Ilustración: Andrés Otero.
¿Has perdido un empleo, enfrentado la muerte de una mascota o recibido el diagnóstico de una enfermedad y sentiste que debías ocultar tu dolor o tristeza porque nadie te iba a entender? Estas experiencias forman parte de los llamados duelos invisibles, silenciosos o desautorizados, pérdidas que, aunque generan un profundo impacto emocional, suelen pasar desapercibidas o carecer de reconocimiento social, explicó Mariana Rodríguez Lugo, académica del Departamento de Salud Mental de la Facultad de Medicina (FM).
De acuerdo con la universitaria, los duelos invisibles son aquellos derivados de situaciones que la sociedad no siempre reconoce como legítimas; puede decirse que determina cuáles son consideradas válidas para hablar y cuáles no.
“Al faltar apoyo social, este tipo de situaciones genera que quienes las atraviesan no se sientan en confianza para expresar lo que sienten o compartir su experiencia y, muchas veces, terminan por invalidar su propio dolor”, añadió Erika Gutiérrez Martínez, académica de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM.
En contraste, hay duelos que sí cuentan con un reconocimiento social, como la muerte de un hijo. “La sociedad te dice cómo vivir esta pérdida; por una parte, te brinda el espacio para procesar el fallecimiento y, si no lo haces, incluso puedes ser juzgado por no mostrar el dolor que te causó esa situación”, señaló.
Tipos
Gutiérrez Martínez consideró que, aunque hay distintos tipos de duelos invisibles, todos deben recibir la misma importancia. “Entre los más comunes se encuentra la pérdida de un animal de compañía. Las mascotas, al formar parte de la vida cotidiana y de los vínculos afectivos de una persona, su muerte representa una pérdida significativa; sin embargo, en muchas ocasiones no existe un espacio para procesar ese dolor”, explicó.
Otro caso es el de los abortos, Rodríguez Lugo comentó que debido al poco espacio que hay para hablar de este tema y al estigma que aún persiste en la sociedad, muchas mujeres viven el duelo de las pérdidas gestacionales en silencio e incluso con vergüenza de expresar su dolor, a pesar de que implica el fin de un proyecto de vida o de un vínculo.
Recibir el diagnóstico de una enfermedad también puede desencadenar un duelo silencioso, dijo Rodríguez Lugo. “En estos casos, la persona enfrenta la pérdida de la vida que llevaba hasta ese momento para adaptarse a una nueva realidad marcada por tratamientos, medicamentos, cuidados y cambios en su vida diaria”.
Asimismo, indicó que el término de una relación de pareja constituye otro tipo de duelo invisible. “Aunque haya un vínculo afectivo y una historia compartida, en ocasiones el entorno minimiza esa pérdida, cuando en realidad también requiere tiempo y acompañamiento para ser procesada y superada”.
Para Gutiérrez Martínez otro tipo de duelo lo viven las personas que mantienen una relación sentimental oculta y deciden ser amantes, pues pueden experimentar un duelo difícil de compartir cuando esta termina.
Además puntualizó que, en las enfermedades, por ejemplo, si eres familiar o conocido de alguien con algún trastorno mental, como una demencia, vives el duelo porque ya no tienes comunicación y una relación como solías tenerla con esa persona.
Afectaciones
Gutiérrez Martínez refirió que, en el aspecto emocional y psicológico, el duelo puede generar un aumento en la producción de cortisol, lo que ocasiona mayor agotamiento y hace que la persona se sienta más lenta en sus actividades cotidianas.
En relación con el ámbito cognitivo, sostuvo que puede dificultar la resolución de problemas, la atención y la memoria, debido a que gran parte de la actividad mental está centrada en aquello que ya no está presente.
Lo que puede complicar un duelo es la manera como cada persona responde a esta experiencia. No obstante, Rodríguez Lugo mencionó que las principales afectaciones aparecen cuando la persona deja de cuidar de sí misma, se aísla de quienes la rodean, presenta falta de apetito, abandona las actividades que antes disfrutaba y, además, empieza a juzgarse por la forma como lo vive.
Agregó que quien atraviesa por un duelo invisible puede experimentar tristeza, vergüenza, culpa, enojo, pero también, dependiendo del contexto, puede aparecer una sensación de libertad, por ejemplo quienes cuidaban de un familiar enfermo, pero debido a que es una sensación no válida, se suele ocultar.
“En los duelos invisibles, cada persona atraviesa el proceso a su propio ritmo y no hay un plazo determinado para dejar de sentir tristeza u otras emociones. La dificultad surge cuando aquéllas se reprimen o se intenta ocultarlas de forma constante, en lugar de permitirse expresarlas y procesarlas”.
¿Qué hacer?
El primer paso para afrontar un duelo invisible es reconocer las propias emociones. Mariana Rodríguez destacó la importancia de identificar lo que se siente, validarlo y tratarse con compasión, sin minimizar la experiencia ni exigirse superar la pérdida de inmediato.
“Lo recomendable es buscar apoyo en la familia, las amistades, los espacios académicos o incluso en personas que han atravesado experiencias similares, las redes de apoyo son esenciales. Además, en caso de ser necesario, acudir con un especialista de la salud mental”, enfatizó.
También, sugirió mantener los hábitos de autocuidado, como alimentarse adecuadamente, hacer actividad física y procurar conservar, en la medida de lo posible, las rutinas cotidianas. Aunque el malestar emocional permanezca, abandonar estas prácticas puede dificultar el proceso de recuperación.
Invitó a no luchar contra el dolor ni intentar reprimirlo, sino abrir espacio a las emociones difíciles, vivirlas con compasión y seguir avanzando hacia aquello que da sentido a la vida. “Se trata de caminar con el dolor y seguir haciendo las cosas que son importantes para nosotros”, concluyó.
Testimonios
Para Abdiel Baruch Martínez Ruiz, estudiante de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, el inicio de la carrera implicó un cambio para él, no sólo por empezar una nueva etapa en su vida, sino porque, a la par recibió un diagnóstico que nunca imaginó: foliculitis decalvante, una enfermedad que origina la caída de cabello de manera permanente; una de sus posibles causas sería la bacteria Staphylococcus aureus.
“Este padecimiento cambió mis días y me afectó mucho en mi autoestima, ya que ahora debo usar gorras todo el tiempo por la pena que siento de que mis compañeros de clase o las personas con las que me cruzo se den cuenta de que no tengo cabello, porque nadie lo entiende; la gente no suele ser empática con estas situaciones”.
Además, contó que el tratamiento para controlar la enfermedad conlleva muchos efectos secundarios como los labios resecos que no se quita con nada, también me afecta el estómago. “Ha sido difícil llevar la carrera y a la par atender el padecimiento, esta situación me produjo depresión, tristeza, que no me sienta bien conmigo mismo”.
“En la actualidad, estoy aprendiendo a quererme y valorarme más, aunque ya tengo muchas zonas sin cabello, creo que es importante comprender que yo no me defino por mi físico, sino por todo lo que soy, mis emociones, mis valores, mi educación, todo”.
Aura Xally Gómez López, alumna de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, sostuvo que este año vivió un duelo silencioso tras perder una amistad de tres años por una situación que no pudo solucionarse.
“Hace unos meses cortamos contacto y, aunque traté de salvar la amistad, decidí alejarme para respetar la decisión de mi examigo. Nunca imaginé que esto pasaría con una persona que consideraba muy importante, con quien pasé momentos alegres y difíciles; pensé que era una amistad para toda la vida”.
Al inicio del alejamiento se sentía triste y nostálgica al recordar las llamadas de horas y las pláticas en las que compartían su día a día. Aunque su familia conocía a su examigo y no vivió el duelo sola, durante el proceso recibió comentarios que invalidaban su sentir, como: “Es sólo un amigo”, “no te claves tanto” y “no es algo grave para que estés triste”.
“Gracias a esta situación aprendí a estar más presente con mis amistades, pues en ocasiones no les damos el valor que merecen. Es importante que sepan, a través de mis acciones, que son significativos en mi vida”.
Emma Paola Granados, estudiante de la Facultad de Derecho perdió su empleo hace menos de dos meses, en el que se desempeñaba como profesora suplente y daba clases a alumnos de licenciatura. “Al inicio me sentí con mucha incertidumbre sobre qué rumbo tomará mi vida laboral, pero también he sentido nostalgia y tristeza, pues en un espacio de trabajo convives con muchas personas y, por la cercanía que creas con ellas, cuesta un poco desprenderte”.
“Además, me acoplé a un horario y a las actividades que realizaba, y ahora debo desprenderme de eso para buscar un nuevo empleo. Entonces vienen más cambios y adaptaciones”.
José Luis Tovar Sagrado, de la Facultad de Filosofía y Letras, narró que hace nueve años su perro murió por eutanasia debido a su estado de salud. Cuando el estudiante nació, su mascota ya formaba parte de su hogar, por lo que ambos crecieron juntos.
“Los primeros días de su ausencia fueron muy tristes. Ya no estaba mi mascota, que corría hacia mí cuando me veía; su cama estaba vacía y se sentía que algo faltaba. Se perdió a un integrante más de la familia”.
Con el tiempo y la llegada de nuevas mascotas, acotó, logró superar la pérdida, pero, aunque se siga adelante, conserva el recuerdo de su perro.
Tania Ortega, egresada de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza, también perdió a su mascota hace cuatro meses. Dexter, como se llamaba, la acompañó cuando inició la carrera, pero ahora que cumplió el sueño de concluirla, él ya no está con ella.
“Es complicado llevar el proceso, ya que la gente no lo toma como un duelo real. Tienes que seguir con tu vida, tomar clases y hacer todo normal, por lo que no puedes tomarte un tiempo para sanar”.
“Si alguna vez atraviesan una situación de esta índole permítanse vivirla y experimenten todas las emociones que conlleva la pérdida. Creo que hace falta que se comprenda que no sólo son una mascota, ya son parte de nuestra vida”.
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Nota original publicada en el portal de gaceta.unam.mx el 26 de octubre de 2026: https://www.gaceta.unam.mx/duelos-invisibles-perdidas-que-tambien-necesitan-ser-reconocidas/.
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