Visas de EU: insidia e injerencia

La cancelación de la visa estadunidense a Andrés Manuel López Beltrán, ex secretario de Organización de Morena y ahora aspirante a una diputación por ese partido, se suma a otros casos en los que ese documento migratorio es utilizado por el gobierno estadunidense como instrumento de golpeteo político, siembra de sospechas e injerencismo político, como señaló en su conferencia mañanera de ayer la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.

La arbitrariedad y la discrecionalidad de la medida adoptada contra el hijo del ex presidente Andrés Manuel López Obrador, sobre quien no pesa ninguna acusación judicial en cortes estadunidenses o mexicanas, quedan en evidencia si se le contrasta con la situación del prófugo de la justicia Francisco García Cabeza de Vaca, quien goza de residencia permanente en Texas, o con la de otros requeridos por los tribunales nacionales y cuyas solicitudes de extradición Washington no ha querido conceder. Contrasta, también, con la libertad con la que el presidente nacional del Partido Revolucionario Institucional, Alejandro Moreno Cárdenas, visita la capital estadunidense para pedir abiertamente la intervención del país vecino en asuntos electorales mexicanos.

Se evidencia, así, un empleo faccioso del estatus migratorio para perjudicar al gobierno de México y al partido en el poder, y favorecer a sus opositores, táctica que no guarda relación alguna con los criterios administrativos que un país aplica normalmente para conceder o denegar el ingreso de extranjeros a su territorio.

Por otra parte, la propaganda fóbica con la que el trumpismo busca justificar su persecución a los migrantes –a quienes suele calificar sin ningún distingo de delincuentes, narcotraficantes, violadores, terroristas– le permite colocar implícitamente una etiqueta denigratoria e insidiosa en cada denegación de visa, un mensaje que los sectores alineados con la Casa Blanca se encargarán de repetir y de convertir en abierta calumnia, incluso sin necesidad de que exista señalamiento judicial por parte de Washington; es decir, conlleva un sentido difamatorio y ominoso que medios, opinadores y granjas de bots se encargarán de repetir hasta el cansancio.

Causa, por ello, un perjuicio adicional a las personas afectadas, para muchas de las cuales la imposibilidad de ingresar a Estados Unidos constituye un problema profesional, familiar o de negocios, como es el caso de empresarios, comerciantes, artistas, académicos, funcionarios internacionales, deportistas y, en el caso de México, residentes de la franja fronteriza, para quienes el cruce al otro país forma parte de sus quehaceres cotidianos.

En el contexto de la integración económica mexicana con el vecino del norte, este manejo perverso de los visados constituye una agresión particularmente lesiva e irritante. Todo mundo en ambos lados del río Bravo, salvo Trump y su camarilla de fanáticos, sabe que el bienestar, la prosperidad y la estabilidad de ambas naciones requieren de buena relación bilateral, y que envenenarla con esta clase de mezquindades no es positivo para ninguna de ellas. En la presente circunstancia, sin embargo, cuando en Estados Unidos la xenofobia gubernamental se traduce con creciente frecuencia en agresiones incluso mortales y cuando Washington emplea sus visas como instrumento de intervención y golpeteo político, parece recomendable abstenerse de solicitar esos documentos y de viajar al país vecino, a menos que resulte realmente indispensable. Nada es para siempre, y ya llegarán a la Casa Blanca gobiernos menos agresivos e inhumanos que el actual.


Nota original publicada en el portal de La Jornada el 15 de agosto de 2026: https://www.jornada.com.mx/2026/08/15/opinion/002a1edi?partner=rss.

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