febrero 23, 2021

Volvieron las oscuras golondrinas

Se documenta, una vez más, la falacia mil veces repetida, en los medios de comunicación, de que la “incertidumbre” de las políticas públicas de la actual administración del Poder Ejecutivo Federal (publicadas por Editorial Grijalbo desde 2005 y reiteradas desde 2011) hundiría la economía nacional.

Varios indicios de importancia que no han sido suficientemente ponderados en las noticias, nos dejan ver con toda claridad que nuestra sociedad tiene una enorme capacidad de resiliencia (o sea: de aguante y de rebote); y que, en medio de las procelas ocasionadas por la pandemia, y de la necesidad de darle (como en todo el mundo) prioridad a la salud y sobrevivencia de la sociedad nacional, la economía mexicana nos muestra, con toda la cautela del caso, indicios serios de que ya viene la primavera.

Para documentar nuestro precavido optimismo, fijamos nuestra atención en dos elementos: los bonos golondrinos y las remesas de nuestros paisanos a sus aguantadoras familias.

En realidad, los bonos no son golondrinos. Golondrinos son sus asustadizos (y asustadizas) portadores, que en muchas ocasiones “invierten” los ahorros de toda su vida comprando bonos de gobierno, propio o ajeno, porque los consideran a salvo aun cuando los rendimientos les resulten menores.

Pero la “incertidumbre” tan repetida no es una noticia, es una campaña; y la gente se asusta. No hablamos de inversionistas, hablamos de ahorradores que aportan el trabajo de toda su vida para tener un retiro seguro y tranquilo comprando bonos.

En nota reciente el Banco de México nos hace saber que los depósitos de extranjeros (individuales) en bancos mexicanos y “en deuda pública” (o sea: bonos) aumentaron nueve por ciento, el monto más alto en nueve meses de 2020.

El reporte más reciente del Banco de México: “Agregados monetarios y actividad financiera” anuncia que, en fondos de deuda pública, entre otros, la compra ya sumó dos billones (millones de millones) más 143 mil millones de pesos. Lo que “exhibe mayores compras de deuda pública mexicana por parte de extranjeros”.

Dice la nota que: “tras la estampida que generó la pandemia en los mercados internacionales, y la deuda del gobierno (que creció desmesuradamente en los últimos 36 años) los flujos no habían registrado una recuperación continua como ésta”. Volvieron a México.

Por otro lado: nuestros heroicos paisanos; su trabajo es el motor de nuestra recuperación. Y en ambos casos: bonos y remesas, estamos hablando del trabajo humano honrado como la verdadera palanca del desarrollo económico. No de malabares financieros.

De enero a noviembre de 2020, y sin contabilizar todavía el mes de diciembre recientemente pasado, las remesas de nuestros heroicos compatriotas a sus familias y a sus comunidades han alcanzado ya los 36 mil 945 millones de dólares, según reporte también del Banco de México.

Dicha aportación, a la parte más débil y más agradecida del “mercado” mexicano, representa un aumento cercano al 11 por ciento. Es de imaginar el dinamismo que inyecta con su gasto familiar esta aportación valiente a los espacios más necesitados de nuestra economía. Están volviendo las golondrinas. Se acerca la primavera. 

egaraiz@gmail.com

Tomado de http://milenio.com/rss/

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