La historia de Ruth Ellis, la última mujer en ser ejecutada en la horca en Reino Unido y a la que ahora el rey indultó

– Autor, Dalia VenturaTítulo del autor, BBC News Mundo

– Fecha de publicación 11 julio 2026, 11:01 GMT

– Tiempo de lectura: 11 min

– Autor, Dalia Ventura

– Título del autor, BBC News Mundo

En la noche del Domingo de Pascua de 1955, Ruth Ellis mató a su amante fuera del Magdala, un pub en el barrio londinense de Hampstead. Disparó seis veces. Cuatro de las balas alcanzaron su objetivo: David Blakely. Una de las otras dos hirió en el pulgar a un transeúnte casual.

Ruth fue arrestada en cuestión de segundos. Un agente de policía, Alan Thompson, que estaba de descanso tomando una copa cerca de allí, salió corriendo al oír los disparos y le quitó el revólver de la mano. Ella no opuso resistencia.

Al día siguiente, tras recibir el resultado de la autopsia, el inspector jefe le dijo a Ruth en la comisaría: «Se le acusará de asesinarlo».

Fue juzgada el 20 de junio en el tribunal conocido como Old Bailey. El jurado solo tardó 14 minutos en llegar al veredicto de que Ruth era culpable. La sentencia, la única posible entonces, era la muerte.

El 13 de julio fue ahorcada en la prisión de Holloway, mientras una multitud rezaba o guardaba un silencio solemne afuera.

Estos son los hechos básicos de la historia de Ruth Ellis. Hechos que no están abiertos a debate, cosa que no se puede decir de los argumentos que el caso planteó.

Ellis nunca se defendió, pero mucha gente lo hizo desde el principio.

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Decenas de miles de personas firmaron peticiones, y cientos escribieron cartas, pidiéndole clemencia, en vano.

Pero su caso no murió con ella. Influyó en la abolición de la pena de muerte en el Reino Unido y ha sido reexaminado una y otra vez con perspectivas más modernas a lo largo de los años.

Para su familia, el recuerdo de Ruth y su muerte estuvo siempre presente.

«Sus hijos, nuestra madre y nuestro tío, nunca se recuperaron. Mi tío se quitó la vida. El trauma de mi madre la dejó incapaz de ser la madre que necesitábamos», dijo su nieta Laura Enston, tras confirmarse que su abuela había recibido un indulto provisional póstumo.

«Tengo el honor de decir que Su Majestad el Rey ha aceptado nuestro consejo de conceder un indulto condicional a Ruth Ellis, la última mujer en ser ahorcada en Reino Unido», anunció el viceprimer ministro David Lammy esta semana en la Cámara de los Comunes.

«Si bien el indulto no alega su inocencia en el asesinato de David Blakely, sí sustituye la pena de muerte por una sentencia de cadena perpetua para reconocer una profunda injusticia en este caso excepcional».

El rey tiene la facultad de conceder indultos o conmutar penas; en la práctica, solo se utiliza cuando el gobierno lo solicita.

«Esperamos que esto traiga algo de paz a la familia de Ruth Ellis, que ha cargado con el peso de lo que le sucedió durante más de 70 años», añadió Lammy.

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La relación de Ellis y Blakely era, como se diría ahora, tóxica: marcada por momentos de euforia y estallidos de ira, separaciones y reconciliaciones, y otras relaciones paralelas —él con varias mujeres, algunas con las que llegó a comprometerse; ella con un amante que se volvió amigo, Desmond Cussen, quien más tarde se supo que le había dado el revólver.

Fue, además, breve: duró alrededor de un año, tiempo suficiente para degenerar en una espiral de celos, violencia y dependencia emocional.

Cuando se conocieron, ella era gerente de un club nocturno y procedía de una familia humilde; él era piloto de automovilismo y pertenecía a una familia acomodada.

Ellis tenía dos hijos: el mayor, de un soldado canadiense que luego descubrió que estaba casado y tenía tres hijos en Canadá; la menor, de su exmarido George Ellis, un dentista alcohólico y abusivo.

Acostumbrada a salir adelante por sí sola desde que abandonó el hogar familiar de joven para escapar de los abusos de su padre, Ellis pasó por diversos trabajos, desde modelo de desnudos hasta anfitriona de clubes nocturnos.

Joven, atractiva y carismática, fue ascendiendo hasta llegar a regentar un club, lo que le dio una estabilidad económica de la que Blakely no dudó en beneficiarse.

Además de haber sido arrestada inmediatamente después de matar a Blakely, Ellis rápidamente confesó, y luego firmó una declaración.

Relató que esa noche, tras dos días sumida en la desesperación y la rabia, y habiendo consumido copiosas cantidades de alcohol, salió con un revolver en su bolso en busca de su amante, dispuesta a matarlo.

Dos días después del tiroteo, Ellis le escribió desde prisión a la madre de Blakely.

«Sin duda, estos últimos días han sido un shock para usted. Por favor, intente creerme cuando le digo lo mucho que siento haberle causado esta desagradable situación. […] David y yo hemos pasado muchos momentos felices juntos. Le ruego que intente perdonarlo por vivir conmigo, pero estábamos muy enamorados»

«Desafortunadamente, David no se conformó con una sola mujer en su vida. He perdonado a David. Solo desearía haber encontrado en mi corazón la capacidad de perdonarlo cuando estaba vivo. Moriré amando a su hijo, y a usted le satisfará que su muerte haya sido vengada».

Esa resignación cercana a la fatalidad fue lo que encontró John Bickford, quien pronto se convertiría en su abogado.

Al preguntarle qué planeaba hacer, respondió: «Voy a declararme culpable. No tengo nada más por lo que vivir, y solo quiero irme a estar con David», le contó Bickford a la BBC.

La convenció de que intentara preservar su vida, si no por ella, por sus hijos.

No obstante, sabía que su única esperanza era que la declararan loca, conforme a las reglas de M’Naghten, que exigen demostrar que, en el momento del acto, el acusado sufría un defecto de la razón por una enfermedad mental que le impedía comprender la naturaleza de lo que hacía, o saber que estaba mal.

El psiquiatra que testificó en el juicio la declaró cuerda en el momento del crimen.

Poco durante el transcurso del día y medio que duró el juicio —rapidísimo para un caso de asesinato capital— favoreció a Ellis, ni siquiera su propio testimonio, aunque en él relató escenas crudas.

Contó, por ejemplo, cómo cuando ella le reclamó su relación con una mujer casada él le dio un puñetazo.

«Vi estrellas, me hormigueaba la oreja y me quedé como sorda. Después, puso dos dedos en mi garganta, y con la otra mano me daba puñetazos en el estómago. Yo lloraba y cuando sus dedos apretaron con fuerza mi garganta todo se volvió negro».

También relató que, apenas 10 días antes del asesinato, Blakely le provocó un aborto espontáneo tras golpearla en el estómago.

Después volvió a prometerle amor eterno y matrimonio. Planearon pasar juntos la Semana Santa, pero el viernes él se fue, prometiendo volver, a casa de una pareja que Ellis estaba convencida de que conspiraba para que la abandonara.

Blakely no volvió, no contestó sus llamados ni salió a hablarle cuando ella se presentó en esa casa. Ella, entre tanto, se fue saliendo de sus casillas.

El abuso de Blakely hacia Ellis se consideró entonces un asunto privado, ajeno al caso, que no era apropiado discutir públicamente.

El golpe de gracia lo dio el fiscal de la Corona, que en el contrainterrogatorio hizo una sola pregunta: «Señora Ellis, cuando disparó ese revólver a quemarropa al cuerpo de David Blakeley, ¿qué pretendía hacer?».

«Es obvio que cuando le disparé tenía intención de matarlo».

Esa respuesta dejó poco margen para la duda sobre el veredicto. Ella regresó al banquillo de los acusados, habiendo dado la impresión de ser una mujer segura de sí misma, con pocos remordimientos.

En su exposición final, el juez le dejó poco margen de maniobra al jurado, si es que alguno.

«Según nuestra ley, no es defensa para una mujer acusada del asesinato de su amante probar que era una mujer celosa, que había sido maltratada por su amante y que estaba enferma, o que después de que su amante prometiera pasar la Pascua con ella, él la dejara sin previo aviso y se negara a comunicarse con ella […] y como resultado ella se enfadó con él y se alteró emocionalmente, formando una intención de matarlo que no pudo controlar.

Lo que pasa es que ya entonces, y desde entonces aún más, muchos opinaban que sí debería ofrecerla.

Su fortaleza de carácter, su independencia y su sentido de la responsabilidad quizás ayudan a explicar que no se mostrara vulnerable ni abatida cuando tuvo que afrontar las consecuencias de sus actos.

Sin embargo, lo que varios psiquiatras que han estudiado el caso sostienen es que aquella aparente calma, que no jugó a su favor ante el jurado, no era una muestra de frialdad, sino una manifestación del trauma que arrastraba.

Para su nieta Enston, el hecho de que la glamurosa madre soltera no mostrara ninguna emoción durante el juicio fue un gran problema.

«Sin darse cuenta, ella reforzó esa imagen de asesina a sangre fría que se había creado en su contra, pero sabiendo lo que sabemos ahora sobre el trauma y la provocación gradual, Ruth estaba traumatizada… y era un caso típico de violencia doméstica», le dijo a la AFP el año pasado.

En la última mañana de su vida, Ellis le escribió al secretario del abogado una nota.

«Estimado señor Simmons, solo para que sepa que sigo sintiéndome bien. Son las 7 de la mañana. Todo el personal de Holloway ha sido simplemente maravilloso. Esto es solo para que consueles a mi familia con el pensamiento de que no cambié mi forma de pensar en el último momento, ni rompí mi promesa a la madre de David. (…) Adiós, Ruth Ellis».

El diario Daily Mirror afirmó que era «la mujer más serena que jamás haya subido al patíbulo».

Ese mismo periódico tituló esta semana: «Ruth Ellis fue una asesina, pero su indulto significa que ahora es simplemente mi abuela», citando al nieto.

¿Pero de qué sirve perdonarle la vida a alguien que ya murió?

El caso de Ruth se convirtió en una causa célebre en un momento en el que la moralidad de aplicar la pena de muerte estaba siendo cada vez más cuestionada, y exhacerbó el sentimiento público en su contra.

Dos sonados casos de errores judiciales tenían a la opinión en vilo.

La ejecución de Ruth Ellis fue el último clavo en el ataúd: tan solo dos años después el rechazo público empezó a reflejarse en la ley, con enmiendas que llevarían finalmente a la abolición de la pena de muerte en 1965.


Nota original publicada en el portal de bbc.com el 11 de julio de 2026: https://www.bbc.com/mundo/articles/cx24zp77k5ko?at_medium=RSS&at_campaign=rss.

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