La histórica victoria de Obama que provocó envidia democrática

El 2008 fue un año muy emocionante en Estados Unidos: en noviembre de ese año, más de 69 millones de mujeres y hombres estadunidenses se atrevieron a llevar a la presidencia a un afroamericano de nombre curioso (“funny name”, dice él mismo), Barack Obama (Barack Hussein Obama II). Eran casi diez millones más de sufragios que los que obtuvo John McCaine, su contrincante del Partido Republicano.

La gente salió a las calles en Washinton D.C. y se manifestó jubilosa frente a la Casa Blanca, que ocupaba un atónito George W. Bush.

Yo sentí envidia: qué maravilla que esa sociedad vecina nuestra había vencido prejuicios raciales, políticos y sociales y se daba la oportunidad de acompañar a la Casa Blanca a ese hombre, un liberal para los estándares de una comunidad política tan conservadora.

El sentimiento de admiración por los gringos se empezó a esfumar en 2016, cuando un tal Donald Trump, que algunos conocían en México por la televisión, no tuvo tantos votos como Obama años atrás, de hecho, perdió el voto popular por casi tres millones de sufragios ante Hillary Clinton, pero sí junto casi 63 millones de sufragios para vencerla ampliamente en el Colegio Electoral (304 a 227).

El sistema gringo parecía una aberración: cómo era posible que el valiente y atrevido pueblo estadunidense osara escoger mayoritariamente a una mujer para que fuera la primera presidenta de ese país y un sistema electoral que sonaba arcaico le quitara la victoria. ¿Cómo demonios era posible eso?

Ni hablar. Afortunadamente, al señor de la tele lo echaron cuatro años después muchísimos gringos, 81 millones, pero algo feo se avecinaba ya, porque 74 millones habían optado por Trump. El tipo no reconoció la derrota y llamó a una dolorosa y vergonzosa insurrección que cimbró los fundamentos de Estados Unidos y su Sistema, pero fue echado de la Casa Blanca porque en los votos electorales también perdió ampliamente (306-232).

Como millones de habitantes de este planeta, perdí el respeto por el régimen político de Estados Unidos hace dos años, en noviembre de 2024, cuando 77 millones de personas tuvieron la pavorosa ocurrencia de volver a encumbrar al mismo sujeto que tenía y sigue teniendo gigantescas aspiraciones monárquicas, en lugar de escoger a una brillante mujer afroamericana (Kamala Harris), que lamentablemente perdió por mucho, por 2.3 millones de sufragios.

Al igual que millones de estadunidenses opositores, en retrospectiva nunca asimilé, a lo largo de estos dos años, y me hayan explicado lo que me hayan explicado sobre la economía y el machismo y el racismo y las infodemias, que una mayoría de estadunidenses se hayan tragado las mentiras y el autoritarismo de ese personaje, y que con ello hayan puesto en riesgo no sólo a su país, sino al planeta entero.

Pero me escapo al presente, a estos días: la noche del martes pasado he recuperado mi respeto y admiración por Estados Unidos. ¿Trump quería un muro?

La mayoría de las y los estadunidenses se lo construyeron, pero alrededor de él mismo, para contenerlo. Gracias a Dios (diría una prima mexicano-gringa que tengo), Trump ha perdido brutalmente las elecciones intermedias.

A pesar de su humillante 30% de aprobación, cometió la insensatez de decirles a las y los ciudadanos que pensaran que él estaba en la boleta y vaya que le hicieron caso: no sólo perdió ampliamente la mayoría en la Cámara de Representantes, el Senado y casi todos los gobiernos estatales en juego, sino que las mujeres y los hombres de Estados Unidos se dieron el lujo de mostrarse progresistas y liberales sin contención alguna, absolutamente anti-Trump, y tuvieron una buena dosis de primeras veces, como estos diez casos políticamente bellísimos: 1.- Keisha Lance Bottoms (Georgia) será la primera mujer afroamericana elegida gobernadora. 2.- Deb Haaland (Nuevo México) será la primera gobernadora nativa americana. 3.- Hakeem Jeffries será el primer presidente afroamericano de la Cámara. 4.- Abdul El-Sayed será el primer musulmán elegido al Senado. 5.- Gina Hinojosa, de origen mexicano, será la primera gobernadora latina de Texas. 6.- Xavier Becerra, también de origen mexicano, será el primer gobernador latino de California. 7.- Peggy Flanagan será la primera senadora nativa americana. 8.- Chris Pappas será el primer hombre abiertamente gay elegido a la Cámara. 9.- David Crowley será el primer gobernador afroamericano de Wisconsin.

Y 10.- Aaron Ford será el primer gobernador afroamericano de Nevada.

Una maravilla, aunque en adelante Trump gobierne a punta de vetos, como ha amenazado. Ahora el reto para los demócratas es cumplir las expectativas económicas y sociales de quienes sufragaron por ellos, para evitar que el vicepresidente J.D. Vance, el Secretario de Guerra, Peter Hegseth, o algún otro personaje más trumpista que Trump se apodere de la Casa Blanca. A fin de que realmente se desvanezca el reinado del energúmeno y quede en el olvide, el 2028 tiene que ser absolutamente demócrata.

Nunca asimilaré, me expliquen lo que me expliquen sobre la economía y el machismo y el racismo y las infodemias, que los estadunidenses se hallan tragado las mentiras y el autoritarismo de ese personaje, y que con ello hallan puesto en riesgo no sólo a su país, sino al planeta entero. Todavía faltan dos años de suplicio, tiempo en el cual el personaje podría radicalizarse peligrosamente.

Ojalá. Por lo pronto, gocemos.

Lo de Gina Hinojosa en Texas, una mujer cuya madre es de origen mexicano y cuyo padre es mexicano-estadunidense de segunda generación, y lo de dizque pariente Becerra en California, hijo de migrantes mexicanos, es la gran cereza en el pastel de la jornada electoral: la frontera sur de Estados Unidos se pintó completamente de azul-demócrata por el repudio de los millones de personas latinas que sufrieron los embates del ICE de Trump que les causó miedo y zozobra y a muchos de ellos los mandó a detener y expulsar del país con el resultado de miles de familias rotas, desvalidas, cuyos miembros fueron deportados, encarcelados, maltratados y, desgraciadamente, perdieron la vida.

Los #NoSaboKids, esos millones de jovencitas y jovencitos que apenas hablan español (“No sabo español”, de ahí viene la etiqueta), porque nacieron y crecieron en Estados Unidos gracias a sus padres migrantes que trabajan para tener una vida digna y pagan impuestos cuantiosos en Estados Unidos, le dan dado una tunda electoral a Trump y quienes lo apoyan. Y esa historia, que los más chicos hayan salido en tropel a defender a sus padres y madres y hermanas y hermanos a punto de votos, es una gran noticia democrática.

La más lindas de todas, porque los hispanos lo castigaron con dureza: siete de cada diez votaron por los demócratas, de acuerdo con las primeras mediciones dadas a conocer en estas horas. Lo mismo pasó con los jóvenes entre 18 y 29 años: siete de cada diez votaron demócrata.

Siempre se dice -y es verdad- que los estadunidenses votan con la mano en el bolsillo, que la economía define las elecciones. En esta ocasión, según lo que midió la agencia AP al preguntar a los votantes cuáles eran los asuntos más importantes para ellos para sufragar, en primer lugar apareció “la economía” con 39% (normalmente el porcentaje es mucho más alto, rebasa la mitad), y enseguida, en segundo lugar, y no muy lejos, con 32%, “el estado de la democracia”.

Así es, los estadunidenses salieron a defender su democracia, ya que casi ocho de cada diez votantes en ese segmento (78%) … votaron azul, sufragaron por los demócratas.

Felicidades a las y los estadunidenses, empezando por tanta raza querida y chingona que tengo por allá.


Nota original publicada en el portal de El Universal el 7 de noviembre de 2026: https://www.eluniversal.com.mx/opinion/juan-pablo-becerra-acosta-m/mr-veto-trump-y-una-sociedad-atrevida/.

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