Impunidad en Zacatecas: madre muere sin respuestas tras desaparición de su hijo

“Ayer sepulté a mi mamá”, me escribió la hermana del abogado y músico zacatecano Raúl Calderón Samaniego. “Se fue sin respuestas”.

La señora María de la Luz Samaniego falleció el viernes pasado, a casi cuatro años del asesinato de su hijo.

Calderón, bajista del grupo de rock Los románticos de Zacatecas, desapareció a finales de diciembre de 2022. Al denunciar la desaparición, su padre presentó una serie de capturas de pantalla de una conversación que el músico había tenido con amigos. En dicha conversación, Raúl asentó que “lo andaban buscando en Guadalupe, Zacatecas, para darle cuello”.

“Y es en serio lo que les digo”, escribió.

El 31 de diciembre de ese año Raúl habló con su madre por última vez. Le dijo que iba de camino, entre Jerez y Zacatecas, un viaje de no más de 40 minutos. El 1º de enero su familia fue a buscarlo al departamento que rentaba en el centro de la capital del estado. Nadie abrió. Su auto no estaba en la cochera.

El día 2, las autoridades catearon el departamento. Hallaron el cuerpo de Raúl en el sillón de la sala. Lo habían asesinado con cuatro disparos. Se habían llevado su teléfono celular.

Una cámara de vigilancia registró el arribo al edificio donde vivía Calderón Samaniego, el 31 de diciembre, de dos personas. Las dos vestían de negro. Una de ellas llevaba una capucha.

La misma cámara mostró la salida, poco después, de ambas personas del edificio. Se vio que una de ellas era una mujer, quien fue quien dio el acceso al otro individuo. Ella salió del lugar a los tres minutos. El otro se quedó en el interior del inmueble durante 10 minutos más.

Imágenes del C5 mostraron la ruta por la que se alejó la camioneta en la que estos viajaban. Las placas habían sido registradas a nombre de Jaime Isaac Chávez Padilla, empleado de la fiscalía general de justicia del estado y hermano del alcalde morenista del municipio de Guadalupe, Julio César Chávez Padilla, un político muy cercano al gobernador David Monreal, y cuyo nombre llegó a ser barajado con insistencia como posible secretario de gobierno del estado (“A Julio César lo aprecio y le tengo confianza por su lealtad, y eso, tanto en la política como en la vida habla bien de las personas”, había declarado alguna vez Monreal).

El teléfono de Jaime Isaac, sin embargo, no había mostrado actividad en las antenas cercanas al departamento de Raúl Calderón. Las líneas que sí mostraron actividad en ese sitio, a la hora en que el crimen fue cometido, fueron las del alcalde Julio César Chávez Padilla, y la de su esposa, María de Jesús Solís Gamboa.

Según la investigación, María de Jesús, “traicionando la confianza que Raúl tenía en ella”, dejó abierta la puerta para que el alcalde lo sorprendiera con un arma calibre .380, la cual detonó en su contra en cuatro ocasiones.

En vista de los elementos de prueba, el entonces fiscal, Francisco Murillo, declaró que la investigación se llevaría a cabo “más allá del poder político”. El alcalde, sin embargo, desapareció. No se le volvió a ver en público. Los actos contemplados en su agenda se suspendieron.

Cuatro meses más tarde, lo desaforaron y se le dictó una orden de aprehensión. En abril de 2023, Chávez y su esposa obtuvieron un amparo para no ser detenidos. El caso fue congelado.

La familia de Raúl comenzó a buscar que se hiciera justicia, pero fue en vano. Hace un año, ante la inmovilidad de la fiscalía, y después de rogarle al fiscal que hiciera su trabajo, la madre del músico le envió una carta estrujante al secretario de seguridad pública de Zacatecas, general Arturo Medina Mayoral:

“La investigación de los hechos apunta a la participación del –en ese momento—alcalde de Guadalupe, Zacatecas (…); sin embargo, la fuga de información permitió que él y su esposa evadieran la acción de la justicia (…) El estado los protege e impunemente se burlan de mi dolor, se burlan de la justicia y de todos los zacatecanos. Desde entonces yo vivo de milagro, sin poder recuperar la paz, vivo con miedo de que el poder que a ellos los protege a nosotros nos vuelva a tocar. Tuve que dejar mi casa (…) estoy segura de que si vivo es porque merezco ver que se haga justicia”.

Esa justicia no llegó. Antes de morir, después de una larga enfermedad, la señora María de Jesús Samaniego preguntó si su carta había tenido al fin alguna respuesta.

Si la hubo: que la secretaría de seguridad no tenía competencia en el caso, y que la carta sería turnada a la misma fiscalía general del estado que en su momento congeló la investigación.

Pero su familia no tuvo corazón para decirle la verdad. No quiso quitarle la esperanza. “No descansen hasta que haya justicia”, fue lo último que dijo la señora Samaniego.

La noticia de su muerte encendió las redes. Ese misma día, ante la avalancha, lo que se le ocurrió a la fiscalía a cargo de Cristian Paul Camacho Osnaya… fue volver a catear la casa del alcalde, que había sido cateada en abril de 2023.

Fue volver a catear lo que ya habían cateado.

Un escándalo más: si la señora Samaniego no hubiera muerto, el caso del amigo y protegido de David Monreal seguiría en el limbo.


Nota original publicada en el portal de El Universal el 2 de noviembre de 2026: https://www.eluniversal.com.mx/opinion/hector-de-mauleon/en-el-limbo-la-historia-de-otro-alcalde-profugo/.

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