Makoki: el fugitivo del manicomio que explicó la Transición

La muerte de Miguel Gallardo recuerda la contracultura de Barcelona de los años 70 y 80, cuando El Víbora, La Banda Trapera del Río, Ajoblanco y Star electrocutaron España Leer #ExpresionSonoraNoticias Tomado de http://estaticos.elmundo.es/elmundo/rss/cultura...

Actualizado Martes,
22
febrero
2022

19:39

La muerte de Miguel Gallardo recuerda la contracultura de Barcelona de los años 70 y 80, cuando El Víbora, La Banda Trapera del Río, Ajoblanco y Star electrocutaron España

Makoki: el fugitivo del manicomio que explicó la Transición

En la España temerosa y provinciana que observaba la lenta descomposición del franquismo y el travestismo ideológico con el que muchos se recolocaban ante el advenimiento de una nueva etapa, la eclosión de múltiples expresiones contraculturales en Barcelona, desde las performances rambleras de Ocaña, a la música suburbial de la Banda Trapera del Río y las revistas Ajoblanco y Star, supuso un necesario escupitajo punk a los nuevos consensos que quería instaurar la Transición. Una revuelta underground en la que el cómic desempeñó un especial protagonismo, con dibujantes como Miguel Ángel Gallardo (Lérida, 1955), fallecido el pasado lunes en Barcelona, como uno de sus más destacados referentes.

Gallardo fue junto a Juanito Mediavilla el creador del antihéroe Makoki, su personaje más popular pero no el único, ya que de su lápiz surgieron Roberto España y Manolín, Perico Carambola y Perro Nick. Además formó parte del grupo fundador en 1979 de la seminal revista El Víbora.

Como un trasunto quinqui de Randle McMurphy, protagonista de Alguien voló sobre el Nido del Cuco, la novela con la que el gurú de las drogas psicotrópicas Ken Kesey relató sus experiencias en un psiquiátrico californiano, Makoki se convirtió en un incono contracultural desde que inició sus andanzas en 1977 con Revuelta en el Frenopático en las páginas de la revista musical Disco Express. A partir de ese momento, y hasta la publicación de su último número, La muerte de Makoki (1994), Gallardo y Mediavilla convirtieron a ese quinqui alternativo, con un lenguaje popular y callejero y un dibujo de «línea chunga» -voluntariamente alejada de la claridad del cómic europeo clásico-, en un símbolo contracultural y libertario, durante el postfranquismo, durante el régimen pujolista e, incluso, en la desilusión del felipismo.

Makoki es un demente que huyó del manicomio para escapar del electro-shock. Va vestido siempre con la camisa de fuerza y lidera una banda de cretinos que montan broncas en aquella Barcelona pre olímpica, más sucia, menos turística, más violenta y menos institucional que la del post procés y Ada Colau.

«Inspirado en la estética de Popeye, de Elzie Crisler Segar y en los esperpentos más salvajes de Valle-Inclán, Gallardo fue con Mediavilla el creador del antihéroe más divertido, salvaje y característico del cómic underground español», afirma el escritor Ignacio Vidal-Folch, quien colaboró con él como guionista de Roberto España y Manolín. «Fue de los primeros que entendió que el cómic era algo más que entretenimiento, que era un medio de comunicación», destaca el dibujante Siscu Bellido.

Con el personaje de Makoki, Gallardo dio continuidad y sintetizó la explosión del cómic subterráneo patrio, que había empezado con autores como Nazario y Mariscal. Una escena en la que Gallardo se mezcla a su llegada a Barcelona en 1973, inicialmente para estudiar en la Universidad de Bellas Artes, aunque acabará recalando en la escuela Massana. Hijo de una familia obrera de Lérida, Gallardo se empapó del cómic más marginal, visitando un templo de la contracultura como fue Zap 75, espacio creado por Jaume Fargas y con la lectura de cómics como Purita (1975), el Estómago eléctrico (1976) o la revista el Rrollo Enmascarado, que Mariscal, Miquel Farriol y Nazario lanzaron como iconoclasta carta de presentación del tebeo underground español.

En aquellos años en los que el sueño de una España diferente todavía permanecía a salvo de la perversión del poder y las egolatrías, poco a poco se multiplicaron las publicaciones que daban cabida a esta nueva generación de dibujantes españoles, empapados del cómic contracultural norteamericano -Robert Curmb, Harvey Pekar…- y que decidieron romper en lo formal y lo estético con el clásico TBO y la escuela Bruguera. Gallardo publicó en Star, Butifarra, Disco Express, Cairo y será junto Max, Josep María Beà, Montesol y otros dibujantes, uno de los fundadores en 1979 de la rompedora revista de El Víbora, cuyo nombre original iba a ser Goma-3 y que tenía como lema «Comix para supervivientes»

La revista contó con el apoyo empresarial de Josep Maria Berenguer y Josep Toutain, y reflejó desde la más pura incorrección política la vida social y cultural de la Transición, cuando todavía ni la heroína ni el sida habían empezado a masacrar de forma inmisericorde a toda una generación de españoles. El Víbora llegó a vender hasta 50 mil ejemplares al mes y dejó de publicarse en 2004, tras 300 números.

Mucho antes de su final, cuando la industria española del cómic entró en crisis y Makoki se desdibujó, Gallardo ahondó en su faceta de ilustrador y cartelista, colaborando con grandes revistas culturales norteamericanas, entre ellas el New Yorker, además de diarios como el New York Times y La Vanguardia. Asimismo, escribió novelas gráficas, entre las que destacan Un largo silencio y María y yo, en la que describía la estrecha relación con su hija autista.

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