anticonceptiva y en un momento cuando las mujeres tuvieron más probabilidades de unirse a la fuerza laboral. Pero el año pasado, el número de nacimientos alcanzó su nivel más bajo desde 1946, según las cifras preliminares.
El profesor Martin Bujard, del Instituto Federal de Investigación Poblacional, una agencia gubernamental, opina que los datos sugieren que el impacto de las crisis globales como el covid y la guerra en Ucrania ha exacerbado esa tendencia.
«Después de que Rusia lanzó su invasión a gran escala, nueve o diez meses después, las tasas de natalidad cayeron en Alemania», afirma el profesor Bujard.
Las cifras más recientes señalan que las mujeres sin nacionalidad alemana tienen más hijos que las ciudadanas alemanas, con tasas de 1,84 y 1,23 respectivamente (conocidas como tasas de fertilidad).
Pero ambas están bajo la «tasa de reemplazo» de 2,1; el nivel con el cual una población se mantiene estable de una generación a la siguiente.
Alemania no está sola en esto. La ONU ha advertido de un «declive sin precedentes» en las tasas de fertilidad globales, impulsadas por factores como asequibilidad económica y falta de vivienda adecuada.
Lo que es singular del este de Alemania hoy día es que estas tasas de natalidad están sucediendo dentro de una población que tan recientemente -y tan rápidamente- fue vaciada.
Ha habido muchas iniciativas durante muchos años para aumentar la población en el este de Alemania.
Katy Löwe dirige una de ellas en Halberstadt, una localidad que queda al pie de las montañas norteñas de Harz en Alta Sajonia, unos 190km al oeste de Berlín.
Nos reunimos en la Plaza de la Catedral, cerca de la iglesia estilo gótico de St. Martini que fue reconstruida tras su destrucción a finales de la Segunda Guerra Mundial.
Es una de las atracciones para los turistas que pasan, pero la misión de Katy es que la gente realmente viva en la región.
Nota original publicada en el portal de bbc.com el 11 de julio de 2026: https://www.bbc.com/mundo/articles/cj3g2n8n876o?at_medium=RSS&at_campaign=rss.
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