José Antonio Rojas Nieto: El paréntesis obligado

Evidentemente tenemos una importante razón para estar tristes por la partida del queridísimo ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas. Su importancia en nuestra vida social y política es por demás evidente y reconocida.

Incluso para muchos de nosotros, su influencia en nuestra vida personal fue –aún lo es– muy intensa. Pero no estoy triste.

Celebro haber recibido su sentida influencia desde el día en que lo escuché emocionado en la explanada de Rectoría. Sí, el jueves 26 de mayo de 1988, bajo la invitación del Consejo Estudiantil Universitario (CEU).

Ese día estábamos muchos –qué digo, muchísimos– en aquel mítico lugar en el que vergonzosamente se instaló una estatua de Miguel Alemán, derrumbada en tres ocasiones por la comunidad universitaria, en 1969, 1965 y junio de 1966, hasta que las cínicas y genuflexas autoridades aceptaron la derrota del caso en 1973. La presencia de “El Ingeniero” –como le decíamos muchos que llegamos a estimarlo intensamente– fue de gozo, de entusiasmo, de profundo compromiso.

De aliento, de esperanza. Con esa visión de futuro progresista y prospectiva que siempre lo caracterizó.

Con esa voz firme y ese tono suave pero intenso y cadencioso pero penetrante, el hijo del general Lázaro Cárdenas del Río nos convocó a dar nuestro mejor esfuerzo académico universitario, para fortalecer la lucha social contra la desigualdad, a su decir compromiso esencial de las universidades publicas, sin duda de nuestra querida Universidad Nacional.

Ese mismo mensaje había sido expresado años antes tanto por nuestro brillante rector Javier Barros Sierra como por nuestro agudo y admirado rector don Pablo González Casanova. Se trata –aseguró Cuauhtémoc– de un esfuerzo que debe impulsarse desde todos los ámbitos de la ciencia y la tecnología, desde la difusión de la cultura y la extensión universitarias.

Compromiso pleno con la nación, continuo y permanente bajo una visión integral para acabar –así lo dijo– con el presidencialismo, el corporativismo y el partido de Estado. Para acceder a una vida democrática creciente.

El último día que conversé ampliamente con el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas fue el viernes 7 de noviembre de 2025 en el primer simposio del Colegio de Ingenieros Mecánicos Electricistas (CIME) sobre los 80 años de Ingeniería, Energía y Evolución Sostenible en México. Sí, era el aniversario de este agrupamiento profesional tan notable y solidario en el ámbito nacional.

Y más particularmente –también con otros importantes colegios de ingenieros– distinguido por el impulso firme al desarrollo de la ingeniería en México, en particular del desarrollo eléctrico, elemento sustancial para lograr nuestras metas nacionales, sobresalientemente nuestra soberanía energética. Justamente esto lo comentamos varios asistentes al simposio del CIME con el queridísimo ingeniero Cárdenas esa mañana.

Él era especialmente sensible y agudo en el análisis de la vida energética nacional, petrolera y eléctrica. Reflexionábamos recientemente con él sobre el objetivo aspiracional de arribar al año 2040 con no menos de un medio del total de energía eléctrica inyectada a las redes nacionales de transmisión y a las redes generales de distribución, sin gases de efecto invernadero.

Esta aspiración representa –subrayaba con gran ánimo el queridísimo ingeniero Cárdenas– uno de los mayores desafios que debemos enfrentar, pero siempre –como acaso lo dijo desde la primer vez que lo escuché– en un ambiente de mayor justicia energética, en todos sus ámbitos.

Sí, acceso a la energía, abatimiento de riesgos por infraestructura energética para la población, acuerdos limpios y justos con los pobladores sobre tierras, agua y recursos naturales renovables, desarrollo industrial con contenido nacional creciente, control de costos y tarifas eléctricas y atención a personas, hogares y localidades con necesidades vitales y de sobrevivencia de energía. Al menos.

Testimonio de esta conversación y de la visión del ingeniero Cárdenas fueron los apreciados ingenieros miembros y directivos del CIME como la ingeniera Alejandra Castellanos, y –si mal no recuerdo– los ingenieros Bernardo Argüelles, Ricardo Morales, Ricardo Domínguez y Jesús Silva, entre otros, a más de la respetable doctora Elizabeth Mar Juárez, directora del Instituto Mexicano del Petróleo, y el apreciado doctor Víctor Alejandro Salcido González.

Sí, ellos y muchos más fuimos testigos presenciales hace casi un año de la fuerza vital, el entusiasmo, la persuasión y el sólido carácter de un ingeniero Cárdenas que honraba no sólo a su padre, sino a todos los mexicanos que pretendemos una nación más justa y soberana. Por todo ello y pese a la tristeza que representa no volver a conversar con él, no podemos sino alegrarnos y celebrar la fortaleza y la perspectiva de personas como Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, el hijo de doña Amalia.

De veras.


Nota original publicada en el portal de La Jornada el 1 de noviembre de 2026: https://www.jornada.com.mx/2026/11/01/economia/014a1eco?partner=rss.

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