Los crímenes son para el verano

Como recordaba Ignacio Varela, la política española básicamente se reduce a la crónica de tribunales y lo demás no tiene mucho interés. Hay noticia cuando imputan a un nuevo colaborador estrecho del presidente. O no: quizá la noticia se produce el día en que no imputan a un colaborador estrecho del presidente. El periodismo, ya se sabe, se ocupa de lo excepcional. Mientras, el PSOE quiere irse de vacaciones lo antes posible y el PP intenta quedarse quieto porque cada vez que trata de dar un paso se tropieza.

Dos novelas que he leído estos días pueden ayudar a sobrellevar la espera. En las dos hay crímenes y corrupción del establishment, aunque a lo mejor resultan frustrantes en términos de sordidez y marrullería a quien siga la actualidad.

Una es Las pruebas de mi inocencia (Anagrama), del escritor británico Jonathan Coe, autor de libros como ¡Menudo reparto!, que satirizaba los años de Thatcher, En el corazón de Inglaterra, sobre el Brexit, o El señor Wilder y yo, una reflexión sobre el cine, el paso del tiempo y, por supuesto, Billy Wilder. Las pruebas de mi inocencia habla de la evolución del movimiento conservador en el Reino Unido, desde el neoliberalismo al tribalismo antiliberal, y del conflicto entre generaciones. Los personajes principales son Christopher, veterano bloguero de izquierdas que va a un congreso conservador, y las veinteañeras Raschida (su hija adoptiva) y Phyl. El libro es un pastiche que juega con tres géneros o subgéneros: el cozy crime (ese tipo de libros, muy ingleses, con escenarios campestres, asesinatos, detectives entrañables y excéntricos), la academia oscura o dark academia (una deriva inquietante y ligeramente gótica de la novela de campus, en este caso ambientada en Cambridge) y la autoficción (que enlaza con la biografía que el novelista escribió sobre el narrador y crítico B.S. Johnson). Coe, que se divierte combinando los estilos e incluyendo parodias de figuras como Roger Scruton, es un maestro de la narración. Entre los temas que trata están la nostalgia –también de las veinteañeras: ya advirtió Kundera que la nostalgia es más fuerte en la primera juventud–, el destino de los escritores –casi siempre el olvido– y las relaciones entre humor y política. Es una novela lúdica que produce tristeza y desasosiego.

La otra es un debut: Gente bien (Planeta), de la periodista Verónica Sanz, que también tiene algo de sátira de costumbres (en este caso, de familias ricas en buenos barrios de Madrid, con variadas frustraciones eróticas, sentimentales o profesionales, pero también del mundo de la televisión y la empresa), thriller social y reflexión sobre las relaciones entre sexo, dinero y poder. Contrasta el ambiente de familias privilegiadas con la situación más bien desamparada de varios inmigrantes de distintas ocupaciones: en algún caso, servicio doméstico; uno de los personajes principales trabaja como sugar baby, una forma de prostitución. Es muy entretenida, y está construida con inteligencia y poblada de personajes que permanecen en tu cabeza.


Nota original publicada en el portal de letraslibres.com el 13 de julio de 2026: https://letraslibres.com/cultura/los-crimenes-son-para-el-verano/13/07/2026/.

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