– Autor, Dalia VenturaTítulo del autor, BBC News Mundo
– Fecha de publicación 8 horas
– Tiempo de lectura: 11 min
– Autor, Dalia Ventura
– Título del autor, BBC News Mundo
El hombre debe ser un caballero y la mujer debe ser conquistada. Ella debe ponerse linda, él pagar la cuenta. Él toma la iniciativa, ella se hace la difícil. Y nada de sexo sin previo compromiso.
Consejos que muchas mujeres han escuchado, ya fuera antaño, cuando regían estrictas normas de cortejo, o después, a pesar de los cambios que trajeron el movimiento de liberación de las mujeres y la posterior revolución sexual.
El libro «Las reglas del juego» de Ellen Fein y Sherrie Schneider (1995), por ejemplo, fue un éxito por ofrecer tácticas para atrapar al hombre de los sueños, que incluían no hablarle primero ni llamarlo jamás; nunca pagar y ni siquiera besos apasionados en las primeras citas.
Pero ahora estamos en la era de internet… y de la desazón.
Todo es más extremo, y un poco más amargo.
¿Qué queda cuando los consejos de la abuela se cruzan con algoritmos y desencanto colectivo?
La femosfera. Un ecosistema de influencers, foros, pódcasts y consejos que llama a las mujeres a replantearse el amor -despojándolo de cualquier espejismo romántico- y a transformar la forma en que afrontan las relaciones.
Más que eso: las anima a «tomar la píldora rosa», referencia a la «píldora roja» del filme The Matrix, en la que simbolizaba el acceso a una realidad oculta.
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En el caso de la rosa, esa realidad no está oculta, solo velada. Las relaciones heterosexuales están estructuralmente desequilibradas en favor de los hombres, sostienen, así que hay que aprender a detectar patrones masculinos, elevar los estándares y evitar relaciones perjudiciales.
La metáfora de la película ya había sido apropiada por la manosfera, esa corriente que aglutina a una selección variopinta de hombres que se sienten amenazados por las mujeres y reaccionan con actitudes y discursos agresivos.
Para ellos, la píldora roja designa el despertar de quienes «ven» la supuesta manipulación femenina y un sistema que -según creen- perjudica a los hombres.
Esa reapropiación y reversión de términos que hace la femosfera no es rara. Al fin y al cabo, es, en parte, una reacción a la agresión de ese turbio submundo masculino.
Así que cuando te asomas a observar ambos fenómenos, notas rápidamente similitudes, pero también profundas diferencias.
La más fundamental, como enfatiza la Dra. Jilly Kay, quien acuñó el término ‘femosfera’, es que esta «no supone el mismo tipo de amenaza social ni de violencia en el mundo real» que la manosfera.
«Aunque ciertas comunidades son espejo de algunas de las tácticas y del lenguaje, o a veces deshumanizan a los hombres así como ellos lo han hecho con las mujeres -le dijo a BBC Mundo-, eso no significa que sean equivalentes».
La manosfera, explica la experta en estudios culturales y mediáticos feministas de la Universidad de Loughborough, es una exacerbación de la violencia masculina contra las mujeres, un problema social endémico.
«No existen las mismas condiciones sociales para que la femosfera provoque una amenaza de violencia masiva femenina contra los hombres».
Lo que sucedió, señala Kay, es que las redes les permitieron compartir experiencias y, al encontrar tantas similitudes en tantos lugares, concluyeron «que todos los hombres son y siempre serán fundamentalmente terribles, y que no hay nada que puedas hacer para cambiarlos social o emocionalmente, así que tenían que unirse, planificar y actuar de una manera despiadadamente egoísta».
Con todo y eso, subraya Onyinyechi Ezeanowi, activista por los derechos de las mujeres y experta en entornos digitales, «no hay una equivalencia femenina de la manosfera. No tenemos mujeres que le enseñen a otras mujeres a abusar o a ser violentas contra los hombres».
«Les estamos enseñando empoderamiento, y a que se defiendan y luchen por sus derechos e igualdad», asegura en conversación con BBC Africa.
Aunque Ezeanowi no se identifica con muchas de las ideologías de la femosfera, sí entiende su rumbo.
Si nos tomamos la píldora rosa, lo primero que entendemos es que, a pesar de todas las luchas de las mujeres, el mundo sigue funcionando a favor de los hombres.
La brecha salarial y pensional sigue siendo enorme, pocas mujeres han logrado alcanzar posiciones altas en cualquier esfera, la justicia aún no responde apropiadamente a casos de violencia doméstica, violaciones, acoso o abusos.
Encima, desde el punto de vista de la femosfera, las feministas anteriores alentaron a las mujeres a comportarse como hombres, y eso terminó favoreciéndolos a ellos.
Señalan, por ejemplo, que el sexo casual es precisamente lo que buscan, o que en la vida de pareja la carga de trabajo doméstico y emocional sigue recayendo mayoritariamente en los hombros de las mujeres, así tengan empleo, lo que las deja exhaustas, no empoderadas.
Si estás detectando ecos del feminismo tradicional, tienes razón. De hecho, muchas de las figuras de la femosfera se declaran feministas, pero sus reacciones y estrategias ante la situación son distintas.
«Rechazan el principio de igualdad, porque les ha fallado, así que la idea de ser realista es la filosofía subyacente: tienes que despertar a esta brutal verdad», explica Kay.
Fuente de la imagen, Cortesía de Jilly Kay
Si la igualdad de género es un delirio inalcalzable, «lo único que puedes hacer es aceptar esta idea tan tradicional de que hombres y mujeres tienen roles muy delimitados y diferentes en la sociedad».
Como en la manosfera, en la femosfera los géneros son considerados distintos, tanto física como psicológicamente, lo que para la primera prueba que las mujeres son inferiores, y para la segunda, que los hombres son el problema.
Pero, en lugar de intentar arreglar el sistema políticamente como se solía hacer, la femosfera le enseña a las mujeres a manipularlo individualmente.
La idea sería que si cada mujer se cuida a sí misma y evita caer en situaciones indeseables, habrá cambio, pues los hombres de bajo valor no encontrarán víctimas.
Y ahí nos topamos con una de los varias etiquetas que hay que comprender para navegar por ese mundo cuyo hogar son las redes sociales, pero que también se materializa en libros.
Hay que aclarar que la femosfera es un lugar diverso, de manera que no todas las comunidades que se identifican con una u otra influencer o espacios como el pódcast Female Dating Strategy (Estrategia de citas para mujeres) siguen exactamente el mismo guión.
Pero para orientarnos, sirve entender ciertos conceptos y clasificaciones tan reconocidas en esas esferas que no requieren explicación.
En la femosfera alientan a las mujeres a convertirse en la mejor versión de sí mismas, yendo al gimnasio, estudiando, vistiéndose bien y sanando sus traumas.
Además se tienen que descentrar, es decir, centrarse en su independencia financiera y en su paz mental, en lugar de dejar que todo gire en torno al romance, y que los hombres sean el centro de su vida.
La meta es convertirse en una MAV o Mujer de alto valor, y eso ocurre cuando deja de ver ese desarrollo personal como un regalo para el mundo, y empieza a verlo como un activo estratégico que requiere una inversión equivalente por parte del hombre.
Si, por el contrario, tras esforzarse tanto sigue aceptando migajas o ruega por amor, la femosfera la clasifica como una «Pick-Me» de alto nivel o una mujer ingenua.
Así, la MAV es una mujer que, tras evaluar fríamente su propio capital estético, social y psicológico, sabe cuánto vale y no se deja explotar por el mercado de las citas.
Esas MAVs buscan HAVs, hombres de alto valor.
Es el hombre ideal de su filosofía: proveedor, económicamente estable, emocionalmente maduro, respetuoso, leal, protector y generoso.
Su contraparte, el hombre de bajo valor (HBV), es tacaño o no tiene la capacidad económica, la estabilidad emocional, ni el instinto de protección para proveer a una mujer, no quiere progresar o exige atención sin dar nada a cambio.
En esas definiciones caben muchas otras cosas, y hay muchos otros términos pero al final hay una ecuación: en cualquier relación el hombre tiene que sumar y no restar.
Y es que, aunque parezca un poco contradictorio, muchísimos de estos espacios repletos de mujeres empoderadas, de lo que más hablan es de estrategias para conseguir pareja.
Hay varias cosas que a menudo les cuestionan, por ejemplo, la afirmación de que «todos los hombres son iguales».
La respuesta es: «Claro que sabemos que no todos lo son, pero si yo te doy una bolsa de dulces y te digo que el 10% está envenenado… ¿no examinarías con muchísimo cuidado cada uno antes de comértelo?».
Eso es lo que aconsejan hacer, sin piedad alguna.
Los estándares, por ejemplo, no son negociables: una MAV no da segundas oportunidades.
Si un hombre sugiere una primera cita barata (como ir a caminar o a tomar café) o propone ir 50/50 con los gastos, es descartado inmediatamente.
Las razones van desde el mayor poder adquisitivo que suelen tener los hombres, hasta el cálculo de cuánto invirtió ella en maquillaje, depilación, vestuario y peluquería para esa cita.
¿Muy frío todo? Pues sí, ¿y qué?, es la posición. Las mujeres no pueden seguir yendo a la batalla armadas con rosas, opinan.
Desapego y autocontrol emocional es uno de los escudos: no operan desde la necesidad de aprobación ni el miedo a la soledad.
Si un hombre reduce su esfuerzo o muestra conductas dudosas, la MAV se retira sin drama, sin explicaciones y sin llanto. Su atención como un recurso escaso.
Aunque se plantea como un juego transaccional manipulativo y crudo, lo curioso es que esos filtros pueden servir como un chaleco antibalas emocional para asegurarse de que el hombre con el que se sientan a la mesa no sea un narcisista, un estafador o un maltratador.
Los sujetos narcisistas y abusivos, por ejemplo, utilizan el Love Bombing (bombardeo de amor): les dicen que son el amor de su vida en la primera semana, las saturan de poemas, atención y promesas vacías.
Nota original publicada en el portal de bbc.com el 12 de julio de 2026: https://www.bbc.com/mundo/articles/c14yr2ye3p8o?at_medium=RSS&at_campaign=rss.
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