Atres meses de que el primer ministro de Israel y prófugo de la Corte Penal Internacional (CPI), Benjamin Netanyahu, ordenara el secuestro de 430 tripulantes de la Global Sumud Flotilla, el ministerio de Justicia de Turquía emitió una orden de arresto internacional para su captura. La justicia turca precisó que el primer ministro es imputado por “crímenes contra la humanidad, genocidio, privación agravada de la libertad, ataques y lesiones voluntarias, tortura, destrucción de bienes, saqueo agravado y apropiación indebida de vehículos de transporte”.
En mayo pasado, Israel impidió por tercera vez que el grupo de activistas organizador de esa flotilla llevara ayuda humanitaria a la población de Gaza que padece la ocupación israelí y la determinación de ese país de aniquilar mediante hambre y enfermedades a quienes no murieron bajo las bombas. En octubre de 2025, 450 activistas fueron secuestrados, y a finales de abril pasado, 100 fueron plagiados y trasladados contra su voluntad a la isla griega de Creta, mientras el español Saif Abukeshek y el brasileño Thiago Ávila permanecieron secuestrados en aislamiento total y sometidos a torturas hasta el 10 de mayo.
En el último de estos episodios, el ministro israelí de Seguridad Nacional, el ultraderechista Itamar Ben-Gvir, publicó un video en el que aparecían activistas de la “flotilla por Gaza” arrodillados y con las manos atadas tras su detención en el mar mientras los plagiarios reían. No fue cesado ni reprendido por el primer ministro, quien comparte la política de exterminio de su subordinado.
Ante la impunidad interna y la complicidad de buena parte de la comunidad internacional esta semana, Ben-Gvir recomendó “matar 30 o 40 palestinos cada noche”, incluidos aquellos que “no representen una amenaza inmediata, porque no merecen vivir, ni siquiera son personas”. También afirmó que los alrededor de 10 mil palestinos secuestrados por Israel deberían ser ahorcados “uno por uno” y prometió hacer “todo lo que esté a mi alcance y poner el mundo patas arriba” para que los ahorcamientos ocurran.
Además, llamó a colonizar de forma permanente toda la franja: “considero que toda Gaza es nuestra. Deberíamos tener asentamientos no sólo en Gush Katif (colonia israelí en el enclave palestino desmantelada en 2005), sino en toda la franja, fomentando la mayor emigración posible, enviándolos a sus países de origen y para los terroristas nada de emigración, nada, simplemente matarlos uno por uno”.
Ben-Gvir omitió que el país de origen de los palestinos es Palestina, la tierra entre el mar Mediterráneo y el río Jordán que, desde la limpieza étnica iniciada en 1948, es ocupada ilegalmente por sionistas, ellos sí, llegados de Europa, Asia y Estados Unidos.
Si bien Turquía dista de ser un referente en materia de derechos humanos y su orden de arresto contra Netanyahu está más motivada por razones geopolíticas que por un sentido de deber moral, el hecho es que Ankara ha dado al resto del mundo un ejemplo al tomar las acciones correctas hacia un régimen que hace mucho tiempo dejó de disimular sus intenciones genocidas y perdió de manera irreversible el manoseado recurso de apelar a la “defensa propia” en su violencia contra el pueblo palestino.
Por ello, más que distraerse en consideraciones sobre los propósitos del gobierno de Recep Tayik Erdogan, la comunidad internacional –y en particular los estados parte del Estatuto de Roma– debe centrarse en hacer valer las órdenes de captura contra Netanyahu y los demás responsables de operaciones de limpieza étnica.
Nota original publicada en el portal de La Jornada el 22 de agosto de 2026: https://www.jornada.com.mx/2026/08/22/opinion/002a1edi?partner=rss.
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