Trump entiende la palabra México, aunque la pronuncie de otro modo. La entendió muy bien cuando Luis Videgaray y Enrique Peña Nieto tuvieron la desventurada ocurrencia de invitarlo a hacer campaña desde Los Pinos. Ahora le pincha que las aguas del golfo que baña las playas de Texas, Luisiana, Florida y un cacho de Alabama tenga nombre de México. Y la misma ocurrencia le vino con Nuevo México.
Al pretender llamarles Gulf of America y New America, no toma en cuenta que su país nació sin nombre. United States of America o Estados Unidos de América es apenas una descripción legal, como decir Sindicato Nacional de Trabajadores de Transportes, Transformación, Aviación, Servicios y Similares, aunque un poco más breve.
Por eso en los eventos deportivos, nosotros voceamos Mé-xi-co, Mé-xi-co, con las usuales tres sílabas del entusiasmo, mientras que los fanáticos del norte gritan Iu-Es-Ei, Iu-Es-Ei, como quien trabaja en la IBM.
Nuestro país también tiene su denominación para ciertos documentos oficiales, pero se llama México, tiene sus raíces bien clavadas en nuestro pasado y es bello en la escritura y el sonido, con esa X que solo compartimos con Luxemburgo. Y bien sabemos que:
México, creo en ti,porque escribes tu nombre con equis,que algo tiene de cruz y de calvario
En cambio América es un nombre adoptado para todo el continente por un cartógrafo alemán del siglo dieciséis, herr Martin Waldseemüller, que honra a un explorador italiano cuyos mayores méritos fueron venir de la Toscana y ser discípulo de Toscanelli, y alguna otra cosa.
En México aceptamos de buena gana nuestro nombre, venido de los mexicas, pese a que había muchos otros pueblos. En la nación del norte no sucedió lo mismo. Nunca se les ocurrió buscar en sus raíces, si acaso las aceptaron, para el nombre nacional. Si hubiesen visto con buenos ojos, digamos, a los cherokees, entonces el país podría llamarse Kituwah.
No mencioné arriba que ninguno de los estados que colindan con el golfo de México tiene nombre en inglés. Louisiana celebra a Luis XIV, un rey absolutista que se hubiese reído de un sitio considerado “the land of liberty”. Mandó al diablo la libertad de credo y persiguió a quienes no fueran católicos. Muchos de estos perseguidos terminaron huyendo precisamente a los Estados Unidos. Y el nombre de la capital, Nueva Orleans, siendo francés, no parece inquietar a Trump como Nuevo México; y tampoco le inquietan los nombres alemanes, como New Berlin.
El nombre de Florida viene del hecho de que Ponce de León desembarcó en esa península durante la Pascua Florida, y aquí Trump tiene que apechugar, pues no hay expresión propia en inglés para “Pascua Florida” y, por tanto, en inglés se dice también “Pascua Florida”.
Heredaron el nombre de Texas para esa parte que tramposamente declaró su independencia en 1836 y luego se anexó como un estado más de la unión; pero ellos nunca le hubiesen llamado así, pues el nombre lo pusieron los españoles por la españolización del pueblo de nativos que ahí se habían establecido.
Es cierto que alrededor de la mitad de sus estados sí tienen nombres autóctonos. Como Tennessee y Mississippi, que según la RAE se escriben Tenesí y Misisipi.
El nombre de California, dice el diccionario etimológico, viene de… California, una isla gobernada por la reina Calafia, que aparece en la novela de caballerías Las sergas del muy esforzado caballero Esplandián, hijo del excelente rey Amadís de Gaula, obra del español Garci Ordóñez de Montalvo.
Supe primero del libro porque aparece en el escrutinio que el cura y el barbero hacen de la biblioteca de don Quijote:
–Es –dijo el barbero– Las Sergas de Esplandián, hijo legítimo de Amadís de Gaula.–Pues en verdad –dijo el cura– que no le ha de valer al hijo la bondad del padre. Tomad, señora ama, abrid esa ventana y echadle al corral, y dé principio al montón de la hoguera que se ha de hacer.Hízolo así el ama con mucho contento, y el bueno de Esplandián fue volando al corral, esperando con toda paciencia el fuego que le amenazaba.
Me pondré a leer la novela, que tengo en el tomo 40 de la Biblioteca de Autores Españoles. Por lo pronto apenas cito la primera aparición del nombre del Golden State.
Sabed que a la diestra mano de las Indias hubo una isla, llamada California, muy llegada a la parte del Paraíso Terrenal, la cual fue poblada de mujeres negras, sin que algún varón entre ellas hubiese, que casi como las amazonas era su estilo de vivir. Estas eran de valientes cuerpos y esforzados y ardientes corazones y de grandes fuerzas; la ínsula en sí la mas fuerte de riscos y bravas peñas que en el mundo se hallaba; las sus armas eran todas de oro, y también las guarniciones de las bestias fieras, en que, después de las haber amansado, cabalgaban; que en toda la isla no había otro metal alguno.
Ese oro imaginario que los españoles no encontraron habría de ser real y causa de la fiebre que siglos después llevó a tantos forty-niners, cuando ya habíamos perdido ese territorio.
Ya se sabe que al norte de nuestra frontera tienen, entre muchos otros, Los Ángeles, San Antonio, Escondido, San Luis Obispo, Casa Grande, Sierra Vista, Zapata, Rosita, Palito Blanco, Agua Dulce, Boca Ratón, Doña Ana, Comal, Manteca, Las Ánimas, el mal escrito Calabasas, Monterey, aunque le quiten una R, y hasta cambiando el nombre del río Bravo, le llaman río Grande. Y creo que en México no tenemos ningún sitio en inglés. Quizás Creel, Chihuahua, aunque Enrique Creel fue ciento por ciento mexicano.
Nota original publicada en el portal de letraslibres.com el 27 de octubre de 2026: https://letraslibres.com/cultura/nombre-de-embaucador/27/10/2026/.
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