Hacer transparente lo jurídico

En otro elogio escrito mucho antes del libro del profesor Víctor Ferreres, el Elogio de la locura, Erasmo de Rotterdam hacía una crítica poco misericorde de los jurisconsultos, a quienes incluía dentro del círculo de los “falsos sabios”. Para Erasmo, el prestigio que se presumía a los juristas descansaba simplemente en su capacidad para “entrelazar entre sí quinientas o seiscientas leyes sin orden ni concierto, sin preocuparse demasiado si guardan relación con los asuntos que tratan.

Añadir párrafos y más párrafos, citas y más citas haciendo creer al vulgo que su ciencia es cosa muy difícil”. Esta sátira del hombre de leyes y su pedantería esconde también, a poco que se piense, una crítica a su producto, es decir, al derecho o, si se prefiere, a la lengua en la que se expresa el derecho.

El sistema jurídico sería así producto de un saber corporativo y autorreferencial, registrado en un código que paulatinamente se ha desconectado del lenguaje común que usan los ciudadanos, a quienes no solo les rige el derecho, sino que, en un sistema democrático, son fuente de su propia legitimidad. Esta complejidad técnica del mundo jurídico sirve a menudo como capital simbólico y fuente de autoridad para los que administran ese saber oscuro, necesitado de intermediarios expertos.

Elogiar el derecho, desde estas premisas, no estaría al alcance de todos y, por lo tanto, sería una impostura por parte de los legos. La oscuridad del lenguaje jurídico, podrían defender sus acreedores, no sería tanto un vicio corporativo como el efecto de un sistema que estructuralmente solo puede operar sometiendo la realidad a la complejidad de sus propios códigos.

Frente a esa resignación al hermetismo, el profesor Víctor Ferreres, uno de nuestros más grandes juristas, ha escrito su Elogio del derecho, un libro que propone algo muy poco habitual, casi inédito: explicar el fenómeno jurídico mediante el diálogo, devolviéndolo al espacio natural de la conversación pública, con el objetivo de hacer transparente, frente a la especialización técnica de las distintas ramas jurídicas, la unidad de sentido que vertebra este saber indispensable para la convivencia humana.

La conversación que Víctor propone no es, en cualquier caso, una conversación entre iguales, sino que se articula a través de la autoridad pedagógica del maestro que guía el itinerario intelectual, en este caso, de Gala y Alex, dos curiosos estudiantes de primero de derecho.

Un diálogo que responde al canon platónico –con buena dosis del Mairena machadiano– donde la búsqueda compartida del saber, aunque aparenta horizontalidad, está cuidadosamente dirigida por quien controla las preguntas, delimita los conceptos, expone las contradicciones y conduce hacia determinadas conclusiones. En definitiva, por la figura clásica del maestro.

Lo cierto es que, en plena crisis existencial, no ya del derecho, sino de la universidad, el libro de Víctor Ferreres reivindica sin decirlo la autoridad persuasiva del magisterio, su valor indispensable en la transmisión del conocimiento.

Por lo que se refiere al estudio del derecho en sí, ahora que la tecnología ha devaluado herramientas como la erudición jurídica o la destreza en el uso de bases de datos o colecciones de jurisprudencia, este Elogio del derecho revela la importancia que tiene la interiorización de la lógica esencial de la scientia iuris.

Nos encontramos así, por no soltar a Erasmo, con un trabajo que sitúa el derecho, en tanto manifestación de la razón práctica para la resolución de problemas y la ordenación de la convivencia, como una rama de la tradición humanista. El profesor Ferreres, podríamos decir, nos recuerda que el derecho no es solamente un sistema normativo, sino también una forma elevada de educación del juicio.

Sorteando la parcelación de las disciplinas jurídicas, el diálogo que nos propone el maestro Emeritus transita desde el derecho penal a los contratos, desde los problemas básicos del constitucionalismo al derecho de daños, del civil law al common law, del derecho procesal al internacional, instruyendo al lector en la lógica esencial de cada una de estas ramas y del hilo que las une, siempre a la luz de los dilemas concretos que indistintamente se plantean los estudiantes y el profesor.

Tiene así, el libro de Víctor Ferreres, la virtud de exponer la dialéctica conflictiva o la dimensión moral que está detrás de muchas opciones jurídicas, desde la tipificación de ciertos hechos como delito y la decisión sobre su castigo a la propia idea de controlar judicialmente al legislador, reivindicando a su vez la necesaria naturaleza autoritativa del derecho. Se trata, por todo ello, de un ensayo que enseña a pensar el derecho y al mismo tiempo a saber leerlo e interpretarlo.

En otras palabras, a conocerlo. No es de extrañar que haya sido el profesor Ferreres quien haya ideado con éxito un libro así.

Catedrático de derecho constitucional desde hace años en la Universidad Pompeu Fabra, su formación en la Universidad de Yale y su actividad como profesor en la Universidad de Texas explican su querencia antidogmática hacia la claridad expositiva, tan propia de la academia norteamericana, y una familiaridad no demasiado usual con la filosofía del derecho.

De hecho, su propia tesis doctoral versó sobre el gran problema filosófico del derecho constitucional, que no es otro que la legitimidad del control de constitucionalidad de las leyes. Esta formación al otro lado del Atlántico es la que le da al autor una perspectiva del fenómeno jurídico que le permite contrastar nuestras instituciones continentales no solo con la tradición del common law ydel precedente, sino también con realidades como el jurado popular en los juicios civiles o la mediación en materia penal.

Así, a lo largo del libro, al aproximarnos de su mano a la lógica de estas figuras extrañas a la tradición continental, el profesor Ferreres logra precisamente desvelar con claridad las razones filosóficas que dan unidad de sentido a nuestros códigos.

Como he podido comentar con algún compañero, este Elogio del derecho debería figurar en todas las facultades de España como lectura obligatoria en el primer curso del grado de nuestra disciplina, y no me extrañaría nada que acabe siendo así no solo aquí, sino en otros países de la América Latina. Desde luego, uno hubiera querido leer estos diálogos cuando iniciaba la licenciatura en derecho.

En cualquier caso, se trata de una obra cuyo destinatario no es solo el jurista o quien se inicia en estos estudios. Rompiendo con ese tópico sobre la oscuridad de la lógica y el lenguaje jurídico, este libro puede ser leído con placer literario por cualquier lector con curiosidad hacia el derecho y sus asuntos.

O, dicho de otro modo, por cualquier persona que tenga interés en conocer de forma amena los fundamentos de aquello que la RAE define como ese conjunto de normas y principios, expresivos de una idea de justicia y orden, que regulan las relaciones humanas en toda la sociedad y cuya observancia puede ser impuesta de una manera coactiva. ~


Nota original publicada en el portal de letraslibres.com el 8 de septiembre de 2026: https://letraslibres.com/revista/hacer-transparente-lo-juridico/08/09/2026/.

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