En el sistema penitenciario de México, cientos de niñas y niños que viven con sus madres privadas de la libertad crecen entre muros de concreto sin la infraestructura adecuada para sus cuidados y desarrollo. A pesar de su presencia en los penales, la mayoría de los centros carecen de espacios y atención para garantizar sus derechos.
De acuerdo con el Censo Nacional de Sistemas Penitenciarios Federal y Estatales (CNSIPEF-E) del INEGI, al cierre del año 2025 un total de 280 niñas y niños menores de seis años permanecían con sus madres en diversos Centros Penitenciarios Estatales (CPE) y Centros Penitenciarios Federales (CPF).
A pesar de albergar a decenas de bebés, solo el 39.1 % de los centros cuenta con espacios para la maternidad, lo cual incluye salas de parto y áreas de lactancia. Es decir que el 60 % de las cárceles carece de estas facilidades básicas.
La normativa nacional e internacional exige condiciones que protejan los derechos de las infancias en prisión, pero la realidad de los 184 centros para mujeres o mixtos en el país muestra un severo déficit en servicios básicos.
Por ejemplo, únicamente el 36.4 % cuenta con espacios diseñados para el alojamiento o pernocta conjunta de las niñas y niños con sus madres, mientras que sólo el 33.7 % dispone de espacios para la educación integral y formativa, como centros de desarrollo infantil, guarderías o ludotecas.

Al cierre de 2025 se documentó la existencia de 280 personas menores de seis años viviendo con sus madres privadas de la libertad (145 niñas y 135 niños). Sin embargo, al desglosar sus edades se observa que una gran parte de esta población son recién nacidos o bebés.
El 40.4 % (113 menores) tenía menos de un año de edad, 77 tenían un año cumplido y 68 tenían dos años. Las cifras disminuyen a partir de los tres años (21 menores) y cuatro años (solo un menor).
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A finales de 2025, Animal Político publicó el reportaje Infancias en prisión: tres años para amar y soltar entre un desarrollo limitado y la infraestructura insuficiente, una investigación que retrata la compleja realidad de los cientos de niñas y niños que crecen en las cárceles mexicanas junto a sus madres, revelando cómo un entorno penitenciario diseñado sin perspectiva de infancia limita su desarrollo al restringirlos a espacios de concreto, hacinados y carentes de estímulos básicos.
Testimonios de mujeres privadas de la libertad exponen las graves carencias materiales, la falta de oportunidades laborales dignas y la angustia constante ante la separación definitiva que dicta la ley al cumplir los tres años de edad, evidenciando que el sistema falla en garantizar los derechos básicos de la maternidad y el bienestar integral de la niñez en el encierro.

El censo del INEGI también muestra que el problema de la falta de infraestructura materno-infantil, como salas de parto, se agrava al observar a la población de mujeres que requerirá de estos servicios a corto plazo. Además, reportó 146 mujeres embarazadas, 149 en periodo de lactancia y 6 que cursaban ambas condiciones al mismo tiempo.
Además, las condiciones de reclusión impactan directamente en la salud reproductiva. Los datos muestran que en los penales estatales seis mujeres experimentaron un aborto durante el año: tres fueron espontáneos, dos provocados y uno fue terapéutico.
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La problemática se agrava al considerar que la prisión preventiva oficiosa impacta a las mujeres en el sistema penitenciario de México, manteniendo a cientos de madres sin sentencia en una infraestructura penitenciaria limitada.
El mismo censo refiere que el “52.6 % de las mujeres privadas de la libertad o internadas correspondió a personas sin sentencia; en contraste, el 41.5 % de los hombres no contaba con una”. Es decir, más de la mitad de la población penitenciaria femenina permanecía encarcelada en espera de que se defina su situación legal.

Aunque el INEGI no detalla los nombres de los penales, sí permite ubicar geográficamente los estados donde se encuentran las 270 madres privadas de la libertad que viven con sus hijas o hijos menores de seis años.
Los datos muestran que dentro de los centros estatales el 27.4 % de las mujeres en esta situación se concentra en solo tres entidades del país: 27 mujeres en cárceles de Jalisco, 25 en Veracruz y 22 en Michoacán.
Otras entidades que registran un número importante de madres viviendo con sus infancias tras las rejas son Chihuahua e Hidalgo, con 20 casos cada una; el Estado de México, con 19; Tabasco, con 16; Chiapas, con 15 y Guerrero, con 14.
En un marcado contraste, la presencia de niñas y niños en los Centros Penitenciarios Federales es casi nula. El censo únicamente documenta a dos mujeres viviendo con sus hijos menores en instalaciones federales.
A nivel general, el impacto de la prisión en la maternidad es enorme: el 58.1 % de todas las mujeres recluidas en el país reportó tener hijas o hijos. Una cifra que evidencia que el impacto en las infancias del país traspasa los muros de las cárceles, afectando también a niñas y niños que crecen alejados de sus madres.
Nota original publicada en el portal de animalpolitico.com el 21 de julio de 2026: https://www.animalpolitico.com/sociedad/infancias-penales-falta-espacios-maternidad.
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