Una mujer libre de violencia transforma 12 vidas

Cada mujer que rompe el ciclo de la violencia puede transformar la vida de al menos otras 12 personas. Samantha Báez, directora y cofundadora de Casa Gaviota, Un Vuelo Sin Violencia, sabe que salir de ese hoyo exige más que reconocer el maltrato: hacen falta una red de apoyo, terapia, autonomía económica y otras mujeres dispuestas a tender la mano.

La violencia no siempre deja moretones. A veces se manifiesta en el insomnio, las migrañas, la angustia, la tristeza o un llanto cada vez más frecuente. El cuerpo comienza a hablar mucho antes de que encontremos las palabras para nombrar lo que nos sucede.

“A veces creemos que la violencia es invisible. En realidad, a lo que no nos atrevemos es a sentirla”, explica Báez en entrevista con Excélsior.

Puede ser una caída de cabello inexplicable, un dolor de estómago después de una discusión o una angustia que no cede. También la dificultad para concentrarse, la tristeza que se instala o la sensación de apagarse poco a poco.

Pero seguimos ahí. Intentamos que la relación funcione y nos convencemos de que quizá exageramos, de que todas las parejas tienen problemas, de que mañana será diferente.

Mientras tanto, el cuerpo acumula aquello que todavía no nos atrevemos a mirar.

“Si estoy llorando más de lo que estoy disfrutando, hay algo que no está bien y a lo que necesito prestar atención”, advierte Samantha, quien acompaña desde Casa Gaviota a mujeres que buscan recuperar su autonomía y reconstruir sus vidas.

La violencia puede instalarse gradualmente, disfrazada de preocupación, celos, bromas o promesas de amor. Cuando una mujer consigue nombrarla, quizá lleva años intentando adaptarse a ella.

LA VIOLENCIA NO SIEMPRE COMIENZA CON UN GOLPE

En 2009 el Instituto Politécnico Nacional desarrolló el violentómetro, una herramienta para identificar distintas manifestaciones de violencia, desde las que suelen normalizarse hasta las más extremas.

En sus primeros niveles aparecen las bromas hirientes, el chantaje, las mentiras, la ley del hielo, los celos, la vigilancia de las redes sociales y la descalificación. Conductas que pueden justificarse como muestras de amor, aunque formen parte de una dinámica de control.

La violencia puede escalar hasta las agresiones físicas y sexuales e incluso el feminicidio. Reconocerla importa porque aquello que hoy parece aislado puede convertirse en un patrón. Acostumbrarse al maltrato también significa, a veces, dejar de reconocerlo.

El primer paso no siempre consiste en tener todas las respuestas. A veces basta con atreverse a preguntar: ¿qué me está pasando?

Samantha encontró esa respuesta junto a su madre, Dolores —Lolita— Blancas, y después al acompañar a otras mujeres que necesitaban lo mismo que ellas: alguien que las escuchara sin juzgarlas y les ayudara a encontrar una salida.

DE LA OSCURIDAD A LA LUZ

Samantha tenía 20 años cuando comenzó a comprender que la violencia también puede reproducirse de generación en generación. Su madre había vivido violencia familiar; ella, a su vez, experimentó maltrato durante el noviazgo.

“Repetí patrones”, recuerda.

Salir de ahí exigió mucho más que tomar una decisión. Hace 22 años, ambas tuvieron dificultades para encontrar información especializada, comprender las violencias que vivían y entender por qué las habían permitido y repetido.

Necesitaron terapia psicológica y psiquiátrica, acompañamiento y el respaldo de mujeres que conocían ese dolor. Personas capaces de reconocerlo sin minimizarlo y mostrarles que era posible vivir de otra manera.

Una mujer libre de violencia transforma 12 vidas - Ilustración 1

Lolita encontró en la escritura una forma de sostenerse. Durante años llevó un diario en el que registró lo que vivía. Escribir le permitía recordar que lo que le ocurría era real, incluso cuando la hacían sentir que estaba perdiendo la razón.

Aquel diario se convirtió en un libro: De la oscuridad a la luz. Cuando terminó el manuscrito, su terapeuta le hizo una sugerencia: si quería ayudar a otras mujeres, debía publicarlo.

Lolita comenzó a presentar la obra en librerías, acompañada de una psicóloga y de una abogada. En cada encuentro aparecían mujeres con preguntas e historias de violencia. Muchas desconocían sus derechos o creían que no podían demandar al padre de sus hijos. Habían aprendido que debían aguantar, preservar el matrimonio y mantener unida a la familia, incluso a costa de su seguridad.

Una conferencia podía conmover, pero no resolver todas sus dudas ni ofrecer las herramientas necesarias para empezar de nuevo. Era insuficiente ante el nivel del problema.

Samantha y su madre entendieron entonces que debían ir más allá del testimonio. Así nació Casa Gaviota, una asociación civil que desde 2012 trabaja para contribuir a la erradicación de la violencia contra las mujeres.

APRENDER A VIVIR DE NUEVO

La recuperación no llegó de un día para otro. Samantha necesitó terapia y acompañamiento. Tampoco hubo una fecha exacta en la que pudiera decir que había sanado.

“Simplemente comencé a estar más feliz, menos triste, sonreía más y buscaba cosas que me hicieran feliz”.

Volvió a salir con otras personas, recuperó los encuentros con sus amigas y empezó a ocupar espacios que el sufrimiento había reducido. No hubo una transformación espectacular, sino pequeñas señales. Salir de la violencia también significó recuperar la posibilidad de elegir.

TRES HERRAMIENTAS PARA SALIR DEL HOY

En Casa Gaviota identifican tres herramientas fundamentales para acompañar a las mujeres: una red de apoyo, el fortalecimiento de la autoestima y la autonomía económica.

La primera consiste en encontrar personas que estén verdaderamente a favor de la mujer y de su libertad. A veces, quienes están más cerca no son quienes mejor pueden acompañarla. Una madre educada para preservar el matrimonio a cualquier precio puede recomendarle que aguante; la familia de su pareja puede minimizar las agresiones o presionarla para que regrese.

“Necesitamos buscar personas que estén a favor de nosotras y de nuestra libertad”, señala Samantha.

La segunda herramienta es el trabajo emocional. La violencia puede deteriorar la autoestima hasta hacer que una mujer dude de sus capacidades, crea que no puede vivir sin su pareja o piense que será incapaz de sostenerse por sí misma. Recuperar la confianza requiere tiempo y reconocer las habilidades que el maltrato pudo hacerle olvidar.

La tercera es el dinero. “Tenemos derecho a generar ingresos, a querer ganar más, a trabajar y a perseguir nuestros sueños y ambiciones”, afirma Samantha.

La autonomía económica no resuelve por sí sola la violencia, pero amplía las posibilidades de salida. Tener ingresos y recursos para pagar una vivienda, la alimentación y otras necesidades básicas puede marcar la diferencia entre permanecer por obligación y contar con alternativas reales.

La libertad también necesita condiciones materiales para ejercerse.

EL DINERO NO ES UNA AMBICIÓN QUE DEBAMOS DICULPAR

A las mujeres se les ha enseñado que querer dinero puede convertirlas en interesadas, que pedir un aumento es una osadía y que aspirar a un mejor puesto significa descuidar a la familia.

La culpa aparece incluso antes de levantar la mano. A ello se suma el trabajo de cuidados: maternar, limpiar, cocinar, educar y atender la salud familiar son tareas indispensables que con frecuencia permanecen invisibles y sin remuneración. Incluso quienes trabajan fuera de casa suelen cargar con buena parte de esas responsabilidades.

Una mujer libre de violencia transforma 12 vidas - Ilustración 2

Para Samantha, empoderarse también significa dejar de disculparse por querer una vida mejor.

La violencia tampoco distingue entre clases sociales. Casa Gaviota acompaña a mujeres de distintos contextos económicos: desde quienes tienen recursos limitados hasta directivas y CEO. Tener dinero, estudios o una posición profesional no vuelve a nadie inmune al maltrato ni garantiza una red de apoyo capaz de reconocerlo.

Su acompañamiento incluye asesoría legal, terapia psicológica con perspectiva de género y feminista, talleres de reflexión y grupos de lectura.

Parte de su labor consiste en desmontar los relatos con los que muchas aprendieron a imaginar el amor.

La vida no termina en una boda ni comienza necesariamente ahí. El amor romántico puede convertirse en una trampa cuando se confunde con sacrificio permanente, dependencia o la obligación de soportarlo todo.

Desde su fundación, en 2012, Casa Gaviota reporta haber acompañado a más de 130 mil personas. También ha construido alianzas con empresas y organizaciones para ampliar las oportunidades de las mujeres.

UNA MUJER PUEDE TRANSFORMAR VIDAS

En Casa Gaviota manejan una cifra que resume el alcance de esa recuperación: una mujer que sale de la violencia puede transformar la vida de al menos otras 12 personas de su entorno.

Lolita suele contar una historia que explica esa forma de acompañamiento.

Una mujer camina y cae en un hoyo del que no puede salir. Pasa un médico, escucha lo ocurrido y le arroja una receta antes de marcharse.

Hasta que llega otra mujer. Le pregunta qué sucedió y, al saber que cayó en el hoyo y no puede salir, se arroja junto a ella.

La primera se sorprende.

“¿Por qué hiciste eso? Ahora ninguna de las dos sabe cómo salir”.

La otra responde: “Yo estuve en este mismo hoyo que tú. Yo sé cómo salir”.

Y comienza a ayudarla a encontrar el camino.

La historia no significa que las mujeres deban resolver solas los problemas de otras. Habla del valor de encontrarse con alguien que conoce el dolor desde dentro, no lo minimiza y puede acompañar sin juzgar.

Quizá el primer paso para salir de la violencia sea reconocer que algo nos duele. No existe un único camino ni un tiempo idéntico para todas. Pero el cuerpo puede dar la primera señal.

A eso apuesta Samantha Báez desde Casa Gaviota: a que ninguna mujer tenga que atravesar sola el hoyo de la violencia y a que quienes consiguen salir puedan ayudar a otras a construir una vida distinta.

“Cuando una gaviota se adelanta, siempre regresa por las demás”.

Esa es, dice Samantha, la maravilla de su trabajo.


Nota original publicada en el portal de excelsior.com.mx el 25 de octubre de 2026: https://www.excelsior.com.mx/nacional/mujer-libre-violencia-transforma-12-vidas.

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