Existen ámbitos que parecieran no admitir la política y que, precisamente por ello, logran congregar a millones de espectadores, como ocurre con el fútbol. La realidad, sin embargo, demuestra lo contrario: existen múltiples ejemplos que evidencian el papel que el poder público ha desempeñado en el balompié. Donde hay lucha por el poder, hay política; y donde existen personas capaces de refrendar o repudiar un proyecto, el político buscará estar presente.
El fútbol ha funcionado como una herramienta de poder blando, para fabricar la legitimidad de proyectos políticos o para fortalecer una idea de nacionalismo. Se ha sostenido que los deportes distraen a las personas de los asuntos públicos y de la participación política que fortalecería una cultura democrática. No hay algo más erróneo que esto. La carga ideológica del fútbol es en ocasiones más poderosa que el discurso político más escuchado. No todo el mundo está enterado de las particularidades de la disputa por las Malvinas entre Argentina e Inglaterra, pero sí de su gran rivalidad futbolística y el gol que Maradona marcó con su mano, bautizándola como la mano de Dios, en un intento de revancha simbólica.
Uno de los mayores referentes de la diplomacia internacional, el polémico Henry Kissinger, entendió esto perfectamente. El fútbol, el deporte más visto en el mundo, se volvería un escenario de lucha en la supremacía política entre los países. En la copa mundial de Argentina 1978, la selección que albergaba el mundial necesitaba de 4 goles para continuar a la siguiente fase; Kissinger y Videla, en ese momento dictador del país, ingresaron al vestidor de Perú, contrincante de la selección argentina, para desearles el mejor de los éxitos. El partido se ganó 6-0 y Argentina continuaría su camino para ser el campeón mundial. No sería la última vez que Kissinger estaría envuelto en una escena de este tipo. En 1988, México se vio inmerso en el famosos cachirulazo, donde jugadores de la sub-20, habrían falsificado documentos para entrar a la convocatoria de la selección menor mexicana. Esto hizo que no solo se sancionara a dicha selección, sino que se tradujera en que la selección mayor no pudiera asistir al mundial realizado en 1990, una sanción inusual que llevaría a que Estados Unidos ingresara al mundial, 4 años antes de ellos ser los anfitriones.
El dictador Francisco Franco, en 1953, intervino en una de las negociaciones más tensas por un jugador de fútbol. Alfredo Di Stéfano figuraba entonces como una de las grandes promesas del balompié. El Barcelona tenía ventaja en las negociaciones, ya que había realizado el pago de 4.5 millones de pesetas al River Plate, club al que pertenecía su ficha, aunque el jugador no se encontraba allí. Sin embargo, la intervención de Franco hizo que finalmente el futbolista terminara jugando en el Real Madrid, un equipo que representaba mejor los intereses del régimen que el Barcelona, asociado al nacionalismo catalán y a sectores republicanos.
La historia de la interferencia política en asuntos deportivos no es ajena a la contemporaneidad, hemos visto a perfiles como Trump recibir a jugadores como Cristiano Ronaldo y Messi, en un intento de aumentar su capital político y de prepararse de cara al mundial que estarán albergando en el país que representa. Los dictadores históricamente han utilizado el fútbol y otros deportes para aumentar su popularidad personal combatiendo la impopularidad de sus acciones. Una gran idea errónea dentro de la política es pensar que la popularidad de una persona le blinda de tomar decisiones impopulares. Lincoln ya lo diría; puedes engañar a todas las personas una parte del tiempo y a algunas personas todo el tiempo, pero no puedes engañar a todos todo el tiempo.
Tomado de http://radiosonora.com.mx/feed



Más historias
Reconocen a estudiantes por logros académicos, culturales y deportivos en Cananea
Reconocen a estudiantes por logros académicos, culturales y deportivos en Cananea
Convoca el Congreso de Sonora a sesión extraordinaria el 30 de junio