Vivir con un cuerpo petrificado que fue expulsado del Museo de las Momias de Guanajuato, guardar en el ropero los restos exhumados de un tío por un malentendido familiar y hallar vestigios prehispánicos y venderlos en una subasta en Bélgica, mientras se mofa de la frase ‘Mi patrimonio no se vende’, son algunos de los escenarios de Tzompantli nuestro de cada día, del escritor Fernando Bonilla, antología con 11 relatos que exploran el tema de la muerte, pero desde la ironía, lo absurdo y lo surreal de lo cotidiano en México.
En este volumen —inspirado en la prosa de Jorge Ibarguengoitia y prologado por Enrique
Serna— el autor presenta a la muerte como a un actor de la vida cotidiana, a quien los personajes acogen con los brazos abiertos.
Además, en palabras de Enrique Serna,

en los cuentos de Bonilla, la Dientona inspira más ternura que miedo: es una compañera del género humano, plenamente integrada al núcleo familiar, a quien los personajes acogen con los brazos abiertos, sin percibir ningún tinte macabro en su compañía”.Y asegura que “la obra de Bonilla merecería ser popular por el desparpajo de su estilo coloquial, que atrapa al lector en una mezcla de picardía y laconismo… son historias conversadas que le hablan al pueblo en su propio lenguaje, sin ornamentos retóricos que marcarían distancias”.
Por su parte, el autor —conocido por su trabajo como actor en La oficina y en Las muertas, y por escribir obras dramáticas como Otro mar y El corrido del Rey Lear– detalla a Excélsior la génesis de su libro:
Me interesaba hablar de la particular relación que tenemos en México con la muerte, si es que de verdad tenemos una relación particular, y hablar de esto quitando los dos grandes tópicos que determinan la conversación al respecto: el folclore de Día de Muertos y el narcotráfico.
Así que quise explorar la relación cotidiana con la muerte que tenemos los mexicanos, con las muertes más cercanas e, incluso, con la muerte propia”.Confiesa que la idea original consistía en elaborar un guion cinematográfico determinado por su experiencia en Las muertas, es decir, en la versión audiovisual que dirigió Luis Estrada a partir de la novela de Ibargüengoitia. “Porque vivir en el universo del escritor guanajuatense me alborotó mucho y se me antojó escribir algo tan propio de Ibargüengoitia, autor que me determinó, con ese filo y ese humor punzante y esa capacidad para provocar risas con temas tan sombríos y delicados”, expuso.
Además, en este libro influyó su pódcast Casos de la risa real, en el que lee historias que el público le comparte, a lo que sumó relatos que le contaron figuras como Enrique Olmos de Ita.

Para cuando llegó a la mitad del libro, el autor sintió que esta antología era una especie de tzompantli literario, es decir, un muro de distintos cráneos que corresponden a distintos cuentos, entre los que también aparece una mujer que llora en los funerales o la historia de Valentín, un gigante que la muerte lo lleva a prisión, o Andrés Caicedo, quien termina en las oficinas de Hacienda porque el sistema lo ha declarado muerto y le han congelado las cuentas bancarias.
El narcotráfico es un tema demasiado tocado por todas las disciplinas artísticas y periodísticas, y no está mal, porque es algo que nos atraviesa; y el Día de Muertos es una tradición interesante y riquísima, pero que ahora es muy explotada comercial y turísticamente.
Son dos grandes ejes que pueden determinar mucho la conversación sobre la muerte en México, pero a mí me interesaba más asomarme a lo que ocultan esas dos grandes fachadas”.¿Tiene México una relación distinta con la muerte? “Pienso que sí, quizá porque somos un país peculiar y muy barroco, con muchas coordenadas que parecieran improbables, y eso define la manera en que celebramos, nos lamentamos y convivimos”.
Por último, coincide en que sus relatos beben de lo absurdo para enfrentar lo cotidiano.
“Estos cuentos pretenden construir un puente entre lo real y lo absurdo. Creo que el mexicano se siente muy cómodo cuando entiende el rol que hay que jugar, y me parece que el folclore, el desmadre, el disfraz y la máscara son muy útiles para no mostrar nuestras flaquezas y heridas”.
Nota original publicada en el portal de excelsior.com.mx el 3 de noviembre de 2026: https://www.excelsior.com.mx/cultura/fernando-bonilla-retrata-muerte-cotidiana-con-humor-e-ironia.
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