Hermann Bellinghausen: África no existe

Hermann Bellinghausen: África no existe

Tomado de https://www.jornada.com.mx/

▲ El jugador Dayot Upamecano (4) durante el partido de futbol del Grupo I de la Copa Mundial entre Francia y Senegal.Foto Ap

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pesar de que Francia necesitó de un senegalés para derrotar a Senegal, las selecciones africanas en el Mundial resultan de segunda, sin la importancia de las escuadras “grandes” según la FIFA y los narradores televisivos. Como dijo el crack suizo Breel Embolo, nacido en Camerún, “los organizadores del Mundial nos están haciendo ver como tontos”.

Hay algo de misterio en el hecho de que dos de los autores que más han enseñado sobre África a Occidente sean polacos: Ryzsard Kapuscinki y Joseph Conrad. Tal vez por proceder de un país reiteradamemente colonizado por los imperios vecinos.

Kapuscinski, que vivió en el continente recién independizado y durante años reportó sus guerras, sostenía que África no existe. Es un invento europeo. La amplitud de esa porción del mundo es inabarcable para las mentes simples del hombre blanco.

Así como nadie toca mejor el blues que los afroestadunidenses, al paso que vamos pronto nadie jugará mejor la pelota que los africanos. O ya sucede. ¿Qué harían sin sus africanos los favoritos España, Francia e Inglaterra, los principales colonizadores y genocidas, junto con Portugal, Bélgica, Países Bajos y Alemania, del mal llamado continente negro? Aclaremos que el Magreb tiene culturas e historias coloniales distintas. Marruecos, Argelia y Túnez son una cosa. Otra, Egipto. Y muy otra las naciones subsaharianas Senegal, República Democrática del Congo, Sudáfrica, Ghana, Costa de Marfil, además del archipiélago de Cabo Verde.

Todos fueron colonias europeas, y en cierto modo lo siguen siendo. La extracción de piernas africanas, como el oro, se ha convertido en el secreto de la bonanza futbolística europea. En selecciones de espléndido futbol como Marruecos y Cabo Verde, la mayoría de sus jugadores nacieron en el flujo migratorio a las metrópolis. Además de someterlos y saquearlos desde el siglo XV, los portugueses, españoles, ingleses, franceses y neerlandeses esclavizaron a millones de personas de dicho continente para repoblar América, algo que en el caso de Brasil, Colombia y Ecuador reviste relevancia futbolística.

Entre las selecciones favoritas se cuentan las que deben su brillo a hijos de sus ex colonias: Yamal, Niko Williams, Émbolo, Lukaku, Aké, Zaka, Madueke y tantos más. ¿Qué sería de Francia sin Kundé, Salibá, Dembelé, Tchouameni, Upamecano, Doué y Mbappé? El favoritismo de Occidente permite perdonar al astro mayor Messi una falta de tarjeta roja (que ni al VAR se arrimó) pues vale demasiados millones como para someterlo a las mismas reglas que al argelino, congoleño o senegalés que se le interponga. Contra Argelia, el vecino argentino de Mar-a-Lago lamentablemente no merecía los tres goles que le regalaron el árbitro y el destino.

Todo esto lo saben el organizador Gianni Infantino, el anfitrión Donald Trump, las marcas Nike y Adidas, los vocingleros de las grandes cadenas televisivas. El inamovible presidente del futbol europeo Aleksander Ceferin, paisano de Melania Trump, puede expresar sin pudor su desprecio a los “otros” países, pues no alcanzan el nivel de la UEFA y ciertos sudacas latinoamericanos. Son los dueños del balón. Contra magrebíes, árabes y africanos la desigualdad asoma en cada detalle. Lo ilustran el árbitro somalí Omar Abdulkadir Artán, los jugadores sudafricanos, iraquíes, senegaleses o congoleños que se toparon con la salvaje migra gringa y el ninguneo tramposo a nivel de hospedaje y cancha. Ya ven Irán.

Así como la afición hispana ha tratado como mono a Vinicius Jr o como moro a Yamin Yamal, don Infantino les hace fuchi a los salvajes, Trump ordena restricciones para los sudafricanos que no son afrikaner y para cualquier oscuro que incomode al WASP promedio. Sin embargo, el mejor futbol hoy es de raíz africana.

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