«Hace cuatro años que no lo veo y ya no sé si existe o no»: las mujeres que buscan a sus hijos en las cárceles de Bukele

Autor, Leire VentasTítulo del autor, Corresponsal de BBC News Mundo en Los Ángeles

Fecha de publicación 39 minutos

Tiempo de lectura: 11 min

Autor, Leire Ventas

Título del autor, Corresponsal de BBC News Mundo en Los Ángeles

Son madres buscadoras aunque, a diferencia de las de México, no remueven la tierra con la esperanza de hallar los cuerpos de sus hijos. A los suyos se los tragó el sistema penitenciario de El Salvador.

"Desde que me lo agarraron, no lo he visto. No sé si existe o no existe", se lamenta Marcela Alvarado.

A su hijo, José Duval Mata Alvarado, lo detuvieron varios soldados el 18 de abril de 2022 en la comunidad rural La Noria, en Jiquilisco, en el sureste del país, cuando volvía a casa de su jornada como tractorista.

A pesar de las súplicas y de asegurar que era inocente, se lo llevaron acusado de "agrupaciones ilícitas", como sucedió con la mayoría de arrestados bajo el régimen de excepción que por aquel entonces acaba de entrar en vigor en el país.

Ese decreto de emergencia que suspende una serie de derechos constitucionales es el instrumento principal de la política de seguridad del gobierno de Nayib Bukele.

Con esa medida, el mandatario salvadoreño logró la desarticulación de las poderosas pandillas que aterrorizaron al país durante décadas.

Temporal por definición, más de cuatro años después sigue prorrogándose cada mes en medio de las críticas de grupos de derechos humanos locales e internacionales que argumentan que dicho estado de excepción ha llevado a detenciones arbitrarias y sin orden judicial.

Fuente de la imagen, Cortesía Madres por la Libertad

Desde el día en que se llevaron a su hijo, Alvarado continúa preguntándose cómo estará, si realmente permanece allí donde le dicen que está preso.

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A pesar de que en todo este tiempo dos jueces han ordenado la inmediata liberación de Mata —BBC Mundo pudo ver las resoluciones—, cada vez que su madre acude a la Procuraduría o a dejar en manos del empleado penitenciario de turno un "paquete" de alimentos básicos y artículos de higiene, le aseguran que continúa tras las rejas de la infame megaprisión conocida como Cecot.

Alvarado lleva consigo esa interrogante en cada visita, en un peregrinar de casi cinco años que también la ha llevado por comisarías, juzgados y otros centros penales, y que le ha dejado al menos una certeza.

"En todos esos lugares siempre me he encontrado con madres que, como yo, andan preguntando por sus hijos", cuenta. "Madres, hermanas, cuñadas, tías, muchas muy mayores, ancianas, de todas las edades en verdad, pero casi siempre puras mujeres".

De tanto coincidir, se han ido juntando orgánicamente, en la región sureña del Bajo Lempa primero y extendiéndose por la geografía salvadoreña después, para apoyarse entre ellas, compartir información, consejos y gastos de desplazamientos, y acompañarse en la desgracia y en su lucha para seguir adelante.

Hoy constituyen un colectivo formado por cientos de mujeres que bautizaron como Madres por la Libertad y con el que quieren hacer frente al silencio institucional y al olvido, reclamando el derecho a ser informadas, a las visitas familiares y a un juicio individual y justo para sus familiares.

"Todas estamos pasando por una situación muy similar y, al ponerla en común, sentimos que el dolor ya no es de una sino del grupo", dice Liliana Urías.

"Al menos a mí me ha ayudado a salir adelante, porque antes no podía tocar el tema, no podía hablar de mi hijo preso", le cuenta a BBC Mundo desde su casa en Puerto El Triunfo, en el departamento de Usulután, la zona sureña del país donde tiene su germen el colectivo.

A su hijo Merlon Urías lo vio por última vez el 30 de marzo de 2022, tres días después de que la Asamblea Legislativa salvadoreña diera luz verde al régimen de excepción impulsado por Bukele. Trabajador de la caña de azúcar, tenía 19 años y una hija de uno.

"Fue muy duro verlo arrodillado, con las manos a la espalda. Sólo puede acertar a darle palabras de aliento, a decirle: 'No se preocupe, mi hijo. Usted sabe que no pertenece a nada. Órele a Dios y va a salir de esto'", recuerda.

"A partir de aquello entré en depresión, me enfermé mal. No comía, solo llorando pasaba".

Las cosas empeoraron cuando, al mes y seis días, su esposo, Israel Reyes, un marino retirado que ofrecía transporte particular con su camioneta "viejita pero de las buenas", corrió la misma suerte.

Fuente de la imagen, Cortesía de Liliana Urías

Al igual que Alvarado, Urías comenzó entonces a tocar puertas, para hacer preguntas primero y tratar después de demostrar con solvencias de la policía y otros documentos que sus familiares detenidos nada tenían que ver con las organizaciones criminales que en su día llevaron a El Salvador a encabezar el ranking de los países con más homicidios del mundo.

Hoy sigue acudiendo cada mes al centro penitenciario La Esperanza, más conocido como Mariona, donde le dicen que está recluido su hijo, y al de Izalco, donde guarda prisión su marido.

"A veces el guardia de la entrada me dice que cambiaron a uno o a otro de celda y con eso me siento un poco más tranquila", cuenta, agarrándose a una de las pocas noticias que ha tenido de ellos desde 2022. "Es como cuando trasladaron a Merlon de penal. Se está moviendo dentro del sistema. Entonces, sé que sigue ahí".

Asegura que es más de lo que muchas mujeres pueden decir. Hay madres que reconocieron a sus hijos en videos oficiales o en fotografías en redes sociales, y así supieron de traslados entre centros o pasos por el hospital.

Crédito de imagen: Pie de foto, Marcela Alvarado no sabe nada de su hijo, José Duval Mata Alvarado, desde que lo detuvieron en abril de 2022.


Nota original publicada en el portal de bbc.com el 15 de septiembre de 2026: https://www.bbc.com/mundo/articles/c780j3p04dqo?at_medium=RSS&at_campaign=rss.

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