Foto: Club Universidad Nacional.
La incertidumbre por estar a más de 13 mil 500 kilómetros de distancia, a unas 25 horas de vuelo, mas con el corazón entregado a su familia y al futbol. “Ser mamá es el mejor sentimiento del mundo, me hace estar más emocionada de ser futbolista porque tengo algo más por qué jugar y alguien especial por quien regresar a casa. Me dan ganas de ser profesional mucho tiempo por ella”, compartió Emily Gielnik, la delantera australiana que vive su sueño de ser madre y vestir los colores de Pumas.
“Cuando decidí jugar con Pumas, le dije a Roberto Medina que mi esposa estaba embarazada e íbamos a tener a la bebé en pretemporada. Él fue muy amable para que yo pudiera estar en casa durante el nacimiento. Vine por un corto tiempo a la pretemporada, nació la bebé y una semana después tuve que regresar para el inicio del torneo. Mi sueño es caminar por la cancha de la mano de mi hija. La familia lo es todo para mí”, reconoció la atacante auriazul.
Nacida en Melbourne, ciudad conocida mundialmente como “la capital del deporte”, Emily Gielnik ha tenido una vida cosmopolita, en escenarios inhóspitos y aventuras por el mundo. Con emoción, recuerda que el futbol no fue el deporte que intentó practicar en sus primeros años. Su papá y su mamá fueron quienes la impulsaron a ser lo que es hoy, con el balompié como su gran acompañante.
El destino tenía escrito un camino de muchos kilómetros a lo largo del mundo para Emily, ya que, a sus 34 años, ha jugado con 12 clubes en ocho países diferentes, además de representar a la selección de Australia en los Juegos Olímpicos de Tokio y en la Copa del Mundo de Francia, en 2019.
“Cuando empecé a jugar profesionalmente nunca pensé que representaría a mi país, pero pude vestir los colores de Australia y jugar por todo el mundo. Desde joven quise experimentar el futbol al más alto nivel en tantos países como pudiera, poniéndome siempre en situaciones muy difíciles porque eso suele sacar lo mejor de mí. Por ejemplo, en el Bayern Munich viví un frío helado, hablando alemán, nadie hablando inglés, fue difícil. También pude jugar en Inglaterra, Japón, Suecia, Noruega y Canadá, además de Australia, Alemania y México. Fueron muchos entornos diferentes desafiándome constantemente, eso me encanta”.
Con 17 años de carrera, Gielnik recuerda cuáles fueron los momentos más complicados y también los más especiales que ha vivido a lo largo de más de una década y un lustro dedicados al futbol profesional, con los que ha podido entender el deporte a través de la cultura y la identidad de cada país en el que ha vivido.
“Cada futbol es muy diferente, eso es lo que me encanta. Cada vez que voy a un nuevo país, tengo que adaptarme rápido a la barrera del idioma, el estilo de juego, a la cultura, el clima, todo es muy distinto. Nunca es fácil cuando llegas, pero siento que prospero en situaciones difíciles. Cada lugar en el que he estado ha tenido una estructura totalmente diferente, distintos entrenadores y nacionalidades. Siempre ha sido un desafío, pero me encantan los desafíos y creo que por eso estoy aquí en Pumas”, aseguró.
Luego de una prolífica experiencia en el balompié, Emily arribó a México, país del que se ha enamorado desde su llegada y al que le guarda cariño por su cultura. “Me encanta la comida mexicana… Conocí a una jugadora en la boda de una amiga hace más de un año y me preguntó: ‘¿Has jugado en México?’ Le dije que no, pero tal vez algún día lo haga, y dos semanas después estaba aquí en México jugando con Monterrey”.
Luego de un año en Rayadas, llegó a Pumas para reforzar la plantilla en el actual Apertura 2026, siendo colocada como revulsivo, en un torneo donde ya suma 11 encuentros disputados y un gol. “En este punto de mi carrera, llegar a Pumas es un logro mayor, quiero dejar una huella aquí. Siempre me siento honrada de vestir esta camiseta. Finalmente aprendí a decir el ‘Goya’, aunque me tomó un tiempo aprenderlo. Estoy muy orgullosa de vestir los colores de Pumas”.
Para Emily, Roberto Medina y el resto de sus compañeras han sido piezas clave en su adaptación, por lo que siente a México como su casa. “Siempre me guío por un sentimiento y, cuando hablé con Roberto, tuve una gran conexión con él, siente mucha confianza en mí. Me encantan los desafíos, así que cuando surgió la oportunidad de Pumas se sintió correcto y cómodo. Desde que aterricé, supe que éste sería un hogar para mí”.
Con el nacimiento de su hija Sadie, vivió un momento único en su vida, ya que pudo viajar a Australia para estar junto a su esposa y su bebé, aunque a la vez fue complicado porque el torneo estaba por comenzar y tuvo que alejarse por un tiempo y regresar a México. A pesar de que las primeras semanas fueron difíciles, hoy Gielnik se siente cobijada por estar junto a su esposa viendo a su pequeña hija crecer.
“Fue probablemente la semana más difícil de mi vida al estar lejos de mi familia, pero ahora están aquí, todo va bien y me siento muy feliz con ellas a mi lado viviendo en México”, concluyó.
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Nota original publicada en el portal de gaceta.unam.mx el 29 de octubre de 2026: https://www.gaceta.unam.mx/mi-sueno-es-caminar-por-la-cancha-de-la-mano-de-mi-hija/.
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