Futbol y goles, conjuro para expiar las culpas de Trump, FIFA y aliados

Futbol y goles, conjuro para expiar las culpas de Trump, FIFA y aliados

Tomado de https://www.jornada.com.mx/

▲ Salma Hayek, bajo las letras doradas de FIFA, fue la encargada de pronunciar el mensaje de bienvenida en la inauguración. La actriz ofreció un emotivo discurso y cerró con un “¡Que viva México!”Foto Víctor Camacho

▲ Sombrerazos durante uno de los goles de México ante la selección de Sudáfrica.Foto Marco Peláez

Miguel Ángel Velázquez

Periódico La Jornada
Viernes 12 de junio de 2026, p. 6

Como caído del cielo, el cinismo, vestido de dorado –ningún color le hubiera ido mejor–, se posó frente a los más de 80 mil asistentes para pedirles el olvido a todas las atrocidades, a todos los dolores, con sólo cuatro letras: FIFA.

Dato importante para alimentar el dicho: el gerente, más que presidente de la FIFA, Gianni Infantino, otorgó una medalla de oro a Donald Trump el 5 de diciembre de 2025 por sus acciones a favor de la paz, mientras el agente naranja se convertía en cómplice del genocidio en Palestina.

Pero no fue todo. Infantino fue quien empujó para hacer de Estados Unidos una de las sedes del Mundial de Futbol; para decirlo claro: el país que margina, segrega, golpea y mata migrantes, entre otros, recibió el premio de convertirse en la sede de un campeonato mundial, aunque el deporte no se practique como se esperaba en tierra gringa.

Y es que en estos días el balón se convierte en una muy poderosa aplanadora de memorias, de reacciones. Por ahí de mil 100 millones de personas, en todo el mundo, contemplaron el ir y venir de las caderas de Shakira y del tiempo que ha pasado sobre Maná y luego, como un amuleto que quita todos los pecados del mundo, se olvida el genocidio en Palestina, de las amenazas a Cuba y, en nuestro terreno, el intento de controlar la política con la colaboración de la ultraderecha mexicana que vende refrigeradores y teles y compra voluntades desvencijadas.

El momento de la magia

Pero todo eso se esfuma cuando un jugador de la selección de México anota el tan esperado primer gol. El apetito del monstruo de Tlalpan aún no se satisface y pide más, otro gol. Fuera del estadio un grupo de jóvenes se enfrentó con la policía, pero hasta aquí, en la entraña del Coloso sólo se oye un estruendoso “culeeero” cuando se considera que el árbitro brasileño no es justo en una de sus decisiones.

Para muchos el día empezó temprano. A eso de las 6 de la mañana las calles aledañas al otrora Azteca estaban repletas de seres verdes, que como penitencia caminaban hacia las fauces del monstruo dóciles con su destino: ser engullidos por el Coloso, ahora mutilado, ahora con una identidad diferente, pero siempre con el deseo insatisfecho de ver a México en una final.

Fue difícil vencer el muro de gente que rodeaba al estadio. Las colas de vehículos que iban por el Periférico –Tlalpan estaba cerrada por las manifestaciones de maestros– abarcaban varios kilómetros del asfalto de lo que alguna vez fue una vía rápida. Mucha gente abandonaba sus autos o camionetas para seguir a pie. La espera para avanzar algunos metros fue, en algunos tramos, de hasta 20 minutos y a los de la verde les urgía llegar.

Se sentían confiados, tranquilos porque además se supo temprano que había una especie de tregua. Todos los augurios que presagiaban un día difícil, de furia y destrozo no tuvieron lugar, cuando menos durante las cuatro horas, más o menos, que duró la ceremonia del inicio y el juego entre Sudáfrica y México. Al final del partido, apenas unos minutos después, se soltó el aguacero. Lo que se había interpretado como una tregua ambiental se había roto.

En las calles, informaron fuentes oficiales, hubo 56 mil uniformados de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la CDMX, del Ejército, de la Guardia Nacional y de la Fuerza Aérea, que ocuparon más de mil vehículos de combate, la mayoría de ellos. Todos cumplieron, se aseguró, aunque casi ninguno se fue a casa. El episodio dos estaba en el Ángel.

Pero volvamos al estadio: llegó el medio tiempo y las denuncias de pérdida o robo de celular se escuchan entre la gente. Además, unos ingeniosos cartones que podrían colocarse en la cabeza como sombreros charros de ala ancha fueron lanzados al aire desde las tribunas bravas al inicio del partido y repitieron el asunto casi al final junto con “la ola” que sí, se vio imponente.

Las filas de quienes no querían llegar ni regresar a sus lugares desarmados se hacían largas, inmensas. La espera por las chelas y los tragos de whisky duraba tanto o más que las filas vehiculares del Periférico y nadie se quejaba; tal vez por eso uno de los que esperaba su turno con paciencia “heroica” recordó aquel grito de ataque del mundial de 1986 que se escuchó fuerte pero para el que tuvo muy débil coro y que rezaba: “somos un desmadre… somos un desmadre”.

Las inquietudes se habían disipado y los ojos de más de mil 100 millones de personas en todo el mundo se posaron en México. Muchas actividades en todo el planeta se frenaron para presenciarlo.

Aquí, vale la pena reiterarlo, la gente desafió al sueño y al cansancio. A las 4 de la mañana hubo quienes se citaron para iniciar el camino y retaron su condición física para pasar la “última milla”. Los mismos que por la mañana pisaban seguros lo que queda de las banquetas y los hoyos de las calles alrededor del estadio, arrastraban los pies y bostezaban en el retorno que se hacía menos pesado cantando el Cielito lindo y la repetición fuerte del México-México, para que a nadie se le olvide.

Porque eso sí, ya se aprendieron el camino e hicieron mañana para el partido que viene y al que de ninguna manera hay que faltar, sobre todo porque ya saben que el pleito está en la cancha, en ningún otro lado.

Poco antes de las 4 de la tarde, parecía que todo estaba consumado, pero en la imaginaria de todos seguía El Ángel. Ochenta mil colmaron la entraña del monstruo de concreto que ya perdió hasta el nombre y a pesar de la injusticia, de la protesta y hasta de la provocación, el show siguió y justificó el negocio que hoy es la razón del business y que debería abandonar el demagógico nombre de Copa Mundial de Futbol para renombrarse, sin tapujos: FIFA SA.

Hasta el cierre de esta edición la gente colmaba las calles del Paseo de la Reforma. Los que no durmieron la noche anterior para salir temprano de casa, y que no les impidiera ninguna turbulencia llegar al destino, estaban bien giritos; y los que esperaban la foto del caos, se quedaron con las ganas, así quedó el marcador.

Tomado de https://www.jornada.com.mx/