Espliego, que no faneca (III)

No he comprado nada en el viaje, salvo un traje de baño en las rebajas. Después de muchas horas de coche, con paradas y escalas, estamos en una casa de campo con varios amigos. Cuando nos hemos bañado, a las siete y media de la mañana, las golondrinas estaban sobrevolando la piscina muy al ras. Daban la impresión de saludarnos. Quizá se estaban refrescando la tripa. Puede que se estuviesen comiendo los mosquitos que nos pican por la noche. En todo caso ellas, las golondrinas, nos hacían compañía.

Algunos hemos ido al pueblo a desayunar. En el periódico leemos un inquietante titular: “El eclipse de nuestras vidas”. Eso habrá que verlo, nos decimos. ¿Cómo pueden saberlo?, nos decimos. ¿Adónde quieren llegar?, nos decimos.

Espliego, que no faneca (III) - Ilustración 1

La foto la hicimos en una parada en Medinaceli, a primera hora de la mañana. La puerta parece inspirada en esos escarabajos pequeños y muy planos, los que parecen tener un diseño decó. En la torre de la colegiata hay algo especial, un reloj lunar, que consiste en una esfera pintada la mitad de blanco y la mitad de negro, que va girando al compás de las fases de la luna. La del cielo se veía todavía, y como estaba muy cerca de la torre se podían ver a la vez la de verdad y la del reloj, menguantes las dos en el mismo grado. Si, como me parece recordar ahora, el reloj no funcionaba bien del todo, quiere decir que lo cogimos en ese momento en que los relojes parados dan la hora correcta.

Dime si has encontrado las pozas tan frías que echabas de menos. La piscina de aquí está caliente. Luego sigo.

¡A las golondrinas les gustan las piscinas! En la casa de mis padres siempre se acercan demasiado y más de una vez hemos tenido que rescatar alguna del agua.

Espliego, que no faneca (III) - Ilustración 2

No he ido a las pozas, pero sí a Cantavieja, donde también vimos golondrinas. Tres crías a las que sus padres les llevaban ramitas o lo que fuera. Verás, la plaza de Cantavieja es porticada. Nos sentamos en uno de los bancos de piedra donde pasé horas en mi infancia y en el artesonado estaba el nido de las golondrinas. Al final de ese lateral ponían la barra en las fiestas, cuando yo era pequeña. Recuerdo haber bailado en el rectángulo de tierra del centro. Luego movieron las verbenas al pabellón y dejaron de ser tan divertidas. Habría que preguntarle a Miguel Gomes qué piensa de las verbenas en pabellones. El caso es que las tres crías chillaban como diciendo ¡tengo hambre! Como nosotros tenemos tres hijos empezamos a especular y a trazar equivalencias entre los niños y las crías. Mi novio quería ver si les daban a una cada vez o a las tres cada vez.

De Cantavieja nos separan 61 kilómetros que tardan en recorrerse casi dos horas, es una carretera que recorre la montaña, pasa por los Órganos de Montoro y une pueblos construidos en el barranco. Decidimos volver por otro camino, un poco más largo, pero con muchas menos curvas, y nos pilló una granizada enorme. Nos refugiamos bajo un tejadillo, aunque solo pudimos meter medio coche a resguardo. Cuando escampó echamos gasolina y el gasolinero nos dijo que detrás de nosotros había una nube llena de piedras, pero que hacia donde nos dirigíamos estaba despejado. No sé cómo sabía que en la nube había piedras, pero el cielo se despejó apenas salimos de ese pueblo. En un recodo de la carretera, mi novio paró el coche y todos los ocupantes, salvo yo, bajaron a hacer pis.

Hola, Aloma. Las escenas que me has descrito son preciosas. Si hubiese en esta casa niños pequeños se las contaría como los cuentos que son.


Nota original publicada en el portal de letraslibres.com el 11 de agosto de 2026: https://letraslibres.com/literatura/espliego-que-no-faneca-iii/11/08/2026/.

#ExpresionSonoraNoticias #Sonora #Hermosillo #RedesSociales #ESN #Siguenos #NoticiasSonora #HermosilloInforma #SonoraMX #MexicoInforma #NoticiasMexico