▲ Mientras los paisanos en el gigante asiático festejaban a la distancia, el Ángel de la Independencia se colmó de aficionados que celebraron el triunfo de la selección nacional.Foto Roberto García Ortiz
Emir Olivares Alonso
Enviado
Periódico La Jornada
Viernes 12 de junio de 2026, p. 9
Pekín. Uno a cero… la derecha de Julián Quiñones no sólo hizo vibrar al Azteca. Trascendió continentes y levantó el júbilo de decenas de mexicanos que siguieron el juego inaugural de la Copa del Mundo desde esta capital.
Mientras Pekín dormía, los latinos se organizaron para seguir el primer partido del Mundial. Decenas se dieron cita horas antes en bares en los que conviven las huestes latinoamericanas que están en territorio chino, para el llamado “precopeo” antes del arranque de la Copa.
Los latinos en esta región se difuminaron en diversos sitios que atendieron hasta altas horas de la madrugada para transmitir el primer juego del campeonato mundial de futbol de la FIFA que se celebra en América del Norte.
El estadio Azteca pasó ayer a la historia por ser la primera sede mundialista de tres justas y ese hecho fue motivo de celebración para la comunidad mexicana que habita en Pekín.
Muchos de ellos se dieron cita en la madrugada ya del viernes –tarde del jueves en suelo mexicano– en la embajada de México en el gigante asiático para seguir los detalles del juego en vivo, desde donde, no sin el acostumbrado sufrimiento pambolero de cada cuatro años, se gozó el triunfo tricolor.
“¡México, México!”, se escuchaba una y otra vez en el salón principal de la legación diplomática en esta capital entre los más de 100 paisanos que acudieron a la convocatoria hecha por la embajada mexicana.
Pese a la temprana ventaja del cuadro nacional, los aficionados se mantuvieron tensos y al borde del nervio: el historial tricolor los perseguía y no se podía dar por sentada la victoria hasta que no llegara el silbatazo final.
La calma llegó con el segundo tanto. Gol del Lobo Raúl Jiménez. Y entones sí, el mítico Cielito lindo se escuchó en el salón principal de la embajada. “Ay, ay, ay, ay… canta y no llores…”, entonaban eufóricos los paisanos, acostumbrados al sufrimiento mundialista que cada cuatro años se repite y, no obstante, renueva sus esperanzas de que “ahora sí es la nuestra”, como dijo Ernesto, residente en China desde hace varios meses.
“Es momento de celebrar”: Jesús Seade
La embajada mexicana organizó una fiesta para los paisanos en esta capital, a la que se sumaron compañeros e invitados de otras naciones latinoamericanas y de otros lares del mundo que vitorearon el triunfo de la selección mexicana.
“México, sin la menor duda, es un país muy respetado internacionalmente, muy querido, tiene mucho poder de convocatoria. Y con el Mundial manifiesta esto. La participación de México es buenísima. Hay cosas horribles que están pasando, guerras… pero éste es un momento de celebrar, el deporte es la más hermosa de las actividades humanas, la amistad a través del deporte… y México está convocando a esto y el planeta está respondiendo”, señaló el embajador Jesús Seade.
Como ejemplo de que el deporte no es confrontación, sino solidaridad, acompañamiento y respeto, el embajador mexicano convocó a su par sudafricana en Pekín, Dipuo Letsatsi-Duba –quien llegó a esta capital hace apenas unos días–, y a una comitiva de esa nación a acompañar el festejo durante el juego inaugural de la Copa.
Las viandas que disfrutaron los asistentes incluyeron tamales, pambazos y chilaquiles, sabores que rememoraron para muchos el calor del hogar, de la patria.
“¡Exquisito!”, reaccionó una joven connacional que estudia la universidad en China, al degustar un pambazo luego de dos años de ausencia en territorio nacional.
Conforme avanzaron los minutos, el juego quedó en segundo plano. El protagonismo en la sede diplomática lo tomaron los paisanos, quienes ataviados con los colores representativos del país, hicieron su propia fiesta.
Al final, un triunfo que costó una “dolorosa” expulsión. Y la algarabía de la gente que celebró el 2-0.
Las vuvuzelas sudafricanas sonaron pese a la derrota de los suyos. Se trató de una fiesta, no de una confrontación.Los mexicanos secundaron con gritos y porras, y el ambiente siguió hasta el amanecer.
El resultado no dañó la diplomacia. Al final, el embajador mexicano se fundió en un abrazo con su invitada de honor: su par sudafricana. Finalmente, sólo se trata de futbol.
Tomado de https://www.jornada.com.mx/



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