El orden mundial se ha visto alterado, y es poco probable que las economías simplemente retomen las actividades que tenían antes de que EE. UU. e Israel empezaran a bombardear Irán.
Patricia Cohen, quien reside en Londres, escribe sobre economía global y geopolítica.
El acuerdo marco entre Estados Unidos e Irán allana el camino para poner fin a los brotes de violencia y a las devastadoras interrupciones en el suministro energético y el comercio en el golfo Pérsico. Pero no cabe esperar que las economías de todo el mundo simplemente retomen su actividad donde la dejaron antes de que Estados Unidos e Israel empezaran a bombardear Irán el 28 de febrero.
La guerra ha puesto en marcha cambios que serán difíciles de revertir.
El colapso casi total de los suministros de petróleo y gas procedentes de Medio Oriente y el vertiginoso aumento de los precios están provocando un cambio en el equilibrio de poder. Los productores de energía, desde el golfo Pérsico hasta América, compiten por mantener o aumentar su dominio, mientras que los clientes se esfuerzan por reducir su dependencia y reforzar su suministro.
Como resultado, el mercado energético está cambiando, así como la combinación energética y los actores del sector energético.
La profunda vulnerabilidad de los países de Asia, Europa y otras regiones que dependen de la energía importada impulsa con fuerza la búsqueda de alternativas. En algunos lugares, como Corea del Sur y Japón, esto ha llevado a un mayor uso de combustibles más contaminantes, como el carbón.
Pero a largo plazo, es probable que esta crisis energética —la segunda en solo cuatro años— acelere la transición hacia energías renovables como la solar y la eólica, así como hacia la energía nuclear.
Nota original publicada en el portal de The New York Times: https://www.nytimes.com/es/2026/06/16/espanol/negocios/iran-guerra-petroleo-economia.html.



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