La Jornada: Astillero

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Tomado de https://www.jornada.com.mx/

▲ RICARDO BADIN SUCAR, EL ENTERRADOR DEL PRD. En un sorteo entre 48 especialistas realizado en el INE (imagen), ayer se designó al interventor para el proceso de liquidación del PRD.Foto Cristina Rodríguez

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a integración de los primeros gabinetes presidenciales genera la explicable expectación de quienes creen posible avizorar el futuro sexenal a partir de los nuevos máximos funcionarios, de las corrientes internas premiadas o excluidas, de las alianzas selladas o rechazadas e, incluso, de la posible colocación seminal de una sucesoria candidatura presidencial.

Los elencos inaugurales de cada sexenio resultan igualmente engañosos: hay personajes que no resisten el trote ni las batallas y dejan el sitial a medio camino, dando paso a la integración de gabinetes de medio tiempo o de relevo, según las circunstancias. La colocación temprana de subsecretarios y subdirectores suele tener, en el contexto de posteriores remociones y ascensos, una trascendencia futurista que inicialmente no se atina a percibir plenamente.

Hoy, según lo anunciado por ella misma, la virtual presidenta electa dará a conocer una parte de su gabinete de trabajo. Sólo hay un nombre seguro: Rogelio Ramírez de la O, como secretario transexenal de Hacienda, una especie de aspirante a garantizador de estabilidad económica entre turbulencias reformistas. También se da por hecho que Omar García Harfuch llegue a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (con mayor concentración de poderes) o a la titularidad de algún órgano de inteligencia, asumido tal personaje como pieza inevitable del armado claudista, a pesar de las historias oscuras que acompañan a quien fue jefe policiaco federal en Guerrero en el contexto de lo sucedido a los estudiantes de Ayotzinapa, aunque él no hubiera estado personalmente en Iguala en la trágica noche.

Hay otros clientes frecuentes en las quinielas ciudadanas: a Juan Ramón de la Fuente se le avizora en la Secretaría de Relaciones Exteriores, a Rosaura Ruiz en la de Educación y a David Kershenobich en Salud. Mario Delgado, que como presidente formal de un partido electoralmente arrasador debería ser mencionado con insistencia para alguna posición proporcionalmente destacada, es un enigma marcado por las electorales relaciones peligrosas recientes (que, en una de esas, lo potencian). Marcelo Ebrard, a su vez, navega con la esperanza de acomodarse en una secretaría, tal vez la de Economía.

Particular interés rodea el caso de la titularidad de Gobernación, pues se ha insistido en corrillos políticos en la posibilidad de que Rosa Icela Rodríguez, actual titular de la Secretaría de Seguridad, pudiera pasar a Bucareli. Periodista de origen, ha ocupado varios cargos relevantes en diversas administraciones de la Ciudad de México (sobre todo en temas de desarrollo social, y fue secretaria general de Gobierno con Claudia Sheinbaum) y a nivel federal desde que decidió sumarse al proyecto político de Andrés Manuel López Obrador, quien, ya en la Presidencia, le ha confiado tareas especiales que van más allá de su adscripción formal en la SSPC.

En cuanto a la Secretaría de la Defensa Nacional, todo apunta a que se mantendrá el esquema histórico en que los propios mandos superiores promueven a aspirantes a la titularidad para que la jefatura civil elija a alguna de las cartas que le fueron presentadas. Es decir, los militares mantendrán su coto intacto (y cada vez más creciente, incluso en términos empresariales) a cambio de la fidelidad institucional a quien ocupe la Presidencia de la República.

Y, mientras continúan los buenos oficios judiciales, permitiendo que militares acusados de haber tenido responsabilidad criminal en la desaparición de 43 normalistas puedan llevar sus procesos en libertad condicionada, entre ellos una pieza clave, Rafael Hernandez Nieto, actual general en retiro que era comandante del 41 batallón de infantería justamente en Iguala, en aquellas horas trágicas… ¡hasta mañana, con Claudia Sheinbaum llevando tranquilidad a empresarios, a quienes anunció que no impulsará una reforma fiscal y que se empeñará en mantener los indicadores macroeconómicos actuales (¡Muera el neoliberalismo!)!

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