
Ta Megala
Fernando Solana Olivares
La muerte de Thich Nhat Hanh, monje budista zen vietnamita, uno de los más grandes divulgadores en Europa y Estados Unidos de las técnicas meditativas de atención plena al momento presente, fue acompañada de uno que otro disparate informativo propio de la ignorancia occidental al respecto. Alguna agencia alemana, por ejemplo, lo definió como el “creador” de la meditación mindfulness (literalmente “estado mental”, “mente o conciencia plena”), una atribución que sin duda lo habría hecho sonreír compasivamente.
No hay un creador o inventor de la meditación y sus diversas técnicas, ni siquiera el Buda, cuya escuela histórica practicó el método Vipassana (palabra que significa “visión penetrante” o “ver de muchas formas”), el cual con algunas variantes adoptaría el budismo zen en el zazen, su meditación característica, para derivar en el popular mindfulness actual, que sucintamente consiste en confrontar directamente la realidad, fundir la vida diaria con la práctica, desarrollar una psicofisiología de la atención que trascienda el pensamiento conceptual asumido como verdadero para enfatizar el aquí y el ahora.
En su drástica crítica al capital y su insaciable voracidad de multiplicación para la cual requiere que todo se incorpore a su circuito, Byung-Chun Han afirma que incluso la espiritualidad, que podría y debiera ser una fuerza opuesta a él, se convierte en su víctima. Es el caso, afirma, de la “floreciente industria del mindfulness” que reduce la espiritualidad a “una técnica para aumentar el rendimiento y la eficiencia, […] una técnica para la autooptimización o para la reducción del estrés”.
“Estamos aquí —escribe el filósofo coreano— ante un consumo espiritual. La atenciónse somete al autocuidado y a la autogestión neoliberal”. Todo gira, según afirma, en torno al ego y así “se silencia la atención social como atención al otro”. Así, concluye que el mindfulness es la espiritualidad del régimen neoliberal, pues la pone a disposición de la producción y el rendimiento.
Byung-Chul tiene razón en parte pero no del todo. Un mindfulness superficial y eficientista guarda las características que él describe, pero toda técnica de atención plena al momento presente hecha correctamente representa una deconstrucción metódica del ego, su silenciamiento, lo cual significa a fin de cuentas mirar, atender a los otros.
El postulado budista afirma que “si la mente es comprendida, todas las cosas lo son”. Tal es la búsqueda de la meditación, un proceso tanto de discernimiento como de liberación del pensamiento que nos piensa, de los irritantes síquicos y de la interpretación subjetiva sobre lo existente.
La meditación revela los patrones emocionales mecánicos con los que la mente actúa y permite librarse de ellos: se descubre la no-reacción, un poderoso instrumento de autocontrol y serenidad. Surge la respuesta consciente en lugar del automatismo sentimental y subjetivo. Permite, según la conocida cita del maestro Thich Nhat Hanh, tan repetida ahora en las notas necrológicas que se le han dedicado, entender que “La ola no tiene que morir para convertirse en agua. Ya es agua”.
Tomado de https://morfemacero.com/

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