#Opinión: El camafeo de Azalea

El Camafeo es la historia de una joven que buscó venganza contra el asesino de sus padres y todo aquel que la humilló por haber quedado huérfana. Está basada en un hecho real, con un trágico final en la Ciudad de México el 19 de septiembre de 1985.

El Camafeo es la historia de una joven que buscó venganza contra el asesino de sus padres, pero sólo encontró un trágico final el 19 de septiembre de 1985.
Foto: Especial

Por Luis Orlando Montane Pineda

RegeneraciónMx, 22 de febrero de 2022.- En esta ocasión te mostraré un relato real, escrito y adaptado por nuestra amiga Mary Valdéz, mejor conocida como ‘La Tenebrosa’. Y aprovecho para invitarte a que visites su canal de YouTube y te suscribas, la vas a encontrar así, como la Tenebrosa; estoy seguro que vas a disfrutar su contenido.

El Camafeo

Azalea quedó huérfana a la edad de 12 años. Su única pariente era su tía Norma. Después de haber vivido con sus padres en la Ciudad de México, ahora quedaba a cargo de sus tíos, quienes se la llevaron al estado de Zacatecas.

Pero, Azalea no se quedó con dinero de sus padres, ya que lo que habían ahorrado se lo quedó el socio su padre en una constructora. Se quedó con todo presentando documentos falsos, lo que despojó a la pequeña del patrimonio que su padre le podría haberle dejado. Lo único que se le entregó fue un camafeo que le había pertenecido a su madre.

Así pasaron los años y Azalea fue adoptada por sus tíos, Norma y Gabriel, quienes no pertenecían a una familia adinerada, pero sí de la clase media alta. La niña fue creciendo con algunos complejos que, poco a poco, marcaron su niñez y adolescencia. Varios de sus compañeros de escuela le hicieron un vacío, algunos más crueles llamándole «huerfanita” o “adoptada». Tampoco fue una niña muy agraciada de belleza, pero sí de un hermoso cabello color negro y ondulado como el de su madre.

Una noche se despertó asustada, ya que le llegó un olor desconocido y que le resultó desagradable. Fue en busca de sus tíos y, al no encontrarlos en su habitación, comenzó a recorrer la casa buscando el origen de aquel olor. Al acercarse a un cuarto al que se le prohibió su entrada miró como debajo de la puerta se reflejaban unas siluetas y, sin hacer ruido, entreabrió la puerta para ver lo que estaba sucediendo ahí dentro.

Ahí estaban sus tíos con unas velas encendidas. Su tía arrodillada y los dos hablando un idioma que ella no conocía. Asustada regresó a su habitación, porque no entendía lo que estaba pasando.

A la mañana siguiente, le dijo a su tía lo que había visto. Norma esbozó una sonrisa y tomándola de la barbilla le dijo:

«Mi querida niña, ya es tiempo que sepas todo»

Norma le dijo a la niña que ella y su marido hacen ciertos trabajos para las personas que no están felices con lo que tienen y quieren más de lo que pueden conseguir por sí mismos, lo consigan.

Azalea la miró sabiendo que le estaba ocultando algo, pero Norma sabe que es muy difícil de engañar a su sobrina, así que continuó diciendo que Gabriel y ella le iban a enseñar y preparar para cuando llegara el momento de recuperar todo lo que le quitaron.

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Fue aprendiendo lo que sus tíos le iban enseñando: participaba en los rituales que estos hacían, ayudando a lo que los clientes pedían. Fue preparada para las artes oscuras, para que en el futuro ella lo utilizara. Fue muy buena alumna ya que aprendió de todo, superó a los tíos en cuestión de los rituales negros que estos hacían. Así fuera la petición más simple fue adquiriendo conocimientos al grado de despertar la envidia en su tío Gabriel.

Leía cuanto libro le fuera útil para lo que le estaban enseñando. Pero, una tarde tomó uno de los libros que estaba forrado de piel de algún animal y, al abrirlo, se dio cuenta que tenía rituales más fuertes de lo que le estaban enseñando, mismos que podría usar para vengarse de aquellos que de niña le habían hecho daño y despreciado. Pero, también notó que estos traerían graves consecuencias, ya que todo bien o mal que hiciera se le regresaría. Entre todas sus páginas encontró un ritual que llamó particularmente su atención, al grado de obsesionarse con él. Compró lo necesario para hacerlo y esperó el día adecuado, pero para ello necesitaba un objeto que su tía tenía guardado: el camafeo de su madre.

Próxima a cumplir sus 20 años, Azalea pidió el camafeo a Norma, quien también sabía que el momento había llegado y, antes de entregárselo, le advirtió:

«Sí no haces bien este ritual, sabes que te traerá graves consecuencias«.

«No te preocupes –le contestó muy segura– pronto lo usaremos«.

Terminando todo aquello, Azalea tuvo una gran paciencia para que los resultados fueran favorables para ella. Sabiendo que podía invocar la ayuda de algún familiar fallecido de manera trágica. Usándolo como amuleto de protección, por el amor de quien en vida fuera su madre, el camafeo ahora la protegería de muerta.

Pareciera que Azalea hubiera invocado al espíritu de su madre y que lo hubiese colocado dentro del camafeo. Pareciera que la fotografía que en él había tuviera vida.

Estando en la universidad comenzó a usar el camafeo: a veces oculto, otras a simple vista. Un día, de regreso a su casa, se topó con una de aquellas niñas que la habían humillado. Ambas se reconocieron al instante, pero la excompañera no perdió el tiempo y volvió a humillarla llamándole «huerfanita» mientras miraba el camafeo de Azalea.

«Miren, usa las joyas de la abuelita muerta, dijo la joven».

Y mientras el resto se reía, Azalea solo sonrió y siguió su camino diciéndose a sí misma: verás a tu abuelita muerta.

Días después se enteró de que aquella joven había sido atropellada por un auto cuando gritaba con desesperación que su abuela muerta la estaba siguiendo.

Así, Azalea fue perdiendo la nobleza que una vez hubo en su corazón y dio paso a la maldad que había en ella.

Se sentía intocable y, ante todo, quitaría de su camino a aquellos que le estorbaban sin miramiento alguno. No le importó si eran inocentes o culpables, pues se encaprichaba con algún objeto o persona, y lo conseguía. Pasaba por encima de todos, provocando pequeños accidentes o algunos con consecuencias funestas, sólo para tener aquello que por medio de sus rituales conseguía.

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La Venganza

El Camafeo es la historia de una joven que buscó venganza contra el asesino de sus padres, pero sólo encontró un trágico final el 19 de septiembre de 1985.
Foto: Especial

Una noche, Norma le dijo que había llegado el momento. Averiguó datos de aquel negocio que había sido de su padre y de las personas que los había asesinado. El padre de Azalea nunca estuvo de acuerdo con un trato que despojaría a varias familias de sus hogares y, cuando fue hablar con su socio, en compañía de su esposa, él los recibió con un disparo, matándolos a los dos al instante. Ella lloró amargamente y, tomando el camafeo en sus manos, pidió su ayuda para terminar aquello, y que pasara lo que pasara, y pagara el precio por lo que estaba pidiendo. Se decía que cada vez que ella hacía esto, los ojos en la fotografía de su madre se movían.

Nuevamente sus deseos se le fueron dando. La familia de aquel que traicionó a su padre murió de la misma forma que sus padres. A él lo torturaron de la manera más cruel y, por medio de abogados, le regresaron a Azalea lo que le correspondía. Norma guardaba documentos que respaldaban a su hermano como dueño de aquella constructora, y arquitecto de obras que su socio había robado.

El destino es caprichoso y Azalea no lo sabía. Llegaron a la Ciudad de México, registrándose en el Hotel Regis, para el día siguiente ir a firmar papeles. Pero, no estaba preparada para lo que al día siguiente iba a vivir.

Azalea y su tía Norma despertaron con una leve sacudida y sintieron cómo el piso se empezó a mover. Fue realmente aterrador, el hotel donde se hospedaban colapsó y Azalea sintió cómo su cuerpo caía como plomo al vacío y las paredes a su alrededor se venían abajo. Aquello parecía que había terminado y, llena de miedo, gritaba por ayuda, todo el hotel había desaparecido. A su alrededor solo había muerte.

No podía moverse, ya que en la caída sintió cómo su columna se desprendió, pero trató de arrastrase. Y, al momento de hacerlo nuevamente, los escombros comenzaron a caer, golpeándole el brazo hasta destrozarlo. Azalea gritaba de dolor ante lo que estaba sufriendo, no sabía si aquello iba a seguir. Así pasó horas en agonía, en sufrimiento, poco a poco los gritos que había estado escuchando estos se iban apagando, en su mente. Recordaba aquellas personas a las que les había hecho tanto daño, a la joven que la había humillado en la universidad, era como si fuera un desfile de todas aquellas aberraciones a las que los había sometido. Recordó el camafeo, e hizo como si lo tuviese en su mano, pidió por última vez ayuda a su madre, su último deseo.

Azalea y su camafeo desaparecieron bajo los escombros del Hotel Regis, que se cayó durante un terremoto en la Ciudad de México el 19 de septiembre de 1985.

Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia.

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