Foto: cortesía de Alejandro y Jorge Martínez Vázquez.
Durante casi medio siglo, Danzas de la vida y la muerte durmió en unos casetes resguardados en los archivos de la Universidad de Stanford, lejos del país donde nació su autora. Hoy, la pieza electrónica que la compositora mexicana Alida Vázquez Ayala (1923-2015) creó en 1980 para la danza se escucha por primera vez en México, en el Espacio de Experimentación Sonora (EES) del Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC), y no llega sola: la acompañan cuatro obras comisionadas a compositoras contemporáneas que, como quien remonta un río, le inventan la descendencia que el olvido le negó.
“Cuando una obra se archiva, se le imposibilita construir una genealogía”, explicó el curador Guillermo García Pérez. Si nadie sabía que Alida existía, tampoco pudo influir en las generaciones jóvenes. De ahí el juego que da nombre a Danzas de la vida y la muerte. Genealogías reversivas de Alida Vázquez, y pedir a cada artista que imaginara haber conocido siempre aquella pieza y compusiera como si hubiese marcado su trabajo.
La trayectoria de Vázquez da la medida de esa deuda. Alumna de Julián Carrillo en el Conservatorio Nacional de Música, emigró a Nueva York en 1948; allí estudió con Vladimir Ussachevsky, pionero de la electrónica, y a los 54 años cursaba el doctorado en composición en la Universidad de Columbia, con acceso al Columbia- Princeton Electronic Music Center.
De acuerdo con García Pérez, cuando su tesis (el ballet Mexus Dances) fue rechazada, mantuvo su inscripción para seguir entrando, en silencio, a esos laboratorios, donde compuso hasta los primeros años de este siglo. Casi todo lo que produjo entonces se ha perdido: murió sola en Nueva York y nadie resguardó su archivo.
El rescate comenzó casi por azar. Teresa Díaz de Cossío, flautista, compositora e investigadora mexicana radicada en San Diego y cocuradora de la muestra, dio con Alida mientras buscaba repertorio de compositoras, y lleva cinco o seis años reconstruyendo su historia.
Por medio de la familia que la compositora aún tiene en Ciudad de México, solicitaron a Stanford las cuatro obras con electrónica que allí se conservan y eligieron la que mejor se prestaba a una versión multicanal. Las cartas que Alida envió a su amiga, la pianista y musicóloga Esperanza Pulido, quien las guardó por décadas, completaron el retrato.
En una, tras estrenar la pieza con la compañía de la coreógrafa estadunidense Claudia Gitelman, confesó: “Creo que he encontrado el idioma de la danza en mi música”.
“Alida veía esta pieza como un laboratorio de exploración, y para nosotros esta exposición también lo es casi 50 años después”, señaló García Pérez. Para el curador, la obra acumula primero una tensión atmosférica que luego se descompone en golpes percusivos de carácter puntillista; en ella todavía se perciben los saltos entre tonos del sintetizador analógico, una delicia para la arqueología de medios. La espacialización multicanal, a cargo de Tobías Álvarez, subraya esos pasajes casi coreográficos, hasta hacerla sonar, admitió, como otra pieza.
Las reversiones toman caminos distintos. Olivia Block halló en las cartas el deseo de Alida de experimentar con percusiones y combinó fragmentos de la obra con ellas, en la propuesta más arriesgada y juguetona.
Lea Bertucci partió de una ocarina de barro que encontró durante un viaje a México, para tejer un contrapunto con la electrónica. Debit, regiomontana que hace poco intervino archivos de cumbia rebajada de los años 90, armó un collage de muestras ralentizadas y procesadas; es la que más material original utiliza.
Díaz de Cossío, por su parte, entabla con su flauta el diálogo más formal y elegante. Dos son estadunidenses y dos mexicanas, una elección que emula las redes trasnacionales trazadas por la propia Alida y esquiva una lectura nacionalista.
“No queríamos que se quedara en la noción de un homenaje tradicional, sino que ese tributo se sintiera vivo y en el presente”, concluyó García Pérez.
La exposición, que se reproduce en bucle durante unos 45 minutos, ofrece en su ficha técnica pistas para orientarse (quien escuche percusiones está ante Block; quien oiga la ocarina, ante Bertucci), aunque la invitación es dejarse llevar por ese vocabulario colectivo. Podrá visitarse hasta el 11 de abril de 2027.
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Nota original publicada en el portal de gaceta.unam.mx el 26 de octubre de 2026: https://www.gaceta.unam.mx/tras-decadas-de-olvido-rescatan-obra-de-la-compositora-alida-vazquez/.
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