En septiembre de 1985, el señor Hiroo Tominaga decidió acabar con su vida. La nota periodística dice que “lo encontraron con heridas en cuello y pecho en su casa de Yokohama y había un cuchillo de diez centímetros junto a su cuerpo”. Dejó un mensaje. “Con mi muerte expío mi culpa”.
Dieciocho meses después, Susumu Tajima se bebió una botella de herbicida y “dejó una nota de despedida para su esposa, quien lo halló en el baño el martes por la mañana”.
Tominaga había sido empleado en el área de mantenimiento de Japan Airlines y Tajima, jefe de inspectores del Ministerio de Transporte en el aeropuerto Haneda de Tokio.
A ambos les cayó en la conciencia su parte de responsabilidad por el accidente del 747 de la aerolínea japonesa en el que murieron 520 personas. Se determinó que la causa fue una mala reparación que se había realizado siete años antes. Se trata de una pieza que aguantó doce mil vuelos, pero poco a poco se fue desgastando, hasta que la presión de la cabina la reventó, y esa explosión destrozó el estabilizador vertical. Los pilotos perdieron la capacidad de maniobrar el avión y tras treintaidós minutos angustiantes se estrelló en un cerro.
Ni uno ni otro fueron responsables directos de esa mala reparación, pero en esos siete años tuvieron la posibilidad de haberse percatado del error. No fue negligencia criminal, como diciendo “Ya cuando el avión se caiga ya va a ser otro pedo”, pero si hay una tradición de suicidio por honor en Japón es porque existe la tradición del honor.
Acudo al diccionario para no dejar el honor en términos ambiguos: “Cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo”.
Si de pronto hubiese una epidemia de honor, no sé cuánto harakiri o seppuku habría en el mundo o en nuestro país.
Los propios señores Tominaga y Tajima quebraron algunas tradiciones niponas. El recurso del herbicida no habría sido bien visto por un samurái. Mucho más cerca estuvo el señor Tominaga con el cuchillo de diez centímetros, si bien el defecto mayor está en escribir: “Con mi muerte expío…”.
La antigüedad dictaba que no se dejaran cartas, sino poemas de muerte, y en estos versos lo correcto era no mencionar la palabra “muerte”, ni transmitir angustia o pesar. La despedida tenía que hacerse con una carga de belleza.
Nota original publicada en el portal de letraslibres.com el 7 de noviembre de 2026: https://letraslibres.com/cultura/con-mi-muerte-expio-mi-culpa/06/11/2026/.
#ExpresionSonoraNoticias #Sonora #Hermosillo #RedesSociales #ESN #Siguenos #NoticiasSonora #HermosilloInforma #SonoraMX #MexicoInforma #NoticiasMexico

Más historias
Con mi muerte expío mi culpa
Reconcilia Musacchio en su funeral a la República de las Letras
Nombran a Anel Pérez integrante del jurado del Premio Hans Christian Andersen