Los animales sociales emplean una serie de comportamientos preventivos ante un posible conflicto, según una nueva investigación. Algunos ejemplos son permanecer en silencio, vigilar su entorno, realizar incursiones y fortalecer sus vínculos mediante el juego.
En el mundo de los animales sociales, el conflicto por recursos como el territorio, el alimento o el apareamiento ejerce una poderosa fuerza evolutiva, con un impacto potencial en su aptitud y supervivencia. Tradicionalmente, la investigación se ha centrado en las acciones entre grupos rivales durante las contiendas y sus consecuencias conductuales posteriores.
A lo largo de las generaciones, estas estrategias de preparación previas a la guerra podrían influir en la evolución sociocognitiva, la dinámica poblacional y las estructuras comunitarias
Sin embargo, la evolución también puede seleccionar comportamientos preventivos que maximicen las probabilidades de ganar en un conflicto. Entre estas conductas se encuentran permanecer en silencio, vigilar su entorno, realizar incursiones y fortalecer sus vínculos mediante el juego.
Ahora, en un artículo de revisión publicado en la revista Trends in Ecology & Evolution, se describe cómo las señales ambientales y los recuerdos de eventos pasados pueden desencadenar estos comportamientos.
Los autores creen que, a lo largo de las generaciones, estas estrategias de preparación previas a la guerra podrían influir en la evolución sociocognitiva, la dinámica poblacional y las estructuras comunitarias. “El conflicto intergrupal abunda en todo el mundo natural y se encuentra en especies sociales que van desde las hormigas hasta los primates”, afirma el autor principal, Andrew Radford, de la Universidad de Bristol en el Reino Unido.
Josh Arbon, primer autor del estudio y profesor de la Universidad de Bristol, señala que el comportamiento preventivo “está muy extendido siempre que se produce un conflicto intergrupal”. “Existen cada vez más pruebas de que la cantidad de comportamiento anticipatorio que se manifiesta depende del nivel de amenaza actual. Se observa un mayor comportamiento cuando es más probable encontrarse con rivales, cuando estos son más numerosos, menos conocidos o tienen mayor probabilidad de atacar”.
Desde hace mucho tiempo, se sabe que los humanos se preparan para la guerra aumentando la vigilancia, utilizando zonas elevadas para recabar información, realizando emboscadas e incursiones, y desplazándose sigilosamente por territorio enemigo para evitar ser detectados. Estudios recientes sobre animales salvajes ofrecen ejemplos similares de preparación para encuentros con grupos rivales.
“Estudiar otras especies de forma experimental y en condiciones naturales no solo puede ampliar nuestra comprensión de un aspecto generalizado de la sociabilidad, sino que también puede ayudarnos a comprender mejor nuestros propios orígenes en cuanto al conflicto”, dice Radford.
Estudiar otras especies de forma experimental y en condiciones naturales puede ayudarnos a comprender mejor nuestros propios orígenes conflictivos
Por su parte, Arbon apunta que, aunque es importante tener cautela al comparar el comportamiento animal y el humano, la diversidad de comportamientos preventivos en todo el reino animal nos muestra cómo prepararse para el conflicto entre grupos no es un fenómeno nuevo.

“Incluso si nuestras preparaciones han alcanzado niveles de sofisticación que van mucho más allá del alcance de otros animales, nuestra especie no está, ni mucho menos, sola a la hora de prepararse para el conflicto”, afirma a SINC.
Las observaciones de chimpancés han revelado que los grupos tienden a descansar en las cimas de las colinas en áreas donde ocurren conflictos entre grupos, en lugar de realizar actividades más ruidosas como alimentarse o desplazarse. Además, experimentos en otras especies, por ejemplo, en los pequeños mamíferos africanos, las mangostas enanas, han demostrado que responden a las señales olfativas o vocales de sus rivales moviéndose más lentamente. Así, adoptan comportamientos de vigilancia, lo que les permite monitorear su entorno con mayor facilidad.
La amenaza de conflicto entre grupos también puede influir en los patrones de uso del espacio de los animales. Para señalar la propiedad territorial, las mangostas enanas depositan más marcas de olor en respuesta a intrusiones rivales simuladas, y las suricatas tienden a marcar con su olor cerca de las madrigueras examinadas por intrusos.
De manera similar, los monos aulladores negros regresan a lugares donde se produjeron enfrentamientos anteriores, posiblemente para anunciar su presencia a sus vecinos. Por el contrario, los macacos japoneses, los babuinos chacma y los carboneros de cola larga evitan las áreas habitadas por rivales.
Cuando la amenaza de intrusos es mayor, diversas especies de mamíferos se mantienen más cerca unas de otras
Más allá de los patrones de uso del espacio dentro de un área común, un comportamiento preventivo más extremo es el de las incursiones: la búsqueda activa de rivales en su propio territorio.
Por ejemplo, los chimpancés machos invaden silenciosamente los territorios vecinos en fila india y se dirigen hacia las vocalizaciones de otros grupos, aparentemente preparándose para atacar a sus rivales. Las mangostas rayadas también participan en ataques grupales letales, realizando incursiones para matar a las crías de grupos rivales.
Un suricato actuando como centinela (en posición de vigilancia) para recabar información sobre posibles amenazas. / Andy Radford, Universidad de Bristol
“Casi todo lo que sabemos hoy en día muestra cómo los animales se preparan de forma defensiva para que una pelea les cueste lo menos posible. Sin embargo, los asaltos son mucho más ofensivos”, destaca Arbon. “Esto es muy arriesgado, porque buscar pelea aumenta muchísimo las probabilidades de que haya un enfrentamiento real; la diferencia es que, gracias al factor sorpresa, la balanza se inclina casi siempre a favor del que ataca primero”.
Cuando la amenaza de intrusos es mayor, diversas especies de mamíferos se mantienen más cerca unas de otras. Por ejemplo, los chimpancés se acicalan y juegan entre sí con mayor frecuencia antes de defender su territorio en grupo. Es probable que estos comportamientos faciliten la comunicación, reduzcan la ansiedad, fortalezcan los lazos afectivos y promuevan una mayor capacidad de lucha.
Lo importante es que estos comportamientos se dan en una amplia gama de especies sociales

“Cada vez hay más pruebas de que los animales no humanos adaptan diversos comportamientos para mejorar la recopilación de información, incentivar la participación en competencias, reducir la ansiedad y minimizar el riesgo colectivo e individual ante la posibilidad de encuentros con grupos rivales”, añade Arbon. “Lo importante es que estos comportamientos se dan en una amplia gama de especies sociales”.
Según los autores, entre las preguntas para futuras investigaciones se incluye examinar cómo los animales evalúan el nivel de amenaza entre grupos y ajustan su comportamiento preventivo en consecuencia.
Por ejemplo, las exigencias cognitivas asociadas a las acciones preventivas aún no están claras. Estas acciones están determinadas por múltiples factores que interactúan entre sí, como la información sensorial y los recuerdos de encuentros pasados.
El conflicto intergrupal podría ser un importante motor social de la evolución cognitiva
“El conflicto intergrupal podría ser un importante motor social de la evolución cognitiva”, explica Radford. “Pero esta sigue siendo una idea difícil de comprobar, y discernir la importancia relativa de las señales y los indicios de los recuerdos es todo un reto”.
Para Arbon, recopilar y recordar información sobre la fuerza y la ubicación de los rivales puede dar a los grupos una ventaja en el conflicto, pero requiere capacidad cerebral. “Sin embargo, si ser más listo que tu rival te ayuda a ganarle y a sobrevivir, ese ‘gasto’ extra de energía en pensar vale la pena. A lo largo de las generaciones, la selección natural favorece que estas habilidades mentales se mantengan y se propaguen en el grupo. Si ser más astuto que tu oponente te mantiene a salvo, la evolución se encargará de hacerte cada vez más inteligente”, concluye.
Arbon J. et al. Pre-emptive behavior in a landscape of intergroup conflict. Trends in Ecology & Evolution (2026).
El mono, denominado Colobus congoensis y conocido localmente como Likweli, es principalmente negro con llamativas manchas naranjas en la cara. Oculta en una remota región de la cuenca del Congo, la especie permaneció sin documentar a pesar de décadas de exploración científica en África Central.
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Un nuevo estudio propone que las diferencias acústicas en aves actúan como la principal barrera frente al apareamiento entre especies al transmitir información concreta sobre ellas, más que las diferencias en los colores de las plumas.
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Nota original publicada en el portal de agenciasinc.es el 16 de julio de 2026: https://www.agenciasinc.es/Noticias/Que-hacen-los-animales-antes-de-ir-a-la-guerra.
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