Estudiantes y docentes viven el arte de cerca con el programa AVE

Una plataforma nómada para acercar el arte contemporáneo a estudiantes y docentes del bachillerato universitario, aboliendo el formato tradicional de visita guiada y privilegiando las experiencias creativas, los talleres, los procesos colaborativos, la formación docente y los dispositivos de comunicación, así es el programa Arte, Vinculación y Experimentación (AVE), iniciativa de la Dirección General de Artes Visuales de la UNAM.

El cierre del taller «La imaginación en la práctica educativa. Herramientas pedagógicas para docentes», el pasado 22 de junio, realizado por el programa con profesoras y profesores de la Escuela Nacional Preparatoria es apenas una escala dentro de una ruta más amplia: en los próximos días comenzará una nueva edición dirigida ahora a docentes del Colegio de Ciencias y Humanidades.

Tras el cierre, en el auditorio del Museo Universitario Arte Contemporáneo, se entregaron las constancias, con la presencia de Tatiana Cuevas Guevara, titular de la Dirección General de Artes Visuales de la UNAM y el MUAC; Dora Luz Haw, secretaria de Comunicación de CulturaUNAM; Tere Quintanilla, directora del Instituto Mexicano del Arte al Servicio de la Educación, y Roberta Orozco Hernández, secretaria de Difusión Cultural de la ENP.

En su intervención, Cuevas agradeció la alianza sostenida entre la DGAV y la Escuela Nacional Preparatoria, especialmente desde la Secretaría de Difusión Cultural de la ENP. También subrayó que la Coordinación de Vinculación Estudiantil y Comunidades, de la cual se desprende AVE, es ya una unidad permanente de la DGAV para consolidar actividades continuas con la educación media superior de la UNAM, tanto con la ENP como con el CCH. Además, recordó que, de enero a la fecha, el programa ha atendido a más de 1,600 estudiantes y que, a partir de agosto, continuará llevando artistas contemporáneos a los planteles.

El programa AVE, coordinado por el artista y curador David Miranda, va a los planteles y crea procesos artísticos participativos en los que las y los estudiantes ven cumplida su necesidad manifiesta de una mayor incidencia en los procesos, lejos de la pasividad. Las personas artistas trabajan con las y los estudiantes, y la unidad móvil que las conduce hasta las escuelas, equipada con cabina de grabación, produce un podcast en el que también participa la comunidad estudiantil.

“Los docentes son la verdadera apuesta de transformación en términos de amplitud del lenguaje del arte”, afirma Miranda. Para el coordinador de AVE, la formación de maestras y maestros es crucial porque permite multiplicar el alcance del programa sin reducirlo a una excursión cultural ocasional.

Un profesor de bachillerato puede tener grupos de 80 estudiantes y atender a cientos de jóvenes en una semana. Por eso, explica, si el museo logra trabajar con docentes, los convierte en aliados capaces de abrir otras formas de relación entre el arte, la escuela y la vida cotidiana de los estudiantes.

El taller recién concluido invirtió la lógica usual: en lugar de llevar a los estudiantes al museo, sacó a los docentes de los planteles para convertir al museo en un laboratorio pedagógico. Ahí, especialistas en arte, educación y mediación compartieron herramientas para usar la obra artística como objeto de estudio en distintas disciplinas. La intención, precisa Miranda, no es enseñarles a los profesores a dar clase, sino fortalecer sus modos de relación grupal y mostrar que una práctica artística puede activar preguntas de química, física, matemáticas, literatura o historia.

“A los estudiantes no les interesa ser espectadores; ellos quieren ser creadores de contenido y protagonistas”, dice Miranda sobre los resultados del diagnóstico que AVE realizó con estudiantes de la ENP. Esa observación desplaza el centro del modelo: el bachillerato ya no aparece como una comunidad pasiva a la que debe llevarse cultura, sino como un conjunto de jóvenes capaces de producir sentido, voz, imagen y experiencia.

Para Miranda, esto obliga a repensar las prácticas de mediación cultural, pues las nuevas generaciones no se relacionan con los museos, la información y la tecnología del mismo modo que las anteriores. En ese cambio se juega uno de los desafíos mayores de la pedagogía contemporánea.

En un mundo saturado por pantallas, redes sociales, inteligencia artificial y consumos veloces, AVE apuesta por la expresión creativa como una forma de la atención, la presencia y el pensamiento. Miranda sostiene que la tecnología no puede ser entendida sólo como espectáculo o consumo, sino como plataforma para la producción simbólica.

De ahí que el podcast, los talleres de stand up, rap, intervención sonora o arte urbano sean algo más que actividades llamativas: funcionan como pequeñas máquinas de participación.

“Cuando tú no generas espacios para la expresión, lo único que estamos generando es espacios para el consumo y espacios para la violencia”, advierte Miranda. La frase resume una de las convicciones del programa: el arte es una herramienta social para que los jóvenes elaboren lenguaje, deseo, conflicto e imaginación. Frente a la lógica de la mera recepción, AVE propone procesos en los que los estudiantes hagan, graben, intervengan, escriban, escuchen, se equivoquen y vuelvan a intentar.

Desde su piloto en 2025, el programa ha trabajado con artistas como Galia Eibenschutz, Ricardo Rendón y Sebastián Romo en experiencias de producción creativa en las preparatorias 3, 5 y 9. También ha realizado talleres de stand up, proyectos en espacio público, acciones en el Museo Experimental el Eco y una intervención en el skatepark de Sullivan, en alianza con la alcaldía Cuauhtémoc. En su primera etapa, AVE se concentró en la ENP; su expansión hacia docentes del CCH marca el siguiente tramo de un programa que busca crecer sin perder precisión.

El balance, hasta ahora, mezcla cifras y procesos en curso. Miranda habla de más de 1,600 estudiantes atendidos y de una numeralia cercana a 1,980 personas con contacto directo, entre estudiantes, docentes y participantes de distintas actividades. Aclara, sin embargo, que el programa trabaja en un modelo de evaluación más sólido, con indicadores estadísticos y cualitativos, para medir continuidad, apropiación e impacto real, para saber si las experiencias dejan redes, hábitos y nuevas formas de relación con la cultura. AVE quiere cerrar el año con más de 2,500 personas atendidas.


Nota original publicada en el portal de gaceta.unam.mx el 3 de julio de 2026: https://www.gaceta.unam.mx/estudiantes-y-docentes-viven-el-arte-de-cerca-con-el-programa-ave/.

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