El Pentágono afina su estrategia de «fin del mundo»: rearme y autosuficiencia ante un escenario global

Por: Expresión Sonora Noticias

En medio de un tablero geopolítico cada vez más tenso y polarizado, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos ha decidido mover ficha más allá de los viejos manuales de la Guerra Fría.

La actualización de su plan de contingencia deja al descubierto una realidad que ya no se oculta tras puertas cerradas: la necesidad urgente de preparar al aparato militar y logístico para un escenario de conflicto a gran escala que ponga contra las cuerdas la infraestructura crítica del país.

De los refugios subterráneos a la soberanía operativa

Durante décadas, la doctrina de continuidad gubernamental apostaba por resguardar a las altas esferas de mando en complejos blindados —como el emblemático refugio de la montaña Cheyenne— frente a la amenaza de un ataque nuclear clásico. Sin embargo, la lectura actual de los riesgos globales cambió drásticamente.

Hoy, el mayor temor de los estrategas militares no es solo la destrucción atómica directa, sino el colapso sistémico provocado: cortes masivos en las redes eléctricas, la parálisis total de las cadenas de suministro globales y el aislamiento absoluto de las bases militares respecto a los servicios básicos.

Ante este panorama de vulnerabilidad estructural, la nueva directiva del Pentágono —denominada «Fortress»— establece que todas las instalaciones militares principales en el territorio continental estadounidense deberán ser capaces de operar de manera completamente autónoma durante un periodo mínimo de 90 días. Esto implica contar con recursos propios e independientes de agua, electricidad, combustible y sistemas de comunicación.

Abastecimiento estratégico y producción de guerra

Documentos filtrados y revisados por medios de comunicación revelan que la iniciativa contempla un despliegue logístico sin precedentes:

Generación de energía limpia y alterna: Se proyecta el uso de reactores nucleares portátiles y microredes para garantizar el respaldo eléctrico permanente.

Reservas críticas: Acumulación masiva de municiones, suministros médicos, piezas de repuesto y minerales esenciales para evitar cualquier cuello de botella ante un bloqueo.

Movilización industrial civil: El plan busca que las fábricas y la industria civil estén preparadas para reconvertirse de inmediato hacia la producción de material bélico si los proveedores extranjeros quedan fuera de combate.

La sombra del ciberespacio y el escenario con China

Expertos en seguridad internacional coinciden en que la próxima gran confrontación global ya no se librará únicamente en los frentes tradicionales, sino en el terreno digital y tecnológico. Los reportes apuntan directamente a potencias como China, señalando que los constantes ciberataques —como los atribuidos al grupo Volt Typhoon— forman parte de una estrategia deliberada para mapear, tensionar y vulnerar la infraestructura crítica de Occidente (redes eléctricas, telecomunicaciones y transporte) antes de que cualquier conflicto físico comience.

Mientras aliados tradicionales como el Reino Unido han comenzado a sugerir a sus poblaciones que mantengan reservas básicas de suministros para situaciones de emergencia, los gobiernos ajustan las tuercas de su seguridad interna.

La pregunta ya no es si el sistema es vulnerable, sino qué tan preparados están los Estados para sostenerse en pie cuando las cadenas globales se rompan.