La memoria amazónica de Santiago Yahuarcani

Foto: Museo Universitario del Chopo.

El Museo Universitario del Chopo ha tendido un puente hacia la Amazonía. Desde el sábado 24 de octubre, la Sala Helen Escobedo alberga El principio del conocimiento, primera revisión de la trayectoria del pintor y escultor peruano Santiago Yahuarcani, líder del pueblo uitoto.

Con curaduría de Miguel A. López, la muestra reúne más de 35 pinturas realizadas entre 2004 y 2025 que narran el origen del mundo, los poderes curativos de las plantas y la resistencia indígena frente a la violencia colonial. En plena crisis climática, su obra llega como un recordatorio impostergable contra la devastación y la codicia: la selva es un territorio vivo cuyos guardianes ancestrales tienen mucho que enseñarnos.

Nacido en Pucaurquillo en 1960 y miembro del clan Áimenɨ (Garza Blanca), Yahuarcani es un creador autodidacta que pinta sobre llanchama, fibra extraída del árbol ojé. Su biografía arrastra una herida histórica: su abuelo sobrevivió al genocidio del Putumayo, cuando la fiebre del caucho (1879-1912) esclavizó y aniquiló a más de 30 mil indígenas.

Tras su paso por la Bienal de Venecia de 2024, donde expuso Shimimbro, pieza de más de cuatro metros que hoy cuelga en el Chopo, su obra figura en colecciones como las del MoMA, la Tate o el Reina Sofía. La muestra incluye además esculturas de su esposa, Nereyda López, y obra temprana de su hijo Rember.

“Nuestros abuelos y nuestra madre siempre nos han pedido que transmitamos el conocimiento a un público que no lo conoce, para que también aprenda nuestra cultura, lo que sabemos, lo que creemos. Por eso sigo esta carrera de arte”. Esos saberes, heredados de viva voz de generación en generación, abarcan lo espiritual, lo natural y lo cotidiano, y provienen, según la tradición uitoto, de Moo Buinaima, el dios creador. Yahuarcani admite con pesar que buena parte de ese legado se ha perdido y que su clan trabaja para rescatarlo.

Los relatos de origen los aprendió de labios de sus abuelos. Al principio todo era oscuridad y agua. Moo Buinaima, en busca de un sitio donde posar los pies, escupió hacia adelante, y su saliva creció hasta formar un disco plano, como una tortilla, que endureció con una burbuja de fuego. En una de las versiones que conserva, las lágrimas del dios, que lloraba porque uno de sus hijos se había vuelto el diablo, se hundieron hasta el corazón de la tierra y se convirtieron en huevos de rana de los que surgió la humanidad. De ahí que los uitotos llamen madre a la tierra.

“La naturaleza es una botica verde. Todos los árboles tienen un fin que ha puesto Moo Buinaima; el hombre sólo tiene que dedicarse a cuidarla y a consumir de ella de acuerdo con sus necesidades”. Quien caza de más, explicó, despierta la ira del usuma, el abuelo dueño del monte, capaz de enfermar e incluso matar al codicioso; por eso se le ofrenda tabaco y coca antes de internarse en la selva. Fue la avidez de dinero de empresas y políticos, lamentó, la que desató una devastación cuyas consecuencias resiente hoy el clima del planeta.

La resistencia, para Yahuarcani, empieza en casa. Le preocupa que los jóvenes amazónicos emigren a las ciudades y pierdan el orgullo por su cultura; por ello los anima a conocer el mundo urbano sin olvidar que su tierra es la selva, y a reforestarla con las palmeras que sembraban sus abuelos.

“Ahora estoy tratando de hacer denuncias mediante mis obras de lo que sucede en la Amazonía, como la minería ilegal, que cada día se hace peor”, mencionó. Desconfía del discurso oficial contra la minería y el tráfico, que considera más bandera que realidad, y sostiene que toca a los propios hijos de la tierra defenderla. Su pintura mira hacia atrás para pensar el futuro: el colapso ecológico es una catástrofe iniciada hace siglos con el despojo de los pueblos colonizados.

“Moo Buinaima ha puesto la tierra para vivir en ella, para cuidarla, pero no para destruirla. Ese es el mensaje que quiero dar con mis obras”. Escucharlo es, quizá, el primer paso para reconocer la sabiduría de quienes han custodiado la selva durante incontables generaciones.

El principio del conocimiento podrá visitarse hasta el 28 de marzo de 2027 en la Sala Helen Escobedo del Museo Universitario del Chopo, con entrada libre.

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Nota original publicada en el portal de gaceta.unam.mx el 29 de octubre de 2026: https://www.gaceta.unam.mx/la-memoria-amazonica-de-santiago-yahuarcani/.

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