Confieso que nunca he sido aficionada al futbol y para el caso, a ningún otro deporte. Sin embargo, en este Mundial, al igual que millones de personas en todo el mundo, fui partícipe de esa emocionante mezcla de alegría y sufrimiento que provoca un partido bien jugado.
A lo largo del torneo fui aprendiendo a valorar –gracias a la asesoría de mis hijos y nietos–, una buena estrategia, las reglas, los errores, el léxico, los significados de distintas señales, todo lo que permite disfrutar a fondo ese juego que es capaz de unir en una misma emoción a un país.
Eso fue patente en el nuestro, donde hemos vivido años de mucha polarización y cuando ganaba México, me atrevo a afirmar que –sin excepción– todos los mexicanos estábamos unidos en el mismo sentimiento de orgullo y felicidad.
Un gran acierto del gobierno fue facilitar a toda la gente el acceso gratuito a los partidos con grandes pantallas, servicios y facilidades en diversos lugares públicos. No creo que nunca en la historia de nuestra ciudad, el emblemático Paseo de la Reforma haya juntado a esa multitud desbordante de alegría.
Como ya hemos comentado –con las exposiciones de la rejas de Chapultepec y del Museo de Antropología–, el arte no se quedó atrás. Hoy vamos a hablar de la exposición Futbol y arte: Esa misma emoción, que presenta el Museo Jumex, en su sede de Polanco. Su objetivo central es realizar un recorrido por las múltiples intersecciones entre el arte contemporáneo y el balompié como expresión cultural, estética y social.
El experimentado curador Guillermo Santamarina nos invita a examinar cómo el futbol va más allá de la cancha y el estadio y actúa como un lenguaje común y universal. La muestra aborda cuestiones de género, comunidad, identidad y globalidad, explorando tanto la fuerza lúdica del juego como sus dimensiones críticas y políticas.
Esto lo podemos apreciar con cerca de 100 obras de 60 artistas provenientes de 13 países, entre ellos México, Estados Unidos, Francia, Japón y Sudáfrica. Santamarina comenta: “El futbol es un sistema de imaginación y de información que exhala e inhala a la compleja realidad de la especie humana del siglo XXI y, en efecto, sus incalculables emociones”. Destaca cómo la cultura visual moderna encuentra su cumbre más refulgente en la red de representaciones y de ritos sociales paralelos al juego del balompié.
Todo ello lo vemos a través de pinturas, esculturas, instalaciones, fotografías y videos; hay una interesante mixtura de obras históricas con piezas producidas especialmente para la exposición. El museo comisionó obras a los artistas Diego Berruecos, Iñaki Bonillas y Sofía Echeverri. En la plaza del museo, el colectivo Tercerunquinto expone Tribunas, una instalación escultórica conformada por gradas con butacas recicladas del estadio Azteca. La idea es que funcione como un espacio público y performativo que alberga actividades literarias, musicales, performáticas y transmisiones de partidos.
La museografía, diseñada por el talentoso arquitecto Mauricio Rocha, transforma las galerías del museo para aludir a los elementos simbólicos del futbol, como el balón, la cancha, las gradas y el estadio.
El museo es la principal plataforma de la Fundación Jumex Arte Contemporáneo; se inauguró en noviembre de 2013, como una institución dedicada al arte contemporáneo.
Lo alberga un original edificio revestido en concreto blanco y cantera de Xalapa, que diseñó el famoso arquitecto británico David Chipperfield (Premio Pritzker). Fue su primera obra en América Latina y destaca por su estructura de cuatro niveles rematada por una cubierta con dientes de sierra que permite la entrada de luz natural.
El objetivo del museo –cuyo acceso es gratuito– no es sólo servir a un público amplio y diverso, sino también ser un laboratorio de experimentación e innovación en las artes. Busca familiarizar a los visitantes con los conceptos y contextos que informan la práctica artística actual, a través de sus exposiciones, publicaciones, investigaciones y programas públicos.
Otra cualidad del museo es que además de una atractiva tienda, tiene en la planta baja, con acceso a la calle, el restaurante Eno, con una bonita terraza y sabrosa comida como de casa: sopa de lentejas, ensalada de pasta o de nopal, milanesa de pollo, albóndigas, chile relleno de picadillo, y tienen menú del día. Por si sólo quiere un descansito, hay buen café y algunas especialidades como atole de mamey.
Nota original publicada en el portal de La Jornada el 19 de julio de 2026: https://www.jornada.com.mx/2026/07/19/capital/026a1cap?partner=rss.
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