Un balance de la Huelga General del 17 de marzo

Un balance de la Huelga General del 17 de marzo

Tomado de https://vientosur.info/


El resultado cuantitativo de la Huelga ha sido claro y tajante: más de 105 000 manifestantes en las capitales por la mañana y una segunda tanda por las tardes en casi todos los pueblos y ciudades de Euskal Herria: imposible de cuantificar. Respecto a los paros estos han abarcado a la mayoria de la industria, y de forma desigual a los otros sectores.

El resultado cualitativo impresionante. El tema del salario mínimo interprofesional se ha instalado definitivamen en la agenda social.

El tema del salario mínimo ha sido el factor unificador, pero el resto de las reivindicaciones (vivienda, cuidados, jubilaciones, etc) no se han olvidado, estando presentes en todas las manifestaciones. Han tenido un impacto importante las exigencias de las trabajadoras del sector domestico y de servicios de cuidado, con su componente racializado y decolonial.

Ha habido acciones contra la guerra en Puerto de Bilbao.

Como curiosidad, en Pamplona, EHKS-GKS, CNT (que en otros lugares ha participado dentro de las convoctarioas unitarias), CGT y Anticapitalistas se han situado fuera de las manifestáciones unitarias en nombre de la unidad de la clase trabajadora en torno a un paquete de reivindicaciones mas amplias. Es de señalar que GKS ha estado muy activo en la huelga pero con piquetes y movilizaciones al margen del resto sindical.

Esperpénticas las actitudes de UGT Y CC OO y Sumar, contrarias a la exigencia de una salario mínimo para Euskal Herria por considerarla una reivindicación insolidaria con el resto de los trabajadores del Estado.

Esta huelga sido posible porque en Euskal Herria existe una mayoría sindical que entiende que la negociación solo es viable y posible por medio de la confrontación. Esta actitud la desmarca de CC OO Y UGT, que solo saben negociar a la baja. En efecto, la patronal Confebask se ha negado sistemáticamente a discutir el tema del salario mínimo de 1500 euros. Y en el parlamento vasco PNV y PSE se negaron siquiera a tramitar su discusión a pesar del respaldo social mayoritario a la Iniciativa Legislativa Popular presentada por la mayoría sindical (al igual que hicieron con el movimiento de pensionistas y su petición de pensión minima igual a salario minino ineterprofesional). Anteriormente habían exigido al Gobierno Vasco que llevase al parlamento español la proposición de que el Estatuto de los Trabajadores posibilite a las comunidades autónomas, y no solo a la vasca y la navarra, la potestad de tramitar el salario mínimo interprofesional.

Mención especial a la actitud del PNV y la del Gobierno Vasco contra la huelga, sosteniendo la vía de la negociacion frente la confrontacion, cuando es sabido que  (al igual que la patronal) se han negado a debatir en las instituciones los temas del salario y de la pension minima. Veremos quçe harán cuando estos temas pasen al Parlamento espanol.

Esta huelga ha estado precedida por la impresionannte conmemoración del del 3 de marzo, aniversario de la masacre de Gasteiz, y del 8 de marzo, igualmente impresionante. Los tres acontecimientos ha estado interconectados

Importante ha sido mantener durante 40 años en nuestra memoria colectiva lo ocurrido el 3 de marzo de 1976. En aquella coyuntura, el movimiento obrero tuvo que hacer frente a dos problemas: defender sus reivindicaciones y responder a la dictadura fascista. Hoy debemos afrontar un problema similar: luchar por nuestros derechos, entre ellos garantizar un salario mínimo interprofesional digno y responder a los herederos del franquismo que llaman a la puerta. Y solo hay un camino: constituir un frente único del movimiento obrero y, al mismo tiempo, organizar a la mayoría social de este pueblo.

Quienes participamos en las comitéss de huelga y en amplios espacios de movilización durante la huelga del 30 de enero de 2020 pudimos comprobar lo eficaz y transversal que fue su organización y la importancia de llevarla a cabo no solo en los centros de trabajo, sino también en el ámbito social y comunitario.

Esta vez hemos repetido la fórmula. Sindicalistas, gente precaria, estudiantes y pensionistas, activistas sociales de todo tipo, feministas, ciudadanos y ciudadanas comprometidos con la huelga, y también trabajadores y trabajadoras del comercio y la hostelería, militantes de diferentes partidos políticos (si bien hay que destacar la aportación militante de EH Bildu, presente en la mayoría de los los comités de huelga y las movilizaciones con sus caras más conocidas defendiendo la huelga general para cabreo del PNV)… todos juntos, hemos organizando la huelga, elaborado argumentos, incorporando reivindicaciones propias, tejiendo complicidades: en una palabra, haciendo pueblo. A destacar la participación de una juventud estudiantil muy activa y de forma masiva en todas las movilizaciones. Una experiencia maravillosa.

Ayer y hoy podemos afirmar que ni las libertades políticas ni las mejoras económicas han sido concesiones de las clases dominantes, sino conquistas logradas mediante duras luchas.

Sin embargo, esos logros nunca están garantizados. Lo conseguido con gran esfuerzo puede perderse mediante contrarreformas y contrarrevoluciones si las clases dominantes consideran que tienen fuerza suficiente para inclinar la situación a su favor. Eso es lo que ha venido ocurriendo en los últimos veinte años y se intensificó tras la crisis de 2008. Así se abrieron de par en par las puertas del tsunami neoliberal, arrastrando como una riada muchas de las conquistas sociales anteriores.

Todos y todas sabemos que el poder de la burguesía reside en la propiedad del dinero y en el control del Estado. En cambio, los trabajadores, los sindicatos y la izquierda social y política no pueden olvidar que la verdadera fuente de su poder radica, fundamentalmente, en la capacidad de movilización en los centros de trabajo y en la calle. Y la huelga general es, aun con sus límites, una de las herramientas más eficaces. Eso sí, siempre que no se entienda como una acción aislada y que, tras la jornada de huelga, los sindicatos no regresen a los cuarteles de invierno o a la rutina habitual.

Desde que estalló la crisis hemos insistido en el mismo lema y no desistiremos: el capitalismo y sus instituciones económicas y políticas han tomado la iniciativa y nos han declarado la guerra, una guerra social, una guerra de clases. Y a ello deben responder al mismo nivel los partidos de izquierda, los sindicatos y los movimientos sociales afectados.

La crisis, con sus altibajos, será prolongada, y si se resuelve, será la correlación de fuerzas que se está disputando en todos los territorios y rincones del planeta la que determine su rumbo. No saldremos bien de esta situación si no enviamos al sistema que ha llevado al ser humano y a la naturaleza a una situación límite, al basurero de la historia y, al mismo tiempo, si no damos pasos firmes hacia la construcción de otro modelo de sociedad. La lucha —unitaria y amplia— es, además, la forma más eficaz de hacer frente al clima de guerra y al fascismo.

La Huelga General del 17 de marzo ha sido la repetición de lo que logramos hace 50 años en Gasteiz: un movimiento obrero (junto al feminista) enfrentándose ayer al franquismo y hoy a sus sucesores.

Joxe Iriarte, Bikila, es miembro de Alternatiba

Imprimir 🖨 PDF 📄

Tomado de https://vientosur.info/