
El fútbol siempre nos devuelve esa certeza de que, cuando juega la Selección, no hay distancia que nos separe.
El emocionante encuentro de octavos de final entre México contra Inglaterra no solo nos dejó al filo del asiento en lo deportivo, sino que provocó un terremoto histórico en los niveles de audiencia televisiva y digital, especialmente en los Estados Unidos.
La transmisión en español para el público estadounidense, liderada por Telemundo y la plataforma Peacock, alcanzó la impresionante cifra preliminar de 23.1 millones de espectadores.
Este número no es cualquier cosa: coloca al partido en la antesala de convertirse en la emisión lineal en español más vista en toda la historia de la televisión de ese país, superando los 18.9 millones del duelo previo contra Ecuador.
El fenómeno se desmenuzó de la siguiente manera en las pantallas norteamericanas:
Televisión tradicional: Promedió 9.4 millones de televidentes en vivo durante las tres horas de transmisión, tumbando el récord previo de 8.7 millones.
Streaming y plataformas digitales: Registró una locura de 13 millones de usuarios por minuto, coronándose como el partido de fútbol más reproducido por vías digitales en el mercado hispano.
El valor de la identidad y el arraigoEste nivel de convocatoria explica de raíz por qué las grandes cadenas comerciales están dispuestas a desembolsar cifras descomunales que superan los 400 millones de dólares por los derechos de transmisión mundialistas.
No es solo un negocio; es el reflejo del enorme motor económico, social y cultural que representa nuestra comunidad migrante.
La pasión y el arraigo de los paisanos no se diluyen con la distancia, al contrario, se convierten en el latido principal de los eventos más grandes del planeta.En territorio nacional el fervor no fue menor.
A pesar de las tormentas eléctricas que retrasaron el silbatazo inicial en el Estadio Azteca, la afición aguantó a pie firme.
La señal de TelevisaUnivision y ViX reportó que 35.8 millones de personas siguieron el juego en nuestro país, mientras que más de 1.3 millones de almas se congregaron en las plazas públicas de la Ciudad de México para apoyar al cuadro dirigido por Javier Aguirre.
Aunque en la cancha el marcador cerró con un doloroso 3-2 a favor de los ingleses comandados por Thomas Tuchel, queda claro que en las tribunas y en los hogares el triunfo fue colectivo.
Nuestra gente, con su identidad intacta y su capacidad de unirse ante la adversidad, demostró una vez más que las fronteras son invisibles cuando nos mueve el mismo orgullo.
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